El título del largometraje documental dirigido por Santiago Sein, “Para hacer una película solo hace falta un arma” remite a una célebre frase del cineasta Jean-Luc Godard y funciona como síntesis de una transición vital: la de un grupo de estudiantes del Departamento de Cine de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que, entre fines de los años 60 y principios de los 70, abandonaron la ficción para volcarse al documental político y la militancia revolucionaria.
La producción, que cuenta con testimonios de sobrevivientes como Alberto Perona, Fernando Cots, Ana Mohaded y Roberto Videla, reconstruye un rompecabezas patrimonial que se creía definitivamente perdido bajo la censura de la última dictadura.

Hallazgo. Entre los rollos de película, mezclados con cortos de ficción y ocultos bajo otro nombre, hay una serie de registros documentales con manifestaciones populares y escenas de represión de los años 70.
Entre el azar y la falta de preservación
El origen de la película radica en una tarea de rescate de emergencia dentro de la propia Ciudad Universitaria entre 2018 y 2019, cuando cientos de latas en 16mm corrían el riesgo de ser desechadas durante una remodelación institucional.
En diálogo con Perfil Córdoba, Sein recuerda que se encontraron un montón de cajas “con cosas sueltas” donde había muchos elementos mezclados y sin valor aparente, como trailers de películas comerciales que se habían acumulado allí. Según explica el director, aparecieron estas cajas amontonadas junto a impresoras y equipos viejos, y la gente que estaba trabajando en el lugar pensó que ya no tenían utilidad.
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Sein, docente y archivista en la UNC, comenzó a examinar el volumen recuperado junto a un pequeño equipo, y al encontrar una lata del cortometraje “Laguna Blanca” les permitió advertir la magnitud de lo que contenía ese acervo (NdeE: El documental Laguna Blanca es de 1966 y fue realizado por "Grupo Piloto de Cine", un equipo que formaron notables cordobeses como Cachoíto De Lorenzi, Enrique Lacolla, Daniel Salzano, entre otros y que fue fundamental en la creación de la carrera de cine).
Luego del descubrimiento, y a partir del estreno del film con el archivo documental, el fenómeno se expandió, e incluso personas que conservaban algunos de esos rollos empezaron a devolverlos.
En efecto, el director señala que una estudiante se le acercó con timidez y le entregó una lata que aún tenía la película en su interior.

Recuperación. El equipo de investigación evalúa los materiales que se creían desaparecidos.
Imágenes ocultas de la Córdoba de la revuelta
Para evitar la censura de la época, los registros de eventos de alta sensibilidad política fueron rotulados por los estudiantes con títulos de ficción. Pero al digitalizar los rollos, emergieron secuencias inéditas de la historia social de la provincia.
Al respecto, Sein detalla que le sorprendió descubrir imágenes de mayo de 1973 filmadas con una estética muy particular, diferente a la de los noticieros tradicionales, lo que despertó su fascinación por el valor de esos registros.
El material recuperado incluye manifestaciones, represiones y tomas de fábricas como IKA-Renault y Materfer o el Ferreyrazo; filmaciones que revelan además una fisonomía urbana extinta, donde conviven carteles luminosos de la época, el mítico bar Unión y el bar y cine club El Ángel Azul.

Imágenes. Los autores de estas imágenes son tres jóvenes realizadores, dos de ellos franceses, que abandonaron el cine de ficción para dedicarse al documental político y la militancia revolucionaria.
El abordaje del trauma y el sentido presente
El proceso de restauración enfrentó el deterioro material irreversible del soporte de sonido magnético, que se desgranaba por completo debido a la humedad.
Esta limitación técnica obligó a estructurar la película en tres partes: la primera funciona como un ensayo de montaje articulado en torno a la ausencia de audio y a la figura de un sonidista con un grabador Uher; la última adopta una matriz documental clásica para dar cuenta del cierre institucional del Departamento de Cine, su intervención y la aparición de una figura civil vinculada a la censura de las obras.
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Además, el registro de los testimonios expuso la vigencia del trauma en los sobrevivientes: Sein confiesa a Perfil Córdoba que los primeros encuentros con los entrevistados fueron complejos y debieron filmarse con cautela, ya que las proyecciones generaron reacciones de shock intenso, lo que obligó a suspender las entrevistas para retomarlas días después.
El recorrido de la película
Con proyecciones programadas en el Malba de Buenos Aires durante junio y su regreso al Cineclub Municipal Hugo del Carril de Córdoba en julio, la película opera como un puente intergeneracional.
En este sentido, el docente reflexiona sobre la respuesta de sus alumnos: muchos de ellos le escriben mails para transmitirle cómo la película les devolvió el impulso de filmar.
Por otro lado, en lo que respecta a su propia generación, el cineasta señala que ésta padeció una desconexión muy profunda respecto a las producciones previas a la dictadura, por lo que el reencuentro con estas obras posee un carácter sanador que consolida a la película como un canal de transmisión entre épocas.