El homenaje a José Manuel de la Sota, a ocho años de su muerte, terminó excediendo ampliamente el carácter conmemorativo que tenía en su origen. La presencia de Martín Llaryora, Juan Schiaretti, Sergio Massa y Gerardo Zamora, entre otros dirigentes, convirtió al encuentro impulsado por Candelaria de la Sota en una de las fotografías políticas más significativas del peronismo en los últimos tiempos.
La imagen no alcanza, por sí sola, para hablar de una reunificación, está claro. Pero sí expone algo que hasta hace poco parecía mucho más difícil: dirigentes enfrentados o distanciados pueden volver a compartir una mesa. Para el analista Cristian Butié, esa es precisamente la principal señal que dejó el encuentro. “En principio, lo que se expresa es que hay diálogo entre las partes”. Butié sostuvo que “el peronismo no son islas. Puede ser una península, si se quiere, pero hay conexiones, se ve que se puede llegar y se pueden generar ciertos puentes”.
La pregunta, entonces, no pasa solamente por si existen esos puentes, sino por quién tiene capacidad para construirlos y con qué objetivo. Allí aparece uno de los nombres que volvió a ocupar el centro de la escena: Sergio Massa. Para Butié, el exministro puede ser un actor capaz de conectar sectores que hoy permanecen alejados, aunque plantea una incógnita central: “No sabemos para qué: si para su propio beneficio o realmente en pos de una causa mayor, que es ganar la elección”.
La diferencia no es menor. Una cosa sería que Massa reconstruya poder pensando en una candidatura presidencial propia. Otra, muy diferente, que trabaje para ocupar el lugar que le corresponda dentro de una construcción más amplia cuyo objetivo sea evitar que Javier Milei vuelva a imponerse. En cualquier caso, Butié relativiza la idea de una ruptura definitiva. “Hay distancias, está fragmentado el peronismo, pero no está aislado”, insiste.
Entre puentes y liderazgos
Candelaria De la Sota fue la impulsora del homenaje y admite que la convocatoria superó sus expectativas. El objetivo inicial era reconocer a su padre a nivel nacional, pero el resultado terminó teniendo una dimensión política inesperada. “Nunca imaginamos este nivel de convocatoria”, sostuvo en Punto a Punto Radio.
Para De la Sota, lo importante no fue la cantidad de dirigentes presentes sino la posibilidad de que “el peronismo, todo en su conjunto, se junte, se una, deje de lado sus diferencias un rato y se ponga a pensar las cosas que lo unen”.
La convocatoria, además, había sido amplia. De la Sota aseguró que invitó a todos los sectores, incluido el espacio vinculado a Cristina Kirchner y La Cámpora. Aunque algunos dirigentes no asistieron, hubo representación del gobernador bonaerense Axel Kicillof a través de su jefe de Gabinete, Carlos Bianco, y también se comunicó con ella la vicegobernadora bonaerense Verónica Magario.
La ausencia de su hermana Natalia de la Sota, en cambio, no quiso ser convertida en una lectura sobre una eventual ruptura familiar o política. “No vamos a entrar en eso”, respondió. Y añadió que el espíritu del acto era precisamente otro: “Dejar de darle bolilla a chicanas, a cosas chiquitas, y ponernos todos juntos a trabajar”.
Para ella, la figura de su padre funciona como un punto de encuentro porque tenía una característica que hoy parece escasear en la política argentina: capacidad para conversar con dirigentes de espacios diferentes. “De la Sota era una figura que reunía a todos porque lograba consenso, tenía una gran capacidad de escucha y sabía sentarse a conversar con todo el mundo”, sostuvo.
Así, la discusión sobre el futuro del peronismo desemboca en 2027. Y allí aparece un problema todavía sin resolver: quién puede convertirse en el liderazgo capaz de ordenar un espacio hoy fragmentado. Sin embargo, De la Sota evita poner nombres sobre la mesa. “Hay muchos dirigentes que creo que hay que esperar un poquito para que surja un verdadero liderazgo”, afirmó, destacando que el próximo liderazgo deberá tener la capacidad de explicar qué país quiere construir y cómo piensa hacerlo.
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El peso de Córdoba
Butié introduce otra variable: el peso que puede tener Córdoba en una eventual disputa nacional. Según su análisis, si Milei decide jugar fuerte en la provincia, el peronismo cordobés podría verse empujado a participar de una construcción nacional para enfrentarlo. “Siempre y cuando Milei quiera ganar Córdoba, creo que el peronismo de Córdoba puede ser parte de un proyecto nacional para ganarle a Milei”, sostuvo.
Pero si el presidente optara por una relación más autónoma con los gobernadores y no buscara intervenir directamente en la construcción territorial, Butié considera que el escenario sería diferente. La importancia electoral de Córdoba aparece, para el analista, en un dato concreto: los votos de la provincia pueden ser decisivos para impedir que Milei gane en primera vuelta. “Los 30 puntos que puede tener el peronismo de Córdoba, con Schiaretti, porque esos votos no se han perdido, son dos puntos nacionales”, explicó. Y planteó una lógica que excede la posibilidad de ganar una elección: “Muchas veces no hace falta ganar la cantidad suficiente para ser gobierno, sino la cantidad suficiente para ser el potencial socio que puede determinar quién llega a ser gobierno”.
Así, la foto del homenaje a De la Sota puede ser leída en dos niveles. En el primero, es una señal de diálogo y acercamiento entre sectores del peronismo que todavía mantienen diferencias profundas. En el segundo, abre una pregunta de mayor alcance: si esos puentes pueden transformarse en una construcción política capaz de disputar el poder en 2027.