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CóRDOBA / FIN DEL ROMANCE
domingo 11 marzo, 2018

Tres razones que explican la ruptura entre el Gobierno y los empresarios

Falta de competitividad, desequilibrio de precios, presión tributaria insostenible como contracara de la inconsistencia fiscal tensaron el vínculo entre el Estado y la actividad privada.

por Norma Lezcano

CORTO CIRCUITO. El Gobierno “de los CEO´s”, como se definió a la gestión nacional enfrenta el primer choque significativo con “el círculo rojo”. Foto: CEOP-PERFIL

Cuando el diálogo en una relación comienza a naufragar es común (y muy humano) intentar personalizar los motivos del eventual fracaso. En medio de esa dinámica, desaparecen de la superficie las causas profundas y reales que generaron la tensión.

Algo de esto se desató en el vínculo entre el Gobierno de la Nación y los empresarios. A la luz de las declaraciones vertidas la última semana parece una disputa entre víctimas “quejosas” y victimarios “desaprensivos”. Sin embargo, si aíslan los personalismos y se pone el foco en la estructura económica se pueden detectar al menos tres razones que son las causas del fin de este “romance”. Causas, en su mayoría, que arrastran distorsiones históricas las cuales trascienden responsabilidades (públicas y privadas) coyunturales.

1. La competitividad aparece como una quimera. Esta es, probablemente, la causa más importante. Algunos ejemplos lo demuestran claramente: producir un auto en la Argentina cuesta hasta 65% más que en Brasil y México. Según un estudio de Bain & Company, la cantidad de autos fabricados por operario es de 18 en Argentina y de 40 en México; a su vez, por cada dólar que se paga de salario, 53% son cargas sociales en el país y apenas 27% en el mercado azteca. 

"Sin abordar los problemas de fondo difícilmente se logre torcer una tendencia estructural", afirma Dante Sica, director de la consultora ABECEB. “El Gobierno deberá intensificar los esfuerzos por aprobar una serie de reformas que permitan dar señales de sostenibilidad fiscal, reducir costos y asegurar la rentabilidad de inversiones productivas, incluyendo una revisión de las reglas actuales que rigen las relaciones entre trabajadores y empleadores”, agrega Sica.

Producto de esta falta de competitividad de costos estructurales (que por décadas se intentó resolver por medio de devaluaciones), el sistema productivo del país hoy está pobremente inserto en el mundo: sobre  440.000 Pymes sólo unas 90 exportan más de US$100 millones al año. Argentina cuenta con pocas grandes que exportan mucho y muchas pequeñas que exportan poco o nada. 

A este punto se llegó también por exclusión de los mercados de capitales, falta de financiamiento, escasa inversión en infraestructura pública y logística, y hasta escaso  desarrollo del management  privado para crear mayor valor agregado y diferenciación en la oferta que debe competir.

2. La inflación es un fantasma omnipresente. Está todo el tiempo e impactando en todos los rincones de la economía. Argentina es hoy la tercera economía "más miserable" del mundo, según Bloomberg, que la ubica en ese lugar por tener una inflación anual llega al 20% en los últimos 10 años.

"Es un rompecabezas complicado, las fichas se están moviendo todo el tiempo y hay más objetivos que instrumentos", señala la economista Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de Eco Go.

La inflación no nació con el gobierno de Macri, pero por ahora su gestión no está logrando resultados al ritmo que las empresas (y la sociedad en su conjunto) lo necesita.

En febrero, la tasa de inflación de los precios libres no aumentó sino que descendió 1,5%; pero, la de precios regulados fue de 2,5% como consecuencia de los ajustes tarifarios. La herencia de esas tarifas de servicios ridículamente bajas ahora cobran venganza, y hasta el mes de abril seguirán presionando sobre los precios.

Pero, ¿el Gobierno, no puede hacer nada para morigerar el impacto? Como advirtió el ex ministro Domingo Cavallo, "la inflación parece estar siendo insensible a las tasas de las Lebacs". Por ende, si este instrumento no ayuda, otro camino sería una contracción del crédito bancario al sector privado, pero eso provocaría un alto costo recesivo.

Sería como ir “de lo malo a lo peor”, y ese trayecto el Gobierno lo va a evitar, a costa de tener  que convivir con una inflación desbocada, que enloquece el ritmo de las paritarias y no permite hacer previsible los costos productivos.

3. Presión tributaria como contracara de un Estado dispendioso. La presión tributaria neta (excluido el impuesto inflacionario) llegó a 30,8% en 2017, cuando en el año 2002 era de 18,4%.

Argentina tiene hoy una presión tributaria similar a la de países europeos, pero ofreciendo servicios que distan enormemente de la calidad y cantidad que ofrecen las prestaciones públicas europeas.

La disconformidad de los empresarios en esta materia es comprensible: la carga sobre los contribuyentes cumplidores es aún más elevada, dados los altos niveles de evasión tributaria que existe. ¿Cómo competir eficientemente en esas condiciones?

En virtud de la reforma tributaria provincial en marcha, los impuestos distorsivos (que representan el 7,5% del total de la presión impositiva) van a ir siendo neutralizados. A su vez, la reforma impositiva nacional promete generar sus resultados a lo largo de los próximos cinco años.

Pero, en el mientras tanto, ¿quién paga la factura de un Estado que llevó el déficit fiscal al 9,30% del PBI, lo que representa US$46.500 millones? El Gobierno ostenta un déficit fiscal primario de 4,30% del PBI, pero si se agrega el déficit por intereses de deuda externa (2,30% ), el déficit provincial (1.00%) y el déficit cuasifiscal por intereses de Lebacs (1,70%), la situación es más compleja.

Esa complejidad, en los últimos días, comenzó a su vez a reflejarse en la pizarra que más preocupa a los argentinos: la del dólar.

En la última rueda de la semana, el Banco Central dobló la apuesta al ofertar US$212,5 millones (72% más que el jueves), para bajar el precio del billete.  Aunque es poco respecto del nivel de reservas, ya puso en juego US$385 millones para mantener a la divisa bajo control y evitar que contamine los precios.

Como se ve, el trasfondo de este romance en apuros entre el Gobierno y los empresarios es un poco más intrincado que una historia de “llorones” y “desalmados”.

Mañana lunes, la Casa Rosada intentará recuperar el diálogo en un encuentro al que convocó a los dirigentes empresarios.
 


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