viernes 02 de diciembre de 2022
CóRDOBA ANÁLISIS Y PERSPECTIVA

Massa, el sofista

La persuasión es “el arma” cuando se quiere “vender” algo falso, o sea cuando se quiere perpetrar una estafa; los sofistas de la Grecia antigua iniciaron el arte de “convencer” utilizando falacias.

06-11-2022 00:31

La persuasión es “el arma” cuando se quiere “vender” algo falso, o sea cuando se quiere perpetrar una estafa; los sofistas de la Grecia antigua iniciaron el arte de “convencer” utilizando falacias.

El ministro Sergio Massa pretende ahora persuadirnos de que puede combatir la inflación con un nuevo congelamiento de precios, que se está “elaborando”.

La historia de la necedad. A lo largo de la historia, muchos de los gobiernos intentaron doblegar la inflación mediante controles de precios. Esta insistencia ha ido a contramano de los resultados: si bien pudieron haber obtenido un éxito efímero, no solo terminaron fracasando, sino que, además, originaron graves crisis. El caso más recordado es el “Edicto sobre Precios Máximos”, del Emperador Diocleciano en la Roma del año 301. El control terminó en la parálisis del comercio, el desabastecimiento y la guerra civil.

En Argentina, desde Perón a Alberto Fernández, los presidentes recurrieron a controles: cuando no terminaron en severas crisis, solo difirieron inflación, mostrando su ineficacia total como estrategia antiinflacionaria consistente.

Precios justos. Con una actitud arrogante y solemne (como anunciando algo trascendente), el ministro anunció en El Destape Radio, que “van a participar más empresas que las que acompañaron Precios Cuidados”, las que recibirán “incentivos fiscales” y acceso a divisas. Explicó, además, que el control lo realizarán los consumidores mediante la aplicación Mi Argentina. “Cada celular leerá el código de barras que tenga el paquete y le va a aparecer el precio que corresponde a ese producto. Si el comercio no cumple, habrá dos botones para denunciar”. Amenaza con multas de $ 240 millones (al menos no los colgará, como Perón), pero nada dice del costo fiscal y social; esto tiene su importancia, ya que gastar en un programa destinado al fracaso, es un ocultamiento a sabiendas.

El ministro no cuantificó los costos del desabastecimiento (faltante del producto), del diferencial entre el precio regulado y el total erogado, del gasto fiscal de los “incentivos”, de la diferencia entre la divisa oficial y la alternativa (que la paga el exportador) y del gasto de control y del proceso sancionatorio.

Los sofistas. Los sofistas eran pensadores que se dedicaban a enseñar el arte de la retórica y de la persuasión; perseguían el fin de instruir a los ciudadanos para la vida pública; tenían un relativismo moral, negaban la verdad objetiva y eran escépticos respecto del valor absoluto del conocimiento. Así pasaron de ser “maestros de la sabiduría” a meros “embaucadores”. Pero contribuyeron con aportes en la filología, con la categorización de palabras, con el análisis gramatical y la práctica de la sintaxis.

Massa actúa como un sofista tosco: logra persuadir a todos de que el control es económicamente inocuo, aunque fracase, lo cual es un engaño. También consigue convencer a unos pocos de que el control será exitoso. No tiene como fin instruir, sino su propia ambición política y la única contribución que hace es el ejemplo de cómo no se debe ser en la vida pública.

Ya enumeré los costes que deliberadamente se ocultan, pero queda lo más lesivo: ni los utilitaristas advierten sobre la inmoralidad del control, ya que es violatorio de la libertad y del derecho de propiedad.

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