Parecen frutas recién cosechadas, con brillo natural, textura imperfecta y colores idénticos a los reales. Pero al cortarlas aparece la sorpresa: mousse, cremas y pulpas naturales. Las frutas hiperrealistas que se volvieron tendencia en la pastelería internacional y popularizó el chef francés Cédric Grolet comenzaron a producirse por primera vez en Córdoba a través de La Cuisine by Fede, un emprendimiento local que apuesta por combinar técnica, estética y experiencia gastronómica.
Detrás de la propuesta está Federica del Río, quien descubrió su interés por la pastelería hace apenas un año y, casi sin planearlo, terminó desarrollando una idea que hasta ahora no tenía antecedentes en la ciudad. “Me aparecían muchos videos de estas frutas de París y empecé a investigar si alguien las hacía acá, pero no encontré ningún lugar. Entonces decidí probar”, contó a Perfil Córdoba.

El camino fue completamente autodidacta. Como en Argentina no conseguía moldes ni materiales específicos, decidió importarlos y comenzar a experimentar. “Empecé a buscar cómo se hacían, probé distintas recetas y muchas me salieron mal al principio. Después fui aprendiendo cómo bañarlas, cómo pintarlas y cómo lograr ese efecto realista que es lo que más llama la atención”, explicó.
Las piezas replican frutas como mango, maracuyá, frambuesa, limón o cacao. Sin embargo, el atractivo no está solo en la apariencia, sino también en la experiencia al cortarlas. “Son postres con forma de fruta que adentro tienen mousse o cremas. Por ejemplo, el mango tiene una mousse de vainilla y en el centro una preparación con jugo y trocitos de mango. La idea es que cuando lo partís te encuentres con la fruta real”, detalló.
El emprendimiento comenzó en enero y, desde entonces, el interés creció rápidamente. Los primeros videos despertaron curiosidad y, con el impulso de contenidos publicados junto a su hermana y colaboraciones con creadoras locales, comenzaron a llegar las consultas y los pedidos.
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Entre los sabores más elegidos aparecen maracuyá, mango y frambuesa, aunque también el cacao empezó a ganar protagonismo. Antes de eso, los primeros en desarrollarse fueron limón y café, con los que comenzó a experimentar.
Así, cada pieza requiere un proceso artesanal que puede extenderse hasta tres días de producción. Primero se elaboran las cremas y rellenos, luego se realiza el baño y, finalmente, el pintado, una etapa clave para lograr el efecto hiperrealista. “Lo que más tiempo lleva es pintarlos. Esa parte es la que les da el toque real y hace que parezcan frutas de verdad”, explicó.
Actualmente, los postres tienen un valor que ronda entre los $5.500 y $8.500. A pesar del tiempo de elaboración, del Río decidió mantener un precio accesible en esta primera etapa del emprendimiento. “Me lleva bastante trabajo, pero como estoy arrancando me parecía importante que la gente pueda probarlos”, señaló.
Por ahora, la producción se realiza de manera artesanal, mientras el proyecto continúa creciendo impulsado por una tendencia que mezcla pastelería de precisión, estética y viralidad.