La escena fue breve, pero suficiente para encender la polémica. Antes del inicio del partido, los 22 titulares de Instituto y San Lorenzo posaron con una remera blanca con la inscripción “Basta de perseguirnos” y el escudo de la Asociación del Fútbol Argentino. La iniciativa se dio en el marco del respaldo que la mayoría de los clubes de la Liga Profesional expresó al paro dispuesto por el Comité Ejecutivo.
En el caso de la Gloria el gesto se alineó con la postura institucional de acompañar la decisión adoptada en la reunión realizada en el predio Predio Lionel Andrés Messi, donde se resolvió suspender la actividad oficial entre el 5 y el 8 de marzo. Las fechas coinciden con las citaciones judiciales del presidente Claudio Tapia, del tesorero Pablo Toviggino y otros dirigentes en una causa iniciada por ARCA por presunta evasión de aportes.
Remeras e insultos
Sin embargo, la reacción de una parte de los hinchas albirrojos no tardó en llegar. Tanto en el estadio como en redes sociales se multiplicaron los cuestionamientos a la conducción de la AFA, con insultos dirigidos a Claudio “Chiqui” Tapia. El descontento también se replicó en los comentarios de las publicaciones oficiales de los clubes que manifestaron su respaldo.
En medio de investigaciones judiciales, la AFA detiene el torneo y profundiza el conflicto político
Desde la dirigencia de Instituto no hubo declaraciones públicas adicionales tras la imagen difundida en la previa del encuentro, aunque puertas adentro sostienen que la decisión respondió a un posicionamiento colectivo de los clubes de Primera División frente a lo que consideran un “ataque judicial, mediático y político” contra la entidad madre del fútbol argentino.
No todos los clubes, de todos modos, se pronunciaron. Algunas instituciones optaron por el silencio en una jornada que dejó en evidencia una grieta cada vez más visible entre las dirigencias y una parte de los socios e hinchas.
El episodio vuelve a poner a Instituto en el centro de una discusión que excede lo deportivo y que, por ahora, parece lejos de encontrar un punto de equilibrio entre la defensa institucional y el humor de las tribunas. Porque si algo quedó claro es que en el fútbol argentino no solo se juega en la cancha.