Las dificultades económicas no solo se reflejan en los índices de inflación, el consumo general o los saldos de endeudamiento; también se manifiestan en la dinámica diaria de las familias y en cómo se distribuyen las consecuencias del ajuste en el ámbito doméstico.
Los datos del Radar de Comportamiento Financiero® de D’Alessio IROL muestran que las mujeres registran una preocupación económica sensiblemente superior a la de los hombres en aspectos esenciales del hogar. En materia de expectativas e ingresos, el 66% de las mujeres teme que sus recursos no alcancen para mantener su nivel de vida, frente al 55% de los varones.
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Asimismo, la inquietud por el pago de deudas alcanza al 42% de las mujeres, en contraste con el 30% de los hombres, mientras que el precio de los alimentos genera preocupación en el 54% de las encuestadas, contra un 46% en la población masculina.

Del temor a las renuncias cotidianas
El impacto económico trasciende la percepción e ingresa directamente en las decisiones de la rutina familiar. Durante el último año, el relevamiento identifica privaciones concretas con una mayor incidencia en las mujeres:
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Alimentación: El 55% de las mujeres redujo la cantidad de alimentos o cambió las marcas que compraba habitualmente, mientras que en los hombres ese indicador se ubica en el 43%.
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Vínculos y vida social: El 50% dejó de asistir a reuniones o celebraciones para evitar gastos, frente al 42% registrado entre los varones.
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Salud y cuidados: El 37% postergó una consulta médica o la compra de medicamentos por razones económicas, en comparación con el 30% de los hombres.
El impacto emocional del endeudamiento
La secuencia entre la preocupación inicial y las restricciones diarias deriva en un costo afectivo directo. Entre quienes mantienen deudas o registran atrasos en sus pagos, el 46% de las mujeres manifiesta sentir angustia, desazón o malestar, una proporción que desciende al 34% en el caso de los hombres.
Las cifras ponen en evidencia que el deterioro del poder adquisitivo excede la mera caída en las ventas del comercio: modifica hábitos de alimentación, resiente la vida social y fuerza la postergación de la atención médica, exponiendo las diferentes formas en que se vive la economía dentro de un mismo hogar.