Una vecina de la zona rural próxima a la ruta E53 denunció que le robaron su caballo el 29 de abril y que, cuando fue a buscarlo, el animal ya había sido matado. Según su testimonio, la carne de esos animales -sin ningún tipo de control sanitario- se comercializa en carnicerías de la zona. La policía estuvo presente, pero se negó a constatar los restos. Los vecinos afectados preparan una denuncia penal colectiva.
La denuncia la realizó Marcela Medrano en el programa Punto y Aparte de Punto a Punto Radio 90.7, y recibió el respaldo inmediato de decenas de vecinos que atravesaron situaciones similares.
El 29 de abril, Medrano recibió un llamado del dueño del campo conocido como La Frutilla -ubicado en la intersección entre la ruta E53 y la vía intermunicipal- en el que tenía un caballo en pensión. El animal había desaparecido. Cuando fue a buscarlo, encontró los restos. "En el momento en que lo fuimos a buscar, el animal ya estaba muerto", relató. Junto al suyo, esa misma noche faenaron otro caballo del mismo campo.

El caso no es aislado. Vecinos del barrio San José de Unquillo también hallaron cabezas y restos de al menos tres caballos en un descampado próximo a sus viviendas. Uno de esos damnificados contó que el 19 de abril le robaron un caballo de polo argentino en el mismo sector de La Frutilla. "Vinimos enseguida a buscarlo porque nos avisaron quién lo había robado, pero ya lo habían faenado esa misma noche", declaró.
Una cadena con destino en la carnicería
Lo que distingue esta situación de un robo convencional de animales es el eslabón final de la cadena. Según el testimonio de Medrano, respaldado por fuentes que describió como "muy cercanas y fehacientes", la carne de los caballos robados se vende en comercios de la zona. "La información que tenemos es que se comercializa en carnicerías muy cerquita del lugar donde se faena", precisó.
El riesgo sanitario es concreto e inmediato. Medrano advirtió que su propio caballo solo había recibido vacunación antiparasitaria. "Vos imaginá el riesgo que significa para la salud pública la venta de esa carne", señaló. Los animales faenados de manera clandestina no pasan por ningún tipo de inspección veterinaria ni por los controles bromatológicos obligatorios en frigoríficos habilitados, lo que los convierte en un riesgo directo para los consumidores que los adquieren sin saberlo.
Ante la denuncia ambiental de los vecinos -que alertaron por el olor y por perros que deambulaban con restos de animales en la boca-, personal identificado como guardia urbana se presentó en el lugar. Sin embargo, según Medrano, no hubo consecuencias: "Se llegaron hasta el lugar, pero no pasó más nada".

La policía llegó y no actuó
La respuesta de las fuerzas de seguridad fue el punto que más indignación generó en los testimonios. Medrano relató que el mismo día en que encontraron los restos de su caballo decidieron llamar a la policía. "La policía se mantuvo en la calle, no quiso entrar, no quiso constatar los restos del animal ni nada y nos dijeron simplemente que no se podía hacer nada", describió.
Esta inacción no sorprendió a quienes conocen la dinámica de la zona. "Todos los que tenemos animales sabemos que eso pasa y sabemos que no hay nada para hacer, lamentablemente", explicó Medrano, quien aclaró que el robo de caballos, vacas y ovejas es habitual en todo el corredor de Sierras Chicas. Lo que no había advertido hasta ahora era la dimensión de la faena: "Nunca supe esto de la faena, honestamente. Estoy todavía conmocionada de esta barbarie que estaba sucediendo".
Hasta el cierre de esta nota, ni la Municipalidad de Unquillo ni la Fiscalía interviniente emitieron declaraciones públicas sobre el caso.