jueves 06 de mayo de 2021
CóRDOBA ARGENTINA, HOY
16-08-2020 00:26

La cuarentena no tiene la culpa

Rodolfo Eiben
16-08-2020 00:26

Ortega y Gasset decía que a los argentinos nos pasa lo que no sabemos por qué nos pasa… Vieja metáfora que trae a nuestra intimidad la pregunta constante y consciente del motivo real del hartazgo y sucesiva frustración que vive la inmensa mayoría de los habitantes de este bendito país. José Ingenieros escribió muchos años atrás sobre las características psicosomáticas del hombre mediocre.

Allí, se encuentran variadas explicaciones con la similitud patética de muchas personas o personajes de nuestro país que quizás conocemos en lo personal, seres cercanos, ya sea por relación o amistad. De esto, y por cierto dejo a criterio del lector, el análisis de variadas circunstancias y hechos acontecidos en los últimos días, en que ocurren lamentables episodios en cuanto a la institucionalidad, diálogo, democracia, planificación, conocimiento, alcance social, etc. en que incurren nuestros dirigentes políticos.

Días pasados decía un dirigente sindical que lee la realidad de manera pragmática y consciente, que sin empleo no hay empresa, sin empresa no hay trabajo y sin trabajo no hay sindicato. Verdad absoluta. Esto es ya un gran avance, dado a que implica una cercanía a la realidad, de la corporación sindical, sobre todo por la historia, especialmente desde la vuelta de la democracia en 1983 a esta parte.

De aquí a fin de año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) debería transferir al Tesoro Nacional fondos que hoy no se encuentran atesorados en sus arcas. La emisión monetaria es indiscriminada y brutal por estas horas. Hemos encargado a otros países, como Brasil y Alemania, nuevo papel moneda para la impresión de nuevos billetes porque nuestras maquinitas no dan abasto.

A todo esto, el gasto público de estructura sigue aumentando sin control y el Estado, como si de algo subjetivo y amorfo se tratara, continúa la fiesta y los funcionarios que lo integran siguen creyendo pertenecer a una casta o clase social diferente, a la cual los problemas comunes no deberían llegarles. Sueldos, teléfonos, secretarias, asesores, automóviles con chofer y privilegios en viajes, viáticos para gastos siguen en pie como si nada hubiese ocurrido en el país.

Además, le agregamos promesas que ellos mismos saben son de imposible cumplimiento, como por ejemplo la construcción de obra pública o planes de vivienda, pues no existe posibilidad alguna de solventar dichos compromisos. La provincia de Córdoba acaba de emitir nueve mil millones de pesos para las empresas constructoras que realizaron obra pública en el pasado inmediato.

Preguntas. ¿Cuándo diremos hasta aquí llegó nuestra paciencia e incredulidad? ¿Alguien cree que aún arreglando un cronograma de pagos de la deuda con nuestros acreedores externos, estirando lo posible plazos de pago y renegociando intereses, con acuerdo firmado, algún inversor pondrá sus dineros en Argentina? ¿Alguien institucionalmente lo haría? ¿Cuánto tiempo deberemos aguardar hasta que capitales foráneos confíen en nosotros, si ya llevamos nueve incumplimientos de pago por default? Los ahorristas nacionales llevaron sus dineros fuera del país para resguardarse. Y si no consulten en Santa Cruz, que de eso conocen y bastante.

¿Cómo resulta tolerable escuchar la voz del gabinete proponiendo soluciones que en otros tiempos fueron letales? ¿Es posible aún que legisladores y funcionarios políticos que llevaron al país a este estado de quiebra financiera, moral, y social propongan expropiar y tomar empresas para administrar, bajo el libelo oscuro de mantener las fuentes de trabajo, cuando ellos lo que nunca jamás hicieron fue fomentar el crecimiento de cualquier actividad?

En un estado en cesación de pagos virtual como es Argentina, resulta tragicómico escuchar ideas de salvataje posible de empresas privadas, cuando en muchísimos casos esas empresas desaparecen por la corrupción y presión imposible de soportar de un sistema vetusto e impotente. En Argentina hace ya muchísimos años que la ciudadanía en general tiene dificultades para acceder a un mercado de cambios libre y oficial.

¿Son administradores del poder público y pretenden serlo del sector privado? Lo que no entendemos es que el mundo ha cambiado y las costumbres, leyes y análisis de los mercados se han globalizado. Y eso es irremediable. Una nueva costumbre que llegó para quedarse en Argentina. Semanalmente se da el fenómeno de la cacerola en mano y banderazo de manifestantes en distintas zonas del país.

Todo redunda en lo mismo: la falta de consulta, diálogo y concordia de sectores intermedios con el gobierno en la toma de decisiones o proyectos legislativos, que le son comunes a la ciudadanía.

¿Cómo puede imaginarse el futuro inmediato en Argentina? ¿Qué atractivo social puede tener un joven recién recibido, de la profesión que sea, para quedarse en nuestro país? ¿Cómo padres o abuelos debemos asumir que hoy es quizá mejor que emigren hacia otras latitudes, dada la proyección subjetiva del futuro en la Argentina que viene?

Supongamos por un instante que la Argentina es un avión de pasajeros, que nos lleva a todos a bordo. De pronto, con inexperto aviador piloteando y una tripulación irresponsable e ignorante, la nave en tra en problemas en medio del océano. Estamos desconectados, en pendiente y volando a ciegas. Los frenos y flaps no funcionan y la tecnología hidráulica de dirección y timón han quedado trabados. ¿Podrá ser un aterrizaje suave y relajado? Seguramente no. Entonces, cabe sólo preguntarse si el pasaje saldrá indemne de semejante situación o sufrirá los avatares del impacto. El sufrimiento y dolor del impacto será tal que el temor pasa por ver a la ciudadanía dejar de manifestarse a través de las cacerolas, para pasar a acciones más contundentes.

A la democracia hay que preservarla, pero los tiempos se acortan y los dirigentes que son los mismos de siempre no dan respuestas a las necesidades urgentes de una sociedad que no tolerará seguir siendo presa de la voluntad apabullante de marginales de la política, que trajeron aparejada miseria, quiebra comercial, disgregación social y clientelismo para conservar votos y apetencias afines a la hora de las elecciones.

Con la mira en 2021. ¿Somos conscientes que no se sabe cómo llegaremos al proceso electoral del año entrante? ¿En qué condiciones? ¿Para votar a quién? ¿A los mismos de uno y otro partido? ¿A los que ya fracasaron de manera reiterada? No tienen vergüenza. Deberían ellos solos llamarse a retiro obligatorio y definitivo. ¿Por qué no proponer que en estas próximas elecciones a quienes se postulen a cargos electivos legislativos lo hagan por cuenta propia, sin cobrar un solo peso del Estado? Al menos por dos años. Como un sano aporte a la ciudadanía.

Por el honor que implica e impone el otorgar semejante servicio a la Nación. ¿Quién lo sustenta? No más autos, no más choferes, no más teléfonos ni asesores, ni secretarias/secretarios, no más pasajes aéreos. A lo sumo se les abonarían traslados en colectivo desde una provincia a la Capital. Pero claro, eso implicaría una reforma de verdad. Comenzaríamos por algo. Y deberíamos seguir por reformular cada una de las reparticiones públicas con direcciones, secretarías, etc, que se desprenden de cada una.

¿Y las ubicaciones geográficas de los organismos del Estado? ¿Qué sentido tiene que YPF funcione en Capital Federal? Esta empresa del Estado, por su naturaleza, al ser de petróleo y gas debería funcionar en Neuquén o Comodoro Rivadavia. El Poder Legislativo debería funcionar en la provincia de Tucumán, tal fue su origen. Y la Corte Suprema de Justicia en la provincia de Córdoba por su tradición e historia. Así, se comienza a reformular el Estado.

Así se ordena la conducta y la reorganización administrativa de un país. Algo que parece lejano e imposible. Cuando no nos damos cuenta que lo lejano e imposible es lo imposible de plantear de funcionarios faltos de capacidad. Decisión y metodología para hacer un país distinto, que clama con suma urgencia dar una vuelta de ciento ochenta grados en la dirección que hoy lo llevan a un precipicio oscuro y profundo.

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