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Diez años sin Fabián Show: Bell Ville inmortaliza en un mural a su artista más popular

El homenaje llega cuando el fenómeno viral que protagonizó sigue vivo en los teléfonos de medio mundo: desde los memes que circulan en Estados Unidos hasta el estadio de Buenos Aires donde la cantante española Rosalía bailó su paso más célebre.

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Fabián Show, artista popular cordobés. | CEDOC

Bell Ville tiene, por fin, un mural de Fabián Show. La obra se terminó de pintar estos días sobre una pared del Centro Vecinal Rubén Márquez y las frases que la acompañan las eligieron los vecinos por votación: son alusivas a los bailes que hicieron famoso a Marcelo Fabián Pereyra, el bicicletero y cortador de pasto que a los 42 años decidió cantar cuarteto, desafinó en todos los escenarios del interior cordobés y terminó siendo uno de los fenómenos culturales más sorprendentes de la Argentina reciente. Este año se cumplen diez de su muerte.

"Fabián fue un referente. A diez años de su partida, acá en Bell Ville se lo reconocía en todos lados -con expresiones artísticas, vasos, muñequitos, de todo- y acá no habíamos hecho nada", explicó José Martín, presidente del centro vecinal, en el programa Punto y Aparte de Punto a Punto Radio 90.7. "Entonces, desde el centro vecinal, que él apoyó mucho cuando hacíamos feria, decidimos hacerle un homenaje".

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El mural se pintó sobre una pared que hasta hace poco conservaba un grafiti de la pandemia, ya deteriorado. Y no fue una elección menor: fue precisamente durante el aislamiento de 2020 cuando Fabián Show vivió su segunda y más masiva explosión de popularidad, cuatro años después de su muerte, a través de videos que circularon sin fronteras en TikTok y YouTube.

Antes de avanzar, Martín consultó a Julia Bustamante, la pareja de Fabián durante sus años de mayor crecimiento. "Le pareció bárbaro", resumió. El dueño del inmueble también dio su acuerdo. La municipalidad aportó el programa de muralismo y los vecinos pusieron las palabras.

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El acto de inauguración formal todavía no tiene fecha exacta. El centro vecinal avanza en paralelo con la remodelación de una plaza icónica del barrio y la idea es esperar a que esté lista para organizar un homenaje mayor. En ese acto estarán presentes Pichirica y la Rosalía, los dos compañeros de escenario con quienes Fabián protagonizó las imágenes que le dieron fama mundial.

Para el presidente vecinal, el reconocimiento no llega tarde. Llega justo. "Uno a la cultura la tiene como en un museo, como que tienen que ser cosas estéticamente correctas. Y, de repente, la cultura son las costumbres de la gente. La verdad es que hoy todo el mundo habla de él, lo tienen en su teléfono como meme. El bellvillense más conocido después de Kempes es él”.

El hombre que empezó a cantar después de un choque

Marcelo Fabián Pereyra nació en Pozo del Molle, un pueblo de cuatro mil habitantes de la cuenca lechera cordobesa, noveno de trece hermanos. Una máquina sembradora le quebró la mandíbula a los 18 años. A los 32 llegó a Bell Ville de la mano de Julia Bustamante, una misionera a quien conoció en 2008 en una confitería de Villa María. "Él estaba espectacular, nos hizo reír a todas", recuerda Julia. Se instaló en el barrio IPV, compró un Renault 12 bordó, cortó pasto y montó un taller de bicicletas. Su hijastra Vanesa, que tenía 16 años cuando llegó, lo recuerda sentado en la punta de la mesa haciéndole morisquetas. "De lo más bien que estaba se ponía una pollera e imitaba a la Bomba Tucumana".

El disparador de todo fue otro accidente. En el verano de 2008 volvía del cumpleaños de una sobrina en Pozo del Molle, se quedó dormido al volante y terminó internado. No tenía un rasguño físico, pero quedó deprimido durante meses. Los que lo conocían por entonces dicen que era una pena verlo andar: asustado, vulnerable, con problemas económicos. La música -en especial las canciones de Sebastián, de quien era fanático declarado- a veces le devolvía el brillo. Un día fue hasta donde estaba Julia y le dijo que quería cantar. "Yo le di permiso. Le dije: 'Si a vos te gusta, yo estoy conforme'. Hizo amigos, conoció artistas, y al tiempo lo empezaron a llamar. Hacía sus trabajos de día y a la noche se iba", recordó Julia.

