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EDUCACIÓN

Viviana Postay: “Aunque vaya a perder, la escuela tiene que competir con la narrativa de la ‘plata fácil”

La educadora y divulgadora cordobesa asegura que la resistencia cultural es obligatoria frente a un mundo que exige velocidad. Dice que los rituales como el UPD “se fueron completamente de las manos” y que hace falta una alfabetización emocional para distinguir lo real de lo que no lo es.

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"La adolescencia se extiende peligrosamente y hay una idea de falsa autonomía". | CEDOC PERFIL

La docente, investigadora y divulgadora pedagógica cordobesa Viviana “Vipi” Postay no anda con vueltas. Habla claro de todos los temas de la realidad educativa. “A la escuela no se puede ir con la misma pilcha del boliche, con resaca, trasnochado. Es un lugar de trabajo”, dice, entre otras cosas, cuando habla del UPD, ese ritual que celebra el “último primer día” del secundario. Postay tiene más de 30 años de experiencia, es exdirectora de escuela, capacitadora, autora y conferencista.

-¿Cuál es el perfil de los adolescentes que habitan las aulas hoy?
-Me gustaría empezar diciéndote qué es lo que “no son”, o cuál no es el perfil. No son nativos digitales, que es un concepto que ya fue dejado de lado. Por lo tanto, tenemos que enseñar y ellos tienen que aprender a usar tecnologías con responsabilidad y gambeteando el consumo acrítico y peligroso. Tampoco son más autónomos que antes; de hecho, es muy probable que sean menos autónomos. La adolescencia se extiende peligrosamente y hay una idea de falsa autonomía (...) Tampoco son chicos que entienden todo porque se plantan y dicen “no me gusta” o “estos son mis derechos”, a la vez que quedan presos de noviazgos tóxicos o piensan que el insulto es el ejercicio de la libre expresión. Son chicos, aunque parezca tautológico. Precisan límites, marcos regulatorios, orientación, enseñanza. Y son chicos con altos niveles de sufrimiento, mucho dolor interno, baja tolerancia a la frustración y trastornos propios de época que de ninguna manera pueden minimizarse porque muchas veces terminan en autolesiones, inserción en conductas delictivas, intentos de suicidio.

-Frente a un entorno que pondera la inmediatez, la fama rápida y la “plata fácil”, ¿cómo puede la escuela competir con esas narrativas?
-Es obligación de la escuela competir, aunque vaya a perder. Parece una frase medio tonta, pero no estamos aquí para ganarle a Mark Zuckerberg. Seguramente perderemos, pero la resistencia cultural es absolutamente obligatoria. Frente a un mundo que exige velocidad, la escuela tiene que alargar los tiempos. Es mucho más valioso que la escuela tenga una huerta y que los chicos aprendan a valorar los procesos (y la posible frustración de que la planta no crezca nunca) a pensar que para estar a tono con la época los chicos tienen que producir todo el tiempo reels para Tik Tok. Hay una frase súper falsa que es esa que dice “se acabó la autoridad de los adultos”. No se acabó, sino que se desdibujó la de los “adultos positivos”: papá, mamá, docente, sacerdote. La autoridad de los adultos está bien fuerte en el influencer que te vende apuestas online, en el de fitness que te explica cómo dejar de comer carbohidratos, en el que tiene casas para alquilar para “previas” donde los chicos terminan cada vez más alcoholizados, en el transa al que tu hijo le cuenta que está depre porque lo dejó la novia. Para estos referentes “negativos” los chicos son objeto de mercado, son público cautivo para enriquecerse, y ahí hay que competir. ¿Cómo? Con la oferta cultural, como ha sido siempre el rol de la escuela.

-El acceso temprano a la pornografía y las apuestas online son dos temas preocupantes. ¿Sentís que las familias están desbordadas o desinformadas?
-El desborde es total, y a veces creemos que la escuela puede solucionar todo. Sí, hay mucha desinformación. Un creer que “esto nada tiene que ver con mi hijo, le pasa a otra gente”. Para mí es una oportunidad para que las escuelas convoquen a las familias para conversar.

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-De qué manera se puede abordar pedagógicamente esa soledad que lleva a usar la IA como confidente o terapeuta?
-Hace poco tomamos conocimiento de una pareja de adolescentes que afrontaron juntos un parto en una casa a partir de las indicaciones de una IA generativa. Nadie sabía que ella estaba embarazada, al menos no lo sabían las familias. Es bastante peligroso pensar que las IA guían comportamientos en situaciones límite.

-La escuela suele funcionar como una caja de resonancia de las crisis sociales. ¿De qué manera se adaptan los equipos directivos y docentes?
-Los directivos y docentes hacen mucho más de lo que pueden y de lo que deben en el marco de sus funciones y salarios. Primero pensemos que, como dice Fernando Peirone, los cambios que involucran la enorme crisis de las narrativas logocéntricas tienen solamente una generación de duración; por lo tanto, estamos todos medio perdidos. Después pensemos que “lo estrictamente pedagógico”, como vos decís, es un concepto bastante fluido, la escuela es una institución de aprendizajes “duros”, por así decirlo (Matemática, Lengua) pero también es una institución de cuidado porque trabajamos con menores. Ahora bien, el equilibrio entre ambas cosas está profundamente alterado. Yo no le puedo pedir al profe de Inglés que haga labor de psicólogo o de trabajador social (...) Faltan otros roles en las escuelas, otros actores educativos permanentes y pagos que puedan ocuparse de estas problemáticas. Y sí, la educación mejora con inversión seria, no con parches ni con discursos bonitos donde recargamos laboralmente a los profes, los dires y los preceptores.

-Muchos docentes advierten una mayor intolerancia y hostilidad en las aulas. ¿Cuánto de esto se explica por la falta de presencialidad afectiva o la dificultad para vincularse cara a cara?
-Es un fenómeno multicausal, recordemos que recién dijiste muy bien “caja de resonancia”. A mí me gustaría conversar sobre dos temas que están muy relacionados. Primero, cómo se confundió la perspectiva de derechos (a la que super adhiero) con una cultura del consumidor enojado. Esto de “mi mamá te paga a vos” (por la docente), que va generando un malestar donde si la docente dice algo que al joven no le gusta instantáneamente ese joven (o sus padres) están habilitados para responder o hacer cualquier cosa. Esto genera, directamente, miedo a educar. Si yo no puedo corregir, ¿cómo educo? Segundo, quisiera alertar sobre confundir democracia con cultura del insulto o ausencia de reglas. Está pasando en la sociedad y lo vemos desde las más altas esferas, una rotura de básicos códigos de convivencia.

-¿Qué herramientas tienen las escuelas cuando estallan en el aula conflictos que nacen en redes sociales?
-Sí, la mayoría de los conflictos escolares arrancan en redes. Antes arrancaban en el boliche o en el club o en la plaza. Vuelvo a algo que siempre digo: estamos precisando una alfabetización emocional que permita volver a reconocer al otro como sujeto que sufre. Pasa con la pornografía, pasa con las true crime community, pasa en mil espacios. Es un tema delicadisimo y se relaciona con esta dificultad de distinguir la ficción de la realidad. Parece que si yo a la noche, desvelado, con el celular en la mano, puse un mensaje agraviante sobre la novia de Juanito en Instagram, espero que mañana en el colegio nada suceda al respecto, como si fuesen dos esferas distintas (...) Estamos teniendo serias dificultades para que se comprenda que la identidad digital no es una identidad ficticia, aunque tu arroba, tu alias, tu avatar, diga un nombre falso.

-¿Qué opinas de rituales como el UPD?
-Los rituales arrancaron con la necesidad de que la escuela acompañe las culturas juveniles y se fue completamente de las manos. Es imprescindible volver a la idea de escuela como espacio de aprendizaje y como espacio con ciertos códigos de comportamiento y vestimenta (ah, sí, voy a decir cosas conservadoras) porque no, no está bueno entrar a la escuela con la misma pilcha del boliche, con resaca, trasnochado. Es un lugar de trabajo donde vamos a aprender y a enseñar. Yo soy muy crítica con los “desayunos”, donde recibimos a los chicos resacosos, todos sabemos que son menores que vienen alcoholizados y es como que avalamos el hecho.

-¿Y sobre los casos de falsas amenazas de bombas en las escuelas?
-Las falsas amenazas es un tema diferente, asociado a “desafíos” de redes que incrementan la vulnerabilidad adolescente, y también el no registro de lo real. Es un delito, pueden allanar tu casa, hay multas y capaz que hasta vas preso si la edad te acompaña. Una vez más: alfabetización emocional para distinguir lo real de lo ficcional y trabajo serio para entender que la identidad digital es real.

-¿Qué impacto está teniendo la IA en los procesos de aprendizaje?
-Una cosa son las IA generativas con personas que ya están alfabetizadas o sobre alfabetizadas y otra muy diferente pensar en la IA como muleta para alguien que todavía no sabe ni leer ni escribir. Los aprendizajes fundamentales precisan momentos analógicos cada vez más largos, y momentos en aula bastante tradicionales, mal que les pese a los que les gusta repetir la cantinela poco feliz de la “escuela obsoleta”. Y si no mirá cómo están educando los superricos a sus hijos: sin pantallas, con libros soporte papel, juguetes analógicos, mucha madera. La “nueva” brecha digital es entre los sectores más bajos que estarán ‘estupidizados’ con el smartphone para preguntar a una IA cuánto es dos por dos mientras que los muy ricos reservarán espacios de pensamiento crítico y el manejo del mundo. Desigualdad, que le dicen.