lunes 05 de diciembre de 2022
CóRDOBA CAMBIOS DE PARADIGMA

Las prácticas culturales en la era de la pandemia

Protagonistas del quehacer cultural local hacen un balance de su trabajo entre 2020 y 2021 y reflexionan sobre la actividad de cara al futuro.

25-12-2021 00:35

Mientras las alertas por el nuevo brote de Ómicron obligan a los distintos sectores de la sociedad a retomar protocolos sanitarios, en el ambiente cultural crece la preocupación de cara al verano. Hace algunas semanas, el Ministerio de Turismo de la Provincia abrió la temporada turística y con ella referentes de espectáculos se mostraron entusiasmados por lo que prometía ser una temporada alentadora.

Sin embargo, por estos días y frente al incremento exponencial de casos, se temen nuevos cierres y la vuelta a los aforos.

En diálogo con PERFIL CÓRDOBA, Juan Iñaki, Cheté Cavagliatto, Antonio Pitta, Luz Novillo Corvalán y Cristina Gómez Comini reflexionan sobre estos dos años atípicos y los cambios aparejados en la cultura.

2020 vs. 2021. “En 2020 todo fue prácticamente virtual: estrené obras breves, di clases y mantuve reuniones. Pero en 2021 había quedado una energía que necesitaba salir hacia lo presencial y fue un año sumamente intenso. Nunca estrené tantas obras en un mismo año”, dice la coreógrafa y dramaturga Cristina Gómez Comini.

En ese sentido, la regisseur Cheté Cavagliatto señala que la pandemia obligó a buscar otras formas de compartir la actividad cultural. “Si bien la virtualidad no es lo ideal, sobre todo si hablamos de teatro, al menos nos permitió sumergirnos en un lenguaje nuevo y nos dio nuevas posibilidades de expresión, tanto para los creadores como para el público”.

Por su parte, desde su experiencia con la galería Abre, que logró posicionarse desde lo virtual, la artista visual Luz Novillo Corvalán dice que, pese a todo, el 2020 no fue un año de parálisis: “Encontramos la manera de seguir produciendo. Y la tecnología fue muy importante para dar visibilidad a las producciones que hacíamos. Surgieron muchas ferias virtuales, lo que nos permitió seguir activos y además darle visibilidad a nuevos proyectos”.

En efecto, la virtualidad vino a jugar un papel central en el marco del aislamiento también para músicos como Juan Iñaki: “Al principio del 2020 entré en pánico porque se caía todo el trabajo del año y no había perspectivas laborales. Fue un tiempo de componer muchísimo y de pensar. Además de hacer música soy docente de canto y tampoco creí que eso se pudiera llevar a cabo de manera online hasta que hice las primeras experiencias y me di cuenta que funcionaba. Hoy esto me permite tener alumnos incluso en otros países”.

En materia audiovisual, las productoras aprovecharon el aislamiento para realizar tareas de pre y post producción: “En 2020 nos pudimos aggiornar y nos adaptamos. Y en 2021 la vuelta de los rodajes nos permitió hacer publicidades. Además, hicimos un par de películas. Vamos a ver qué pasa en 2022. Creo que la comparación entre estos dos años es difícil: este año siempre va a ser como un boom porque estuvimos encerrados el año anterior. Habría que comparar con el año que viene, cuando las consecuencias económicas de la pandemia ya se hayan asentado”, explica Antonio Pita, de Prisma Cine.

Nuevos paradigmas. La virtualidad llegó para quedarse y con ella se han modificado no solo los hacedores sino también los públicos. “No hubiera pensado nunca que iba a ocurrir esto de ver obras de teatro o danza a través de la pantalla. Ahora lo veo como una posibilidad: si uno se pierde una obra puede tener esa posibilidad porque hoy se filma todo pensando en esas personas que no están presentes en las salas”, reflexiona Gómez Comini.

A lo largo de la historia, tras grandes crisis han surgido extraordinarios artistas y muchos cambios en la cultura. Dice Cavagliatto: “Será cuestión de resistir y no dejar de participar activamente para que el viejo dicho, ‘no hay mal que por bien no venga’, sea una realidad”.