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Compró un parlante y un micrófono, empezó a ensayar y se presentó en cuanta fiesta y juntada pudo. Tenía 42 años y cero antecedentes musicales. Desafinaba, usaba looks estrafalarios inspirados en el “Monstruo” Sebastián y bailaba con pasos siempre exagerados. Muchos se acercaban a sus shows atraídos por esa combinación de detalles bizarros y terminaban hechizados por su carisma. En una de sus apariciones en Rincón de Amigos, el programa del canal local donde se hizo conocido junto a Pichirica y la bailarina Rosalía López, dejó la frase que mejor lo define: "Fabián Show no tiene una voz especial pero sí van a encontrar alegría y entrega".

Su compañero Eduardo Cámara -Pichirica-, que era el mecánico del Renault 12, lo recuerda la primera vez que le pasó el micrófono en una fiesta del Club River. "No era un vago que cantaba bien, pero se tiraba al piso, hacía esas cosas de rockero y la gente se enfiestaba. Tenía un ego de artista, era único".

Martín lo describe desde el afecto más cotidiano: "Él, por ejemplo, cuando nosotros hacíamos feria para la iglesia o para un merendero, te aparecía y no te cobraba, te iba a cantar gratis. Y ya en ese momento era una figura que lo llamaban de todos lados. Mientras lo llamaban para hacer algo grande en Buenos Aires, él estaba cortando el pasto".

Nunca tuvo manager. Nunca entró en el circuito formal de la producción cuartetera. Los jueves, viernes, sábado y domingo montaba su show -en las buenas épocas, tres por noche-. El resto de los días era bicicletero.

Quince segundos que cambiaron todo

En 2012, una visita al programa porteño Peligro: Sin Codificar, de América TV, lo proyectó a otra dimensión. Fue una vez y ya no quisieron soltarlo: terminó yendo tres veces. Después llegaron otras invitaciones. Pero Fabián no quería viajar. "Lo querían tener siempre y él no quería ir", recuerda Martín con una pausa que carga toda la ironía del destino, porque Fabián murió precisamente en un viaje, no a Buenos Aires sino a una ciudad mucho más cercana.

El video que lo inmortalizó es anterior a esos viajes. Sucede en el estudio austero de Rincón de Amigos: es el interludio de Todos bailan conga, de Sebastián. La percusión marca el pulso. Pichirica y Fabián Show -alto, corpulento, chaleco gris, camisa blanca y corbata roja- cantan al unísono. Nuestro ídolo sacude la melena escasa de un lado para otro y cuando arrancan las trompetas, los dos hombres bailan como esquiando, un paso largo hacia la izquierda, otro a la derecha, perfectamente sincronizados. A un costado, Rosalía intenta seguirlos sin conseguirlo. Entonces Pichirica suelta la frase: "Va en contramano, Rosalía”. Quince segundos. Siete millones de vistas solo en YouTube.

"Puta madre, mirá lo que hace una frase, ¿no?", se sorprende todavía Cámara, que hoy es un referente del Rural Bike y ha ganado medallas en diversas provincias, pero cuando lo ven pasar en la bici le gritan: "Eh, Pichirica, va en contramano".

Daro Ceballos, el director del documental Que no se acabe el show, encuentra la clave en algo más profundo que el humor: "Corrió los límites de lo que nos enseñaron sobre cómo tenía que ser un artista que canta y baila bien. Encontró en el no show su capital y lo supo aprovechar. Cuando lo contrataban, iba a tu casa pero nunca sabías qué iba a pasar, pero en algún momento sucedía. Y eso cautivaba al público".

Ariel Gómez Ponce, director del programa de investigación sobre cultura pop de la Universidad Nacional de Córdoba, ubica el fenómeno en una tradición argentina: "La cultura argentina es muy propensa al consumo irónico. Son figuras que se han esmerado sanamente y con mucha dedicación para alcanzar la fama, hacen un gran esfuerzo por entretener al público con algo que puede ser malo en lo estético pero muy bueno en las intenciones y los efectos que produce. Eso pasa con los videos de Fabián Show y queda grabado en la memoria. Se hace atemporal, vuelve a emerger cada tanto, como si siguiera vivo".

De Bell Ville a Wall Street

La segunda vida de Fabián Show comenzó durante la pandemia. Entre 2020 y 2021, en pleno auge de TikTok, sus clips de Rincón de Amigos y Peligro: Sin Codificar circularon como recetas de pan de masa madre entre personas que buscaban sosiego en el humor. Muchos se enteraron entonces, con asombro, de que ese personaje extraño y cautivador había muerto cuatro años antes. El grupo de Facebook Esto es Fabián Show!, creado en 2010, pasó de 10 mil a 30 mil integrantes el día de su muerte y llegó a 50 mil durante la pandemia. Sus seguidores se llaman a sí mismos "fabianeros".

El 5 de agosto de 2023, la cuenta de X Wall Street Memes -la segunda más visitada de los Estados Unidos- compartió el video de la conga. Surgieron imitadores en provincias y países lejanos. Su figura se inmortalizó en stickers, latas de cerveza, remeras, tatuajes y murales. Los comentarios al pie del documental en YouTube funcionan como plegarias: "Cada vez que me siento mal, veo algún video de Fabián y me doy cuenta de que nada es tan importante. Un abrazo desde Chile". "Fabián me sacó de una depresión hace un tiempo con sus videos. Un beso al cielo, desde Montevideo".

La frase de Pichirica cruzó incluso las fronteras del idioma. En 2022, durante un show en el Movistar Arena de Buenos Aires, la cantante española Rosalía vio un cartel con la inscripción "Va en contramano, Rosalía", preguntó qué significaba y el estadio entero comenzó a corear el estribillo de la conga. Un año después, en el Lollapalooza, el cartel volvió a aparecer. Esta vez la española no preguntó: directamente bailó el paso de Fabián Show. La Rosalía de Bell Ville, enterada, no se quedó callada: "Ellos van en contramano, yo soy mejor que ellos", dijo ante un noticiero cordobés.

La madrugada de La Sultana

Venía de cantar para un grupo de abogados en Ucacha, a 130 kilómetros. Llevaba su propio equipo de sonido en la Peugeot Partner blanca. Nadie sabe qué lo distrajo -las luces de la ciudad, un perro en la banquina, un bostezo, el sueño- pero en la curva que llaman La Sultana, sobre el kilómetro 508 de la Ruta 9 justo antes de llegar a Bell Ville, el vehículo siguió de largo y fue a dar contra un pilote de contención. Eran las cinco de la madrugada del sábado 10 de diciembre de 2016. Tenía 50 años, ocho de carrera artística, ningún hijo y, como recuerda Julia, se fue a agenda llena.

Las últimas páginas de su cuaderno estaban repletas de nombres y teléfonos. Entre anotaciones de corte de pasto y arreglos mecánicos, una línea decía: "27 de diciembre. Casamiento en la escuela $2000. VER SONIDO".

Walter Gudiño, su vecino del barrio IPV, fue el primero en llegar. Le habló, le tocó la cara, le tocó la aorta. "Seguía respirando hondo... hondo... hondo... No te duermas, le decía, no te duermas que este es tu sueño". Un rato después, Fabián se durmió. En la curva de La Sultana hay hoy una gruta con su foto, una casita gris con estrellas refractarias y una corbata roja colgando de una cruz. El que pasa le deja una vela.

Julia conserva el micrófono y el primer parlante que se compró. Los saca cuando vienen las amigas. "Nuestra vida ha sido tan bonita. Él siempre estuvo para mí, siempre me cuidó, estuvimos el uno para el otro. Él se fue en su mejor momento. Tengo guardada toda su ropa".

En una pared del barrio más concurrido de Bell Ville, Fabián Show ya no necesita parlante para llegar a la gente.