La escena se volvió habitual en los supermercados: una góndola cada vez más poblada de envases celestes y rótulos “natural” y “griego”, mientras en redes se multiplican recetas y reels que lo venden como base “light” para ensaladas, bowls y postres. Con esa pregunta —si se trata de una herramienta práctica para comer mejor o apenas una etiqueta atractiva— la nutricionista Samar Issa propuso ir a lo esencial: qué es cada producto, cómo se hace y qué cambia cuando el yogur deja de ser “saborizado” para volver a su versión más simple.
Para Issa, el auge actual tiene más de regreso que de moda inventada. “El yogur natural o el yogur griego son productos ancestrales: no es un producto que se ha creado ahora”, dijo. Lo que cambió, explicó, es lo que durante años ocupó el centro de la góndola: versiones endulzadas, con “sabor vainilla”, “frutilla” y distintos agregados.
“Tenemos el yogur común, denominado con edulcorante o con azúcar, tanto descremado como entero, pero tienen conservantes, aditivos, colorantes”, describió. Y resumió la curva de consumo: “Hace unos años no existía el ‘natural". Siempre estaba endulzado. Después vino la ola de los edulcorantes y hoy vuelven a su origen estos yogures que se ponen de moda”.
La diferencia concreta: “el griego es el natural concentrado”
En el punto más importante, Issa bajó la discusión a una definición precisa. “Tenemos dos tipos ahora: el natural y el yogur griego. ¿En qué se diferencian? El yogur griego sería como el natural concentrado en proteínas”, explicó.
Ese “concentrado” no es un eslogan: “se elimina el suero lácteo. Entonces hay una concentración de proteínas”. Por eso, en su descripción, el griego “tiene menos lactosa y duplica las proteínas”. La conclusión no es que uno “gane” siempre, sino que cambia el criterio de uso: “es un buen producto, dependiendo de los objetivos que tengamos”.
No hay un “ideal” universal: depende del objetivo y del contexto de salud
Consultada por usos concretos, la nutricionista insistió con una idea: el yogur se puede incorporar, pero no como receta única para todos. “Los yogures los podemos incorporar, pero hay que buscar un equilibrio. Se pueden usar en un desayuno tradicional, una merienda, una colación”, enumeró.
Además, corrió al yogur natural del lugar de “dulce obligatorio”: “si hablamos de un yogur natural sin endulzar, que es neutro, lo podés utilizar para preparaciones saladas, incluso reemplazarlos por crema en salsas”. En esa comparación fue directa: “nutricionalmente, es de mejor calidad que la crema”.
Consultada por “el yogur ideal”, lo cerró con una salvedad que, en clave de servicio, importa: “depende: natural o griego, según objetivos. Siempre hay que ver cada caso particular; si hay una patología de base, analizar ciertas cuestiones”.
El mito del “light”: por qué defiende el entero
Sobre el descremado, lo formuló como un mito instalado: “hoy rompemos ese mito: el mejor es el entero”.
¿Su razón? Menos intervención y más saciedad. “Da más saciedad. Ahí se conservan de manera natural las vitaminas liposolubles: A, D, E y K, y también tiene menos procesado”, argumentó. Y agregó una crítica a la lógica de “lo hago más sano” a fuerza de procesos: “llevar un producto originario —la leche— que tiene crema y grasa, a un proceso en el cual tienen que desnatarlo, incorporar vitaminas, endulzar, sumar conservantes. Se van incorporando un montón de cosas, adulterando el producto”.
El “checklist” de góndola: tres cosas para mirar antes de comprar
Cuando la conversación fue a la etiqueta y al precio, Issa lo resolvió con un esquema simple. Para buscar “un buen producto”, propuso mirar:
-
que sea natural o griego, según el objetivo,
-
que no tenga endulzantes,
-
y la fecha ( de elaboración y vencimiento).
En el mismo tramo reforzó su regla general: “En general, el yogur ideal sería natural o griego y sin endulzar: que no tenga dulces ni aditivos; más que todo, edulcorantes o azúcar; que no tenga colorante; que sea natural”.
De “triste” a usable: cambiar el paladar y sumar comida real
Para quienes sienten que el yogur neutro “no va”, Issa propuso un enfoque gradual: “primero hay un proceso: uno tiene que cambiar el paladar. Esto es como agregarle menos sal, menos azúcar”.
Después, lo práctico: “podés agregar pedazos de fruta natural, frutos secos o algunos cereales integrales… Tiene el dulzor propio de la fruta. Pero fruta natural”.
Yogur casero y textura tipo “griego”: lo mínimo y el paso clave
En el cierre, Issa explicó qué necesitás para hacerlo en casa: “la composición del yogur es leche más una muestra de yogur natural (un pote pequeño)”. Y sumó un recurso opcional: “Si lo querés más firme, le podés poner un poquito de leche en polvo”.
También describió las etapas del proceso (temperatura, cultivo y fermentación) y para qué sirven los dispositivos: “Las yogurteras mantienen ese calor constante para que se fermente adecuadamente”. Y dejó el paso final para lograr textura tipo griego: “lo tenés que colar unas cuatro horas aproximadