La investigación por el femicidio de Andrea Castana atraviesa un nuevo capítulo institucional. La Fiscalía General de Córdoba resolvió mantener a la instructora Silvina Pen al frente de la causa, pero en tribunales de Cosquín, en respuesta a un pedido formal de los padres de la víctima. Alicia Villafañe, madre de Andrea, advirtió que la causa tiene apenas cuatro años antes de la prescripción.
"La instructora que sigue el caso de Andrea hace casi tres años fue la que más hizo por la causa en estos 11 años", afirmó Villafañe en el programa Punto y Aparte de Punto a Punto Radio 90.7. "Pedimos a Fiscalía Central que, por favor, a pedido de los padres, siga el caso con Silvina Pen, nos llevaron el apunte y estamos contentos de que esto suceda".

La continuidad de Pen no es un trámite menor. Cada vez que la conducción de la causa cambia de manos, la familia siente que el proceso retrocede al punto de partida. "Como todas las veces que pasa esto, es volver de cero, se vuelven a poner una nueva persona", explicó Villafañe. En ese contexto, la salida del fiscal Ricardo Mazzuchi -quien tuvo la causa durante años bajo seguimiento de la Fiscalía General a través de la adjunta Alejandra Hillman- fue leída por la familia como una oportunidad para consolidar al equipo que consideran más eficaz.
Once años, más de 650 muestras de ADN y un perfil sin nombre
El femicidio de Andrea Castana ocurrió el 11 de marzo de 2015. Esa mañana, la mujer dejó a sus hijos en el colegio y comenzó una caminata hacia la cima del Cerro de la Cruz. Al iniciar el descenso por el sendero, fue atacada. Su cuerpo fue hallado dos días después.
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Desde entonces, la causa acumuló más de una veintena de imputados en distintos momentos, pero todos recuperaron su libertad en cuestión de días sin que ninguna imputación prosperara. La clave del caso sigue siendo la misma desde el inicio: identificar al propietario del ADN hallado en el cuerpo de Andrea.
La línea investigativa se reactivó en 2022, cuando se compararon muestras de ADN con abusos ocurridos en el mismo sector entre 2004 y 2005, lo que permitió detectar coincidencias genéticas. El trabajo se complementó con el apoyo del FBI, que incorporó parte del material genético a bases de datos genealógicas internacionales utilizadas para resolver cold cases.

Esa coincidencia genética alcanza el 99,9% entre el autor de la violación de Andrea y un caso del año 2004 en el mismo lugar. La Justicia confirmó que en todos los hechos el hombre utilizaba el mismo modus operandi: atacaba a mujeres solas que subían por el sendero del Vía Crucis, siempre en las primeras horas de la tarde, y escapaba por un camino alternativo que hoy se encuentra cerrado. A la fecha se tomaron más de 650 muestras de ADN, pero aún no se identificó al agresor.
Para Villafañe, toda la arquitectura del caso converge en un único punto crítico. "Mi teoría como mamá y como médica siempre apuntó a que hay que ir directamente a saber el dueño del ADN", sostuvo. "Si no tenemos el dueño del ADN, no tenemos culpable ni sabemos qué pasó. Lo demás podemos suponer, pero no es nada certero. Hay datos de ADN, pero nunca se pudieron cotejar, básicamente".
El reloj de la prescripción
La causa por el femicidio de Andrea Castana enfrenta un horizonte legal que la familia describe como una cuenta regresiva. Los padres de la joven temen que, aun si se lograra identificar al autor del crimen, el proceso judicial quede sin efecto por la expiración del plazo de prescripción, que el Código Penal fija en 15 años para homicidios.
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"Nos quedan solo cuatro años, porque nosotros, si sacaran la ley de prescripción, no entraríamos en esa ley", advirtió Villafañe durante la entrevista radial, en referencia a que una eventual legislación no tendría efecto retroactivo sobre el caso de su hija.
Por esa razón, la familia Castana se convirtió en actora del debate legislativo. "A toda aquella familia que necesite el apoyo nuestro lo van a tener, porque sabemos lo feo que es", señaló. La madre mencionó como antecedente el caso Nora Dalmasso en Río Cuarto que quedó sin condena por el vencimiento de los plazos.
El olvido como segunda herida
Once años después de aquella manifestación masiva con velas y pancartas en Villa Carlos Paz, Villafañe observa con dolor el retroceso de la memoria colectiva. "Hay gente que todavía no sabe si encontramos el cuerpo. Muchos se van olvidando del caso", lamentó.
Villafañe no formula reproches abiertos hacia los responsables políticos de la demora, pero tampoco los exculpa. "Yo creo que cada uno con su conciencia sabe lo que hizo", dijo. Lo que sí tiene claro es que el foco no puede desviarse: "Lo único que me interesa es encontrar a la persona".
Con Silvina Pen ratificada en la instrucción, la causa retoma su curso con el mismo enigma de siempre: un perfil genético que existe, que tiene nombre, y que once años después todavía no tiene cara.