Cuando a las 22:30 del domingo 13 de septiembre de 2015 la Junta Electoral dio a conocer los datos oficiales de la elección, la sorpresa se terminó de apoderar de todos. Con más del 60% de los votos escrutados, lo que a la tarde ya se vislumbraba a través de boca de urna y mesas testigo, a la noche era una realidad: Tomás Méndez realizaba una elección para intendente histórica, alcanzando el 23% de los votos, una cifra a la que nunca un candidato por fuera de las fuerzas tradicionales había llegado y tampoco lo lograría hasta la actualidad.
Ese domingo, Ramón Mestre se impuso con el 32%, lo que amplifica el resonante caudal de votos que logró el periodista. Más datos: con su movimiento ADN, Méndez ganó en 70 escuelas y se impuso en Villa El Libertador. Además, superó por varios cuerpos a Tito Dómina y Luis Juez.
Aquella noche de hace once años, el experimento de que un outsider pudiera acceder al poder de la segunda ciudad más importante del país fue una posibilidad. Con el paso del tiempo, Méndez se alejó de la política y, tras múltiples denuncias en su contra, se radicó en Buenos Aires. La pregunta que surge después de aquella experiencia es por qué en Córdoba no surge una figura por fuera de la política capaz de aglutinar el apoyo de los desencantados con la política y, más aún, cuando el fenómeno a nivel nacional muestra los casos de Dante Gebel, Daniel Hadad y Jorge Brito.
“Córdoba tiene una política más institucionalizada que el promedio nacional. Ninguno de los outsiders que se presentaron en los últimos 20 años logró consolidarse en el escenario político provincial”, sostiene Norman Berra, de Delfos Consultora.
“Al contrario, las candidaturas en Córdoba se caracterizan por la vigencia de actores que tienen mucha trayectoria política y se han presentado en repetidos turnos electorales, no solo en el oficialismo (Schiaretti, Llaryora), sino en la oposición, desde distintas posiciones del espectro político ideológico, como Luis Juez y Liliana Olivero, desde la izquierda”, agrega Berra.
Carlos Sicchar refiere que “podemos pensar que hay mucha cuestión antropológica y societaria, no solamente de toda la provincia, sino también de la construcción del poder. Esa es una razón de por qué no surgen outsiders aquí, partiendo de la hipótesis de que Córdoba es muy conservadora y que tan bien refleja Federico Zapata en su libro ‘Los muchachos cordobeses’”. Y añade: “Creo que también tiene que ver con una crisis del sistema democrático como tal, donde la representatividad es lo que procuran estas personas: en alguna instancia, hacerse y representar”.
Un espacio que nadie llena
Berra sugiere mirar algunas encuestas (una de Sicchar en particular), que muestra que “el 35% de los cordobeses no simpatiza con ningún partido político, lo que en teoría muestra un espacio de representación vacante que podría dar lugar a nuevos emergentes”. “Sin embargo, cuando se mide intención de voto, las mismas encuestas muestran un porcentaje de indecisos en torno al 10%, muy por debajo de ese tercio de representación vacante. Más allá de que ahí puede haber un efecto de inercia, ya que se ofrecen opciones de respuesta guiada y no abiertas o espontáneas, el dato grafica la dificultad de capitalizar el déficit representacional por fuera de los actores políticos más formales”.
Sicchar asegura que si bien nadie logró irrumpir con fuerza, los influencers pueden comenzar a captar ese espacio que aparece vacío. “En la elección pasada, Stéfano López se postuló para diputado nacional y no convirtió la cantidad de seguidores que tiene -alrededor de 300.000 en TikTok- en votos, pero el hecho demuestra que se están animando, ya van apareciendo. Una cosa es lo que los influencers convierten en debate, likes y emociones, y otra cosa va a ser lo que van a juntar o recorrer cuando se sometan al voto”. En ese sentido, Sicchar va un paso más allá al afirmar que en las próximas elecciones algunas listas en Córdoba van a contar con influencers.
“Me animo a decir que inclusive algunos partidos tradicionales van a querer sumar a estos personajes, porque saben que existe ese universo, que en las redes hay una representación y que la militancia digital es necesaria”, agrega.
Bien porteño
Ahora bien, ¿el de los outsiders es un fenómeno más nacional que provincial? “Sí, la política nacional en los últimos 20 años ha enfrentado severas crisis de representación que han generado ventanas de oportunidad a outsiders y nuevas figuras emergentes. Además del 2001, que dio lugar a una debacle nacional de la UCR que hasta ahora parece irreversible, las sucesivas decepciones con la experiencia de los gobiernos de Cambiemos entre 2015-2019 y del Frente de Todos entre 2019 y 2023 abrieron el camino a la irrupción de figuras disruptivas, entre las cuales el actual presidente Javier Milei es la muestra de más peso simbólico, pero no la única. En la actual coyuntura, el desgaste y la decepción con Milei han abonado el terreno para ensayos políticos como Dante Gebel, Daniel Hadad y Jorge Brito, entre otras figuras”, sostiene Berra.
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Para Sicchar, los tres outsiders nacionales mencionados “tienen un nivel de conocimiento muy bajo en Córdoba. Ninguna de esas figuras tiene hoy un peso electoral significativo”. Y añade: “Más que un fenómeno de Buenos Aires, diría que es una cuestión circunscripta a algunos medios en particular, ya que estos análisis aparecen en determinados espacios y son amplificados por medios específicos”.
Más allá de los hechos puntuales en los que se vio involucrado Méndez a partir de su trabajo como periodista, que no se haya consolidado como espacio político no representa una sorpresa para Berra. “En una política cuya institucionalización está por encima del promedio nacional y el de otras provincias, consolidar un espacio requiere de una persistencia que ninguno de los outsiders surgidos en Córdoba demostró, lo que aplica tanto a Méndez como a otros casos”, sostuvo.