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CóRDOBA / ARTES VISUALES
domingo 27 enero, 2019

Coleccionar, una pulsión vital

Tres curadores locales hablan de coleccionismo en Córdoba. Destacan el consumo de obra local y el impulso de los inversores a las colecciones.

por Guillermina Delupi

PLACAS. La obra del artista Gabriel Valansi, de la serie Babel, perteneciente a la colección de José Luis Lorenzo. Foto: Cedoc Perfil

“Casi todos coleccionamos algo: desde libros y experiencias hasta obras de arte, pero creo que la dimensión más interesante es la potencial capacidad que tiene ese patrimonio de servir a la cultura de una ciudad y de un tiempo”, empieza diciendo Carla Barbero, curadora en el Museo de Arte Moderno y Unidad Básica Museo de Arte Contemporáneo de Córdoba. En ese sentido, señala que hay coleccionistas que intervienen abiertamente sobre los flujos de circulación y promoción de obras y artistas; otros que se interesan en colaborar con proyectos menos tangibles y para algunos es la posibilidad de adquirir estatus social.

Se podría decir que desde que existe el mecenazgo, existe el coleccionismo. Como explica la docente y curadora Carina Cagnolo: “Las mayores colecciones de museos públicos que hoy conocemos se iniciaron a partir de patrimonios de nobles, botines de guerra acopiados desde la Edad Media. Esos patrimonios formaron luego la institución museal. Es por esto que el coleccionismo privado y el museo público tienen una relación cercana. Cada coleccionista tiene un perfil particular. Algunos se dedican a coleccionar obras de arte moderno, o de una etapa particular de la historia del arte. Otros trabajan con el arte contemporáneo, y con cierto tipo de obras (por ejemplo, fotografía), o con ciertos artistas únicamente. Las colecciones privadas que tenemos en Córdoba en general presentan abanicos de nombres, temáticas y lenguajes diversos”.

Sin pulsión no hay pasión. Aunque las motivaciones son en general únicas e individuales, a la hora de coleccionar hay un punto en común: la pulsión, esa fuerza que nos impulsa a llevar a cabo una acción para satisfacer una tensión interna, según definió Freud.

Es que cuando hablamos de la adquisición de objetos culturales que son valiosos para una sociedad (porque definen un tiempo y tienen un marco de creación), es menester distinguir coleccionistas de meros inversores.

“La pulsión por coleccionar es muy poderosa y la adquisición de obras de arte tiene un aspecto afectivo importante. No prima generalmente la idea de que se está haciendo un negocio. Las ferias de arte son espacios importantes donde los coleccionistas privados y los museos públicos adquieren piezas. El rol del galerista tiene un especial protagonismo en esas instancias”, dice Cagnolo.

Por su parte, Tomás Bondone, curador e historiador del arte, sostiene que si bien no existen criterios taxativos vigentes a la hora de coleccionar, se busca “la pieza rara”, el objeto único, la serie desconocida o se establecen tipologías por lenguajes, períodos o técnicas artísticas.

“En varios casos ciertas tendencias o modas marcan vectores o estilos que constituyen el carácter de un acervo. Pero también muchas veces las oportunidades que se generan en el mercado de arte son determinantes, como la mayor oferta de bienes, las disponibilidades, el azar. En la actualidad, el coleccionista busca legitimar su práctica incorporando aportes de la investigación académica y la curaduría profesional. Existe una tendencia hacia una mayor especialización de las colecciones”.

Y agrega Barbero: “Creo que cualquier colección, de cualquier tipo, se funda por una pulsión de poseer y conservar aquello que es de interés. En este sentido, y dentro de las artes visuales, se podría decir que lo que puede diferir de una colección a otra (y por ende, de un coleccionista a otro -la mayoría son varones-) es el gusto, la capacidad financiera y el grado de voluntad filantrópica respecto del contexto al cual pudieran afectar con sus acciones. De acuerdo a esas coordenadas, habrá quienes coleccionan un tipo de obras en particular o de un período en particular y que solo lo comparten con sus familiares y amigos, y se trata de patrimonios privados que se heredan de generación en generación; otros que fundan colecciones para intentar narrar una historia posible de su gusto en su contexto histórico y geográfico, y que proyectan para su colección un destino público como un museo; otros que coleccionan guiándose por la coyuntura y ponen el acento en apoyar la carrera de algunos artistas, fomentar las galerías comerciales y proyectos de autogestión”.


Coleccionismo cordobés con compromiso local

A diferencia de ciudades como Rosario o Buenos Aires, los coleccionistas cordobeses asumen cierta responsabilidad con el arte local. “El coleccionismo en Córdoba es incipiente, pero cada vez más nutrido. Al estar en un contexto más pequeño que el de Buenos Aires, el coleccionista cordobés sabe que tiene cierta responsabilidad con el arte producido aquí. Por lo tanto, entre sus criterios suele estar la necesidad de adquirir y así fomentar el arte de cordobeses”, sostiene Cagnolo.

En la misma línea Barbero señala que se trata del interés y compromiso por el arte de la ciudad donde se vive, desde la promoción a sus artistas ya sea comprándoles obra, ayudándolos a viajar por becas, financiando el desarrollo de proyectos, como así también el compromiso de todo el ecosistema.

Para finalizar, Bondone indica que “hay una notoria inclinación por coleccionar ‘arte local’, a diferencia de las colecciones de ciudades como Rosario o Buenos Aires que se destacaron por un ‘gusto internacional’”.


 


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