En el caso de la música, la pandemia aceleró algunos procesos: cada vez se fabrican menos discos físicos y los streaming, que parecían ser el futuro, según Iñaki, no son el camino. “Siento que hasta ahora es un formato muy difícil de vulnerar”, señala. 

El home office, un camino de ida. Aunque no es posible hoy pensar en rodajes virtuales, el día a día en las productoras audiovisuales también ha cambiado. “Yo no pienso volver a la productora salvo casos muy extremos”, dice Pita, quien sostiene que se impondrá un sistema mixto. “Podemos ser más productivos desde nuestras casas que yendo a la empresa. El Zoom vino para quedarse, puede ser más frío, pero es más efectivo”, dice. Y en cuanto a los rodajes, si bien los protocolos significan una inversión económica importante, lo cierto es que “uno pensaba que las prácticas de  protección te iban a robar horas de un plan de rodaje y la verdad es que no fue así”.

Los públicos también se modifican. “Más allá de que se extrañan los grandes eventos, son interesantes los encuentros con públicos reducidos, es sumamente enriquecedor y positivo”, cuenta Novillo Corvalán, que en su galería trabaja en la formación de públicos. Además, desde su rol de curadora de la Feria de Arte advierte otras transformaciones: “Fuimos reescribiendo proyectos y generando víncu- los asociativos y colaborativos sumamente interesantes. Se corrió esa figura unipersonal del curador y la feria se terminó conformando en un equipo curatorial y eso es algo que las futuras ediciones seguirán sosteniendo”.


Entre públicos y hacedores
FLORENCIA GAUNA*

El ámbito de lo cultural y lo creativo es muy amplio y ha tenido impactos de mayor y menor profundidad de acuerdo a las disciplinas y/o emprendimientos puntuales de que se trate.

En general, el sector ha demostrado capacidad de resiliencia y flexibilidad y, sobre todo, un aprendizaje muy veloz: iniciativas que en 2020 parecían unos parches extraños e inentendibles se instalaron durante el 2021, no solo en las prácticas de las personas que nos dedicamos a crear, gestar y producir, sino especialmente en los consumidores de las actividades culturales, que en la mayoría de los casos van marchando junto a los hacedores marcando tendencias, nuevas prácticas y maneras de acceder.

Por otro lado, los públicos –más presentes que nunca aunque no sea físicamente– marchan junto a los hacedores y creadores, participan y son más prosumidores que antes. La cocreación ha llegado a instalarse en todas las instancias creativas y culturales y aquellos proyectos que no lo han visto están condenados a pasar desapercibidos.
Cada vez más personas queremos conocer qué consumimos, quién diseñó nuestra ropa, de dónde viene y adónde va ese material textil o qué piensa el artista que hizo una obra que vamos a ver. Queremos saber si una película, obra o festival al que vamos fue programado con una perspectiva de género e incluso qué impacto en el medio ambiente puede tener.

Desde el ámbito creativo tenemos y queremos –o deberíamos querer– cada vez más esos públicos comprometidos con nuestras propuestas, con nuestros productos, con nuestra causa. Estoy convencida de que esa es la característica principal de las prácticas culturales del presente y del futuro: experiencias creativas con fronteras difusas entre hacedores y públicos, con cantidad razonable de agentes involucrados; instituciones enredadas con otras instituciones, el ámbito educativo, los privados que siempre nos miran con ganas pero se animan con cierta timidez. No habrá otra salida. 

Una clave en forma de esperanza es que los ciudadanos están empezando a descubrir sus propias ciudades, con sus propuestas gastronómicas, sus perlitas artísticas, sus rincones creativos.
Un poco a la fuerza nos hemos vuelto turistas en nuestra ciudad y eso, pandemia aparte, es maravilloso y tiene un sinfín de oportunidades, sobre todo en una ciudad como Córdoba, que tiene tanto para sorprendernos.

* Gestora cultural, comunicadora institucional, docente. Dirige el Espacio 220 Cultura Contemporánea y el estudio de Gestión Cultural Capital Creativo.
 

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