La Justicia federal autorizó al expolicía Fernando Martín Rocha, condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad a asistir al casamiento de su hija. Significa un cambio de criterio respecto a solicitudes anteriores de similares características.
El Tribunal Oral Federal 1 (TOF1), con la firma del vocal Julián Falcucci, dejó expresamente aclarado que el permiso se otorga a Rocha “de manera excepcional” y por el lapso de “una hora”.
Actualmente, el expolicía condenado por la represión está con prisión domiciliaria y tobillera, fue condenado como coautor de delitos de privación ilegítima de la libertad agravada y homicidio doblemente calificado, entre otros hechos, con una pena de prisión perpetua cuya sentencia aún no se encuentra firme.
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El defensor público, Rodrigo Altamira, elevó al tribunal la solicitud de la salida extraordinaria porque su hija se casará en un predio fuera de la ciudad de Córdoba, pero en el interior de la provincia.
El fiscal Facundo Trotta se pronunció en contra argumentando que la ley de ejecución de las penas privativas de la libertad contempla salidas extraordinarias, pero únicamente en casos de enfermedad grave, accidente o fallecimiento de familiares, por lo que la celebración de un casamiento no se encuadra dentro de esos supuestos.
No obstante, el tribunal aplicó un criterio amplio citando otro concepto de la norma que señala que las relaciones del interno con su familia “deben ser facilitadas y estimuladas”, siempre que resulten convenientes.
La salida solo podrá concretarse el día de la boda, en el mes de abril, entre las 11:00 y las 12:00, bajo supervisión de su esposa, Marina Elizabeth Bottan. Se supone que al tener colocada una tobillera se podrá monitorear con precisión si cumple el horario impuesta.
Cambio de criterio
El caso se hizo notar porque en otros dos anteriores, el TOF1 rechazó solicitudes similares. Tal es el caso de Ricardo Lardone, quien había pedido asistir a la comunión de su nieta en septiembre de 2023. El mismo tribunal, con la firma de la vocal Carolina Prado, no hizo lugar al pedido.
Previamente, había sucedido lo mismo cuando otro de los represores condenados, Carlos Alberto Díaz, pidió ir a un bautismo. Tampoco le dieron permiso.