jueves 18 de agosto de 2022
CóRDOBA EL HUMOR AL PODER

Las facturas que promueven la fractura

03-07-2022 00:48

Luego del vendaval político que desató la divulgación del contrato entre la Municipalidad y la productora que iba a organizar el baile de Ulises Bueno, sobrevino un lógico “pase de facturas”, pero en el sentido literal: se viralizaron las fotos de supuestos documentos de compra suscriptos por el municipio, tantos que hubo una saturación masiva de la memoria en los teléfonos y un tsunami de rumores en los pasillos de El Panal. Algunos vecinos recibieron por WhatsApp facsímiles de compromisos de pago comunales por la adquisición de 50.000 caretas de Julio Buffarini para repartir entre los hinchas de Talleres, de 300.000 palitas de plástico para recoger el popó perruno en las plazas y de un millón de lupas escolares para que lean la letra chica quienes suscriben un plan de ahorro por un cero kilómetro.

“Si fuera cierto todo eso, tendríamos que venderle la ciudad a Elon Musk para pagar las cuentas”, me contó un funcionario del área de la secretaría de Gobierno, todavía agitado después del haka que habrían ensayado en el despacho para infundirse ánimo antes de que Miguel Siciliano compareciera en el Concejo Deliberante. Mientras el intendente Martín Llaryora mantenía reuniones en los Estados Unidos con la intención de solicitar ayuda en la captación de capitales, algunos pícaros sugerían que esos fondos podrían invertirse en pujantes emprendimientos locales como los carritos de praliné y tutuca, la fabricación de bolsas de agua caliente o el desarrollo de inhibidores de alarmas.

En tanto los cordobeses polemizaban en torno al cumpleaños de Ulises, no tan casualmente Rodrigo De Loredo se hacía presente en el barrio “Rodrigo Bueno” de la ciudad de Buenos Aires, para interiorizarse sobre la urbanización de asentamientos marginales que llevó a cabo Horacio Rodríguez Larreta. Consultado en esa ocasión acerca de si será candidato a intendente o a gobernador en las elecciones de 2023, el actual diputado nacional habría hablado sobre los efectos que tiene la luna nueva en los distintos signos zodiacales, sobre el sorprendente giro en la trama de la serie “Stranger Things” en su cuarta temporada y sobre la importancia de salar la tira de asado unos veinte minutos antes de ponerla encima de la parrilla.

Mucho más directo fue Alberto Fernández cuando aseguró en La Rioja que los problemas de la coyuntura económica argentina se deben a “una crisis de crecimiento”, aunque más bien pareciera que hace rato nuestro país no logra salir de la “edad del pavo”. El primer mandatario nacional sostuvo el viernes un diálogo telefónico con su par ucraniano Volodimir Zelensky, a quien le habría comentado que en la guerra contra la inflación los remarcadores de precios, como los rusos, no respetan la Convención de Ginebra y toman como rehenes a los consumidores, sometiéndolos a condiciones inhumanas.

Ese mismo día, pero por la tarde, a Fernández solo le faltó ponerse una gorra tipo “pochito” y tocar el bombo para evocar la figura del general Perón, en el acto organizado por la CGT como conmemoración de un nuevo aniversario de la muerte del líder justicialista. “Perón nunca necesitó una lapicera”, exclamó el presidente, tal vez persuadido de que para esa época ya se había extendido en la Casa Rosada el uso del bolígrafo, ese gran invento del húngaro Ladislao Biro, radicado en la Argentina en los años cuarenta. Al cierre de la ceremonia, se entonó la Marcha Peronista, a pesar de que algunos integrantes de la rama juvenil, fanáticos de las redes sociales, pedían que se celebrara el comienzo del mes cantando una canción de Julio Iglesias.

Más que las presencias, desde el oficialismo se contabilizaron las ausencias en el acto, al que la mayoría de los gobernadores del PJ pegó el faltazo como si se tratara de un teórico que no requería de asistencia obligatoria. La llegada de Axel Kicillof (al que todos observaron en su ingreso como si en una boda vieran entrar al ex de la novia) sorprendió a la concurrencia, al igual que la versión de que el Presidente se iba a estrechar en un abrazo con “el Gringo”. Luego vino la aclaración: se trataba del dirigente piquetero Esteban Castro y no de Juan Schiaretti, a quien se supone tan alejado de Alberto Fernández como el sol con respecto al Polo Sur durante el solsticio de invierno.

(*) Sommelier de la política

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