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CóRDOBA / CUATRO RECOMENDACIONES
domingo 2 agosto, 2020

También debe priorizarse la salud mental

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. Foto: Cedoc Perfil

Desde el inicio de la pandemia por Covid-19 hay investigaciones para desarrollar vacunas que protejan contra este virus. Aunque se está avanzando a mayor velocidad que nunca antes, el desarrollo de una vacuna implica un metódico proceso a largo plazo.

Mientras tanto, las medidas sanitarias de estilo clásico, como el aislamiento y la cuarentena, juegan un rol central en la contención de las tasas de propagación de la enfermedad, la cual tiene consecuencias mortales en algunos casos.

Con el avance de la pandemia, este tipo de medidas sanitarias fueron recomendadas por organismos sanitarios internacionales y, consistentemente, se fueron generalizando.

Hacia finales de marzo de 2020 un tercio del mundo estaba viviendo bajo cuarentena. Según el reporte diario de la OMS, al 30/07/2020 había 16.812.763 de casos de Covid-19 confirmados en todo el mundo y los fallecimientos por esta enfermedad sumaban 662.095.

Sin embargo, se prevé que estas no sean las únicas consecuencias de esta pandemia. Numerosas investigaciones previas, realizadas durante otros brotes de enfermedades – por ejemplo, pandemia de H1N1 en 2009/2010, brote de Ébola en 2004 – alertaron acerca de los efectos negativos para la salud mental que tienen los brotes de enfermedades a gran escala y las medidas sanitarias del tipo del aislamiento y la cuarentena, pero lo cierto es que no había precedentes de una cuarentena mundial como la actual y, por lo tanto, los efectos psicológicos de poner en cuarentena a una ciudad, a un país o a un tercio del mundo, son desconocidos.

No obstante, independientemente de si estas medidas sanitarias logran o no controlar la pandemia, es previsible que tanto la pandemia como la cuarentena generalizada inevitablemente tengan impactos negativos sobre la salud mental.

Durante la actual pandemia, hay en marcha numerosas investigaciones que evalúan esos posibles efectos negativos sobre la salud mental.

En Asia, Europa y los EE UU, se hallaron síntomas indicativos de depresión, ansiedad y estrés postraumático, entre otros, vinculados a la situación de cuarentena y/o pandemia.

Además, se informó que algunos factores, tales como sexo (mujer), edad más joven, mayor nivel educativo, menor nivel socioeconómico, conflictos interpersonales, frecuente uso de redes sociales y menor resiliencia y soporte social, pueden incrementar el riesgo de desarrollar las condiciones antes descriptas y que la soledad resultante de cuarentenas prolongadas podría tener impacto negativo en la salud mental de la población.

En Argentina también se están realizando investigaciones y algunos resultados preliminares mostraron empeoramientos en la salud mental de la población asociados a duraciones más prolongadas de la cuarentena y/o a sus extensiones, incluyendo un aumento de indicadores de depresión, ansiedad y trastornos del sueño, por mencionar algunos ejemplos.

Al respecto, una investigación previa – aunque foránea – reportó que, para personas que ya están en cuarentena, los anuncios de extensión agudizan el impacto negativo que ya tiene la cuarentena.

En síntesis, hasta ahora, los resultados de las actuales investigaciones confirman algunos conocimientos de los que ya se disponía con base en evidencia previa.

Estos conocimientos alertan que, en eventos sanitarios como epidemias y pandemias, la cantidad de personas que ven afectada su salud mental y/o que desarrollan un trastorno mental es generalmente mayor que la cantidad de personas afectadas por la enfermedad física.

Sumado a ello, hay conocimiento – también basado en la evidencia – acerca de que los efectos negativos sobre la salud mental tienden a persistir por más tiempo que la epidemia o pandemia.

A pesar de contar con estos conocimientos, la salud mental de las poblaciones no se ubicó nunca – históricamente – entre las prioridades de las políticas sanitarias gubernamentales, durante ni después de este tipo de eventos sanitarios.

Atento a ello, cabe hacer las siguientes recomendaciones: 1) cuando los gobiernos anuncian extensiones de cuarentenas, deben anticipar medidas complementarias para amortiguar los impactos negativos en la salud mental que tienen estas extensiones; 2) se debe prestar especial atención a los grupos vulnerables como los jóvenes, las mujeres y las personas con antecedentes de trastorno mental; 3) deben desarrollarse intervenciones nacionales de salud mental para primeros auxilios psicológicos y ponerse en funcionamiento rápidamente durante la cuarentena (a través de dispositivos en línea) y después de ella; 4) un sistema epidemiológico, preventivo y de intervención en salud mental debe ser creado e implementado rápidamente para evitar que los trastornos mentales sean la siguiente pandemia.

 Cecilia López Steinmetz es investigadora y profesora. Doctora en Psicología (Universidad de Buenos Aires). Licenciada en Psicología (Universidad Nacional de Córdoba)


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