Córdoba, como la mayoría de nuestras ciudades, está diseñada históricamente para la circulación de autos y no está preparada para afrontar el cambio climático. Por lo tanto, la tendencia del urbanismo moderno está dirigida a revertirlo e intervenir la ciudad para que en su concentración circulen menos vehículos, haya más árboles y que las personas puedan llegar caminando a los servicios públicos.
El ex intendente Rubén Américo Martí ya lo veía así. Por eso defendió y puso en valor nuestras peatonales, impulsadas por Taboada en 1969 y redefinidas por Roca entre la década del 70 y 80. Las peatonales del centro hoy funcionan como un espacio público continuo que enlaza elementos arquitectónicos y patrimoniales significativos. Forman parte de nuestra identidad urbana por la que hemos sido reconocidos mundialmente.
La propuesta del político libertario que circuló por redes sociales está pensada desde la mirada de alguien que -posiblemente- solo hace compras en un shopping, que pasa mucho tiempo arriba de un auto, que tal vez no tiene la necesidad de caminar y que proyecta desde una realidad acomodada de country. Lo más probable es que no tome un colectivo público para comprar ropa más barata para sus hijos o buscar precio en las librerías para el comienzo de clases.
Su propuesta atrasa. Va a contramano de lo que indican y discuten las nuevas tendencias sobre desarrollo urbano en el mundo. En la actualidad, las ciudades y sus centros se piensan para la gente, a “escala humana”. Cuando las ciudades se hacen solo para los autos, se tornan menos humanas y más desiguales; más aisladas, desintegradas y contaminadas.
El futuro es la comunidad
Pensar la calle como un lugar y no como un conducto por donde se fluye la convierte en un lugar, un espacio donde se convive, se construye comunidad, se produce el encuentro con un otro, se pasea al perro, se escuchan y ven artistas callejeros, se descansa en la sombra, se toma un café o se miran las vidrieras.
En ese sentido, el periodista especializado en temas urbanos, Federico Poore asegura que: “la escala humana propone no confundir el medio con el fin. La vida en la ciudad no es solo circular y sobrevivir. Sino es estar y vivir”. Sin ir más lejos, Barcelona, Sao Paulo, París, Copenhague ¡crecen en uso mixto, peatonalización y limitan la circulación de vehículos! Con supermanzanas, paseos, corredores culturales y de rescate patrimonial, que atraen a habitantes y ciudadanos que consumen, buscan acceso a mejores servicios y a miles de turistas que quieren vivir una experiencia.
La concentración del microcentro permite la accesibilidad a servicios (bancos, tiendas, salud, cultura), con posibilidad de llegar en transporte público y caminar pocas cuadras. Sumar más autos es entorpecer, contaminar y hacer peligrosa la movilidad a los vecinos. Más autos es igual a más accidentes y conflictos.
Estamos de acuerdo en que hay que revitalizar el centro y que exista más desarrollo y consumo. El asunto es cómo, con qué visión. El problema no es la peatonal. Hoy el comercio se cae por la pérdida del poder adquisitivo en virtud del modelo económico que impera nacionalmente. El problema es el bolsillo. Pero claro, parece que es más fácil levantar veredas que aumentar salarios.
Desde mi espacio trabajamos en un proyecto para nuestro centro. Junto con actores relevantes de la zona como la Confitería Oriental, la Lotería, los libreros, la Universidad, el Cabildo, entre otros, pensamos en un modelo de inversión para potenciar el microcentro, sus peatonales y galerías en un moderno centro comercial y cultural a cielo abierto para las mayorías, no solo para quienes se manejan únicamente en auto.
Buscamos dinamizar el comercio con una propuesta de valor que incluya propuestas para evitar que se convierta en páramos vacíos, oscuros de marginalidad, cuando los locales cierran y la city se apaga. El plan incluye invertir en infraestructura amigable, espacios públicos de calidad, promoción de espacios gastronómicos y propuestas culturales gratuitas. La inversión pública se paga sola por el mismo crecimiento y dinámica del sector.
Ejemplo de eso es la exitosa propuesta de “La noche de los museos”. Miles de personas copan el centro entrando a distintos lugares hermosos, donde después se quedan a tomar algo o ven alguna tienda a la que luego volver. Potenciar productos como la Manzana Jesuítica, la vieja Legislatura, el Mercado Norte, la oferta del libro permanente. Cuando hay inversión pública y participación social, el espacio se transforma. Se apropia y se vive.
¿Qué pasa cuando se colocan elementos fáciles e infraestructura barata como son los tableros de ajedrez en los espacios verdes? La Plazoleta del Fundador se llena de jugadores. Chicos, adultos, observadores, juegan, se encuentran, polemizan y cuidan.
Ni hablar de la mirada ambiental y el patrimonio arquitectónico. La belleza de los árboles de la peatonal y su aporte a la temperatura urbana y la polución. Si multiplicamos autos, multiplicamos el daño y destruimos la calidad de vida. Hay habitantes, vecinos en el centro. Jóvenes estudiantes que buscan alquilar a buen precio. Adultos mayores que pasean a su mascota. No podemos destruir la calidad de vida de las personas en beneficio del mercado, la supuesta fluidez o quienes quieren llegar en auto hasta la puerta de la oficina.
Resulta necesario repoblar aún más el centro con vivienda accesible para que no sea un espacio de tránsito y vuelva a ser un barrio donde se “dé la vida.” Para esto, atacar el tema de los inmuebles ociosos y alquileres sociales es clave. Un centro habitado durante todo el día es más seguro, dinámico y sustentable.
La lógica no debe ser la fluidez del tránsito sino la calidad de la experiencia urbana. El auto no debe ser el protagonista, como pretende la propuesta libertaria, sino un invitado que se adapte a las reglas de prioridad peatonal. El uso mixto, la diversidad y el urbanismo táctico son la tendencia.
Un centro sin vecinos es un escenario; un centro con vecinos es comunidad.
*Legislador de Hacemos Unidos por Córdoba