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CóRDOBA
RENUNCIA DE JACINDA ARDERN

El espejo de Aotearoa

La primera ministra de Nueva Zelanda renunció a su cargo el pasado miércoles. La funcionaria, de 42 años, dejará su cargo porque no tiene "energía para otros cuatro años". En 2017, había asumido con 37 años, lo que la convirtió en la jefa de Estado más joven.

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LIDERAZGO EMPÁTICO. “Sé lo que requiere este trabajo y sé que ya no tengo fuerzas para hacerlo bien”, dijo. | CEDOC PERFIL

La renuncia de Jacinda Ardern al cargo de primera ministra de Nueva Zelanda (Aotearoa, en idioma maorí)  causó sorpresa a escala internacional, ya que se trata de una de las líderes globales más joven y destacada de la escena mundial.

Ardern fue electa en 2017 y reelecta en 2020. El suyo fue uno de los pocos gobiernos en el mundo que pudo ganar las elecciones nacionales en medio de la pandemia de Covid-19. Es más, en 2020, Ardern alcanzó su reelección con una diferencia de votos superior a la que la consagró primera ministra en 2017, con tan sólo 37 años.

Una semblanza de su perfil político refleja que Ardern no es una dirigente que se autoperciba providencial ni tampoco que padezca el síndrome de imprescindibilidad. Por el contrario, los análisis sobre las características de su liderazgo político la destacan por su racionalidad intelectual, capacidad comunicacional, inteligencia estratégica y empatía emocional. Esas características la han hecho depositaria de una elevada credibilidad social y consideración internacional.

De allí que la renuncia de Ardern a su cargo y su decisión de declinar a presentarse a la reelección –estando legalmente habilitada para buscar un nuevo mandato y contando con probabilidades electorales de lograrlo– desató una serie de especulaciones sobre las causas que habrían motivado la inesperada decisión.

Lo cierto es que, más allá de las especulaciones, las razones que brindó Ardern en su discurso fueron más terrenales y espontáneas que las complejas conjeturas que dan vuelta en torno a ello.

Entre los párrafos más destacados de su discurso de renuncia, Ardern señaló que el liderazgo político conlleva “la responsabilidad de saber cuándo eres la persona adecuada para liderar y también cuando no lo eres”.

Visiblemente emocionada señaló: “Sé lo que requiere este trabajo y sé que ya no tengo suficiente en el tanque para hacerle justicia. Es así de simple […] Soy humana. Los políticos son humanos. Damos todo lo que podemos, todo el tiempo que podamos, y luego es el momento de partir. Y para mí, ese momento ha llegado. Estoy deseando pasar tiempo con mi familia de nuevo, posiblemente, ellos son los que más sacrificios han realizado”.

Luego de agradecer al pueblo neozelandés por darle la “oportunidad de servir y asumir lo que siempre ha sido y será el mejor papel en mi vida”, concluyó dejando como mensaje “la convicción de que se puede ser amable y aun así ser fuerte. Empática pero decisiva. Optimista pero concentrada. Que puedes ser tu propia clase de líder, esa que sabe cuándo es tiempo de irse”.

Siendo tan claro su mensaje, ¿qué ha llevado, entonces, a que las razones expresadas por Jacinda Ardern en su renuncia generen asombro en la opinión pública mundial?

Tal vez acostumbrados a que, detrás de cada decisión política sólo existan razones de poder político, nos sorprende que una decisión de esta magnitud tenga motivos vinculados a la dimensión humana, común a toda persona, incluida una primera ministra.

En ese contexto su actitud se destaca por su sinceridad, integridad y el mensaje transformador que contiene su renuncia. Reafirma así una forma de concebir y comunicar la política de modo humanizado, sin necesidad de acudir a un discurso artificial.

Jacinda Ardern, con su renuncia, transmite que la política es una vocación mucho más importante que el ejercicio temporal del poder. Ha puesto de manifiesto que la vocación política se puede reflejar en el espejo de la realidad, tanto cuando uno llega, como cuando uno se va.

Abogado y docente