Pilar tiene 3 años y medio, pero su vida está marcada por un calendario médico sin pausas. Cuatro a cinco veces por semana asiste a distintos tratamientos de rehabilitación. Su madre, María Martín, repite los números como una sentencia: escoliosis de 78 grados. "Una de 50 ya se considera grave", explica angustiada. La razón de esta deformación está en un pinchazo que recibió el 6 de junio de 2022, cuando tenía apenas días de vida, en el Hospital Materno Neonatal de Córdoba. Ese día, la enfermera Brenda Agüero le inyectó potasio en la espalda.
Hace exactamente un año comenzaba el juicio que terminó con la condena a prisión perpetua de Agüero como autora de cinco homicidios calificados por procedimiento insidioso y ocho tentativas de homicidio. El proceso, inédito en Argentina y con escasos antecedentes en el mundo, involucró a 13 recién nacidos atacados entre marzo y junio de 2022: cinco murieron y ocho sobrevivieron con diversas secuelas. Pilar es una de ellas.
"Ese pinchazo de potasio le provocó una necrosis en el músculo de la espalda; no tiene esa parte que es la que ayudaría a que su columna crezca derecha", contó María a La Nación. La pequeña es la única de los sobrevivientes que conserva la marca visible del ataque: un hematoma en la espalda que fue considerado prueba clave durante el juicio oral.

El diagnóstico que sacudió a la familia
Hace una semana, los médicos del Hospital de Niños le comunicaron a María un diagnóstico devastador. "Tienen que enyesarle la parte superior e ir cambiando el yeso cada tres meses. Eso hasta que se la pueda operar", relata. La cirugía no es recomendable aún por la edad de la niña. El tratamiento implicará colocarle un yeso que dejará un hueco en la zona abdominal para que pueda alimentarse. No podrá bañarse normalmente. Y cuando tenga edad suficiente, enfrentará varias cirugías a lo largo de su vida.
Ya pasó por una operación anterior, cuando la cicatrización se había adherido a una costilla. "Va a rehabilitación desde siempre, pero al no tener ese lado del músculo, la columna se tuerce", insiste María, quien también es madre de una adolescente de 15 años y de una beba de 8 meses.
Las secuelas físicas se mezclan con el agotamiento. "Está cansada y con dolores", describe su madre. Pilar sufre molestias en las piernas y termina cada jornada exhausta, a pesar de que le gusta jugar y moverse como cualquier niña de su edad. Duerme rodeada de ocho almohadas y almohadones para intentar aliviar las molestias nocturnas. También acude a terapia psicológica porque llora cuando debe ir a rehabilitación.
La verdad pendiente
Todavía Pilar no sabe qué causó su lesión. Vio la película La Llorona con su madrina de 17 años y, desde entonces, comenta que a ella la mordió ese personaje. "No supe cómo hablarlo, no supe cómo decirle", admite María. "Su psicóloga me dijo que ahora que entra a salita de 4 veremos cómo abordarla".
Durante siete meses, tras recibir el alta en julio de 2022, le curaban las heridas de la necrosis con cada cambio de vendas. "Nadie me dijo nada" sobre lo que había ocurrido en el hospital, recuerda María, aunque ya estaba hecha la denuncia y todos sabían de los hechos. "Pero ella nació sana", subraya con amargura. "Se salvó de milagro. Está viva por un milagro y lo agradezco".

La batalla contra el Estado
Cada tratamiento que Pilar necesita implica una nueva gestión burocrática. Hace un año, los médicos le indicaron sumar hidroterapia, con un costo mensual de 300.000 pesos. María pasó ocho meses tramitando esa ayuda. Finalmente debió salir por televisión a pedirla públicamente a través de su abogada, Daniela Morales Leanza, quien la acompañó "a golpear todas las puertas del Estado".
"Es injusto que sea así ante cada cosa que Pilar necesita para revertir el daño que le provocó un delito, para tener una calidad de vida digna como cualquier otro niño", describe María. Entre trabajo y consultas médicas, no hay espacio para otra vida. "Da mucha impotencia", reconoce.
Ahora enfrentan una nueva etapa con las vendas para el yeso. "Sé que hay muchos chicos con problemas, pero este es un caso especial. Pasa todo esto por un delito", lamenta.
El testimonio clave en el juicio
María declaró en el juicio el 22 de enero de 2024. Su testimonio fue considerado fundamental porque Pilar era la única con evidencia física visible del ataque. Recordó cómo el 6 de junio de 2022, tras el parto, notó dos manchas de sangre en la ropa de la beba, pero no le llamaron la atención. A las pocas horas, la criatura "dejó de prenderse a la teta, estaba más fría, se quejaba, no respiraba bien".
"Alrededor de las diez de la noche se empezaron a sentir gritos, que corrían los médicos, pasaban con una incubadora", relató ante el tribunal. Cuando alertó sobre el estado de su hija, se la llevaron. Más tarde le informaron que tenía "un moretón en la espalda" y "alto nivel de potasio en sangre". Quedó internada en terapia intensiva.
"Más allá de lo que pasamos y pasamos, es una nena con ganas de vivir. Le pido a Dios que no la haga sufrir más. Me cuesta estar acá, pero estoy hablando por ella", dijo María en el juicio, mirando a Brenda Agüero.
Un juicio histórico
El proceso oral comenzó el 6 de enero de 2024 en la Cámara en lo Criminal y Correccional de 7° Nominación de Córdoba. Fueron 57 jornadas de audiencias con jurados populares que se extendieron por casi seis meses. El 18 de junio, tras diez horas de deliberación, el veredicto llegó por mayoría: Brenda Agüero fue condenada a prisión perpetua.
La investigación demostró que Agüero era la única enfermera presente en todos los casos. En 11 de los 13 hechos mantuvo contacto personal con los bebés. Daba aviso de las descompensaciones incluso antes de que fueran visibles. En su botiquín hallaron frascos de insulina y potasio que no debían estar allí. Los peritajes psicológicos determinaron rasgos narcisistas, psicopáticos y de omnipotencia. Cuando dejó de asistir al hospital, cesaron los ataques.
Además de Agüero, diez exfuncionarios y profesionales fueron juzgados por omisión de deberes de funcionario público, encubrimiento doblemente calificado y falsedad ideológica reiterada. Cinco fueron condenados, ninguno cumple prisión. Entre los absueltos estuvo el exministro de Salud provincial, Diego Cardozo.
Lo que continúa es la rutina médica, el dolor de Pilar, los tratamientos sin fin. "Trabajo y médicos, no tenemos otra vida", resume María. En su casa, Pilar juega, ríe, se mueve como puede. Es una niña con ganas de vivir, pero cargando en su pequeña espalda las consecuencias de un delito que el Estado tardó demasiado en detener.