El periodista Santiago Segurola supo decir hace tiempo que “el deporte está relacionado con las emociones, con las pasiones, con la niñez… y ahora mismo con la industria del espectáculo... Lo que hay es un masificado divertimento social. El deporte ha adquirido en esta sociedad una preponderancia extraordinaria”. Tal vez por eso, porque apela a un territorio íntimo que se parece tanto a la memoria como al deseo, el fútbol ocupa, y más en estos tiempos, un lugar preponderante para los argentinos. Más cuando es año de Mundial. Hay un sinfín de razones que nos condiciona; los sueños se apuran. ¿Se imaginan campeones del mundo en dos copas consecutivas? Sí, sólo pensarlo nos eriza la piel y nos hace cerrar los ojos y creer, como cuando éramos niños, que se puede soñar.
Quedan solo 158 días para el inicio de la Copa del Mundo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá desde el próximo 11 de junio, y la ansiedad (esa forma moderna de la esperanza) empezó a hacer ruido en cada rincón de Argentina.
En Córdoba no es la excepción: el Mundial se vive como una conversación larga, heredada, que va de sobremesa en sobremesa en las que pasamos de hablar de los incendios en las sierras al granizo en las fiestas, de los naranjitas y los limpiavidrios a los cambios de partido de Luis Juez y así, sin muchos rodeos, comenzamos a debatir cuántos futbolistas cordobeses irán al Mundial. Creemos tener la certeza de que Julián Álvarez, Cristian Romero y Nahuel Molina son una fija, pero no nos conformamos con tres, y comienzan esas charlas donde en fútbol se cuenta más de lo que se explica, varios nombres propios asoman con posibilidades concretas de integrar la lista definitiva de Lionel Scaloni.
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Y nos sumamos a esa charla.
Todo el proceso entre el fin de la Copa del Mundo de Qatar, en la que fuimos campeones, y la actualidad, Scaloni sacó varias conclusiones de cara al certamen global que se avecina, pero aún restan resolver diversas cuestiones de la Selección Argentina. Es en esas zonas grises donde Córdoba observa, espera y se ilusiona.
El caso más contundente es el del ‘Arañita’ Álvarez, que parece haber nacido con una brújula interna que siempre apunta al arco rival y a la consideración del cuerpo técnico. Julián tuvo asistencia perfecta en los 18 partidos que la Selección jugó en su camino hacia el Mundial de Norteamérica 2026. Su presencia constante habla de confianza, pero también de algo más profundo: la sensación de que, aun en silencio, siempre está listo para decir presente cuando la historia lo reclama.
A su lado, como pilares de una estructura que se sostiene en el tiempo, aparecen ‘Cuti’ Romero y el embalseño Molina, quienes supieron ganarse un lugar en la mesa chica de la ‘Scaloneta’. Ambos formaron parte de las nueve citaciones del entrenador durante el camino hacia la XXIII Copa de la Fifa, integrando un selecto grupo que completan Nicolás Otamendi, Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes, Álvarez y Rodrigo De Paul. No es un dato menor: en un proceso donde probar fue tan importante como sostener, ellos siempre estuvieron. Y estar, en este contexto, es casi una declaración de principios.
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Llega el debate.
No todos los recorridos, sin embargo, fueron lineales. De los cuatro cordobeses campeones en Qatar 2022, Paulo Dybala es quien tuvo menos participación en el camino hacia el Mundial norteamericano. La ‘Joya’ apenas completó 18 minutos en cancha entre la victoria 3-0 ante Chile en Buenos Aires y la derrota 1-2 frente a Colombia en Barranquilla, correspondientes a las fechas 7 y 8. Las lesiones condicionaron su continuidad en el derrotero hacia el Mundial. En todas las posibles listas de los medios porteños lo dejan afuera, pero en Córdoba le seguimos poniendo unas fichas. Al jugador de Laguna Larga, estas misiones lo motivan. ¿Y si aparece a último momento? No lo descarten, por ahora.
A lo largo de los últimos meses, el DT campeón del mundo realizó cierta cantidad de pruebas para definir poco a poco la lista de convocados que llevará. La sensación es que, hasta el momento, Scaloni tiene claro a 18 jugadores. Con listas de 26 futbolistas, como en 2022, restarían definirse ocho cupos que hoy funcionan como territorio de disputa y esperanza.
Los que, aparentemente, ya tienen el boleto picado son: Emiliano Martínez, Gerónimo Rulli, Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Lisandro Martínez, Leonardo Balerdi, Nahuel Molina, Nicolás Tagliafico, Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Thiago Almada, Leandro Paredes, Lionel Messi, Nicolás González, Giuliano Simeone, Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
En ese margen donde todavía todo puede pasar, aparecen otros nombres con acento cordobés: el referenciado Dybala, Joaquín Panichelli, Lucas Beltrán, Bruno Zapelli, Enzo Barrenechea y Mariano Troilo. Los últimos cuatro ya experimentaron el cosquilleo de la primera cita en la Selección. Son presencias que anuncian futuro, destellos que buscan continuidad en un proceso cada vez más exigente.
Barrenechea es el que en Buenos Aires dicen que viene pisando fuerte. El volante de Villa Nueva, que actualmente juega en Valencia, está muy bien considerado por el cuerpo técnico de la Albiceleste.
Pero si hay un nombre que más terreno ganó en los últimos meses, ese es el del centrodelantero surgido de Racing de Córdoba, Joaquín Panichelli. Su crecimiento fue silencioso y persistente, como esas historias que no hacen ruido al comenzar, pero que terminan pidiendo pista por mérito propio. ‘Pani’, que la está rompiendo en la Ligue 1 de Francia, con el Racing de Estrasburgo, encarna una tradición muy cordobesa: la del esfuerzo sin estridencias, la del gol como consecuencia natural del trabajo. En un seleccionado que valora tanto la mentalidad como el talento, su avance no parece casualidad. En la charla de café, póngale una ficha a este centrodelantero: Scaloni ya lo hizo.
Para Córdoba, la cuenta regresiva para el Mundial no se mide solo en días, sino en nombres y en sueños que todavía buscan camiseta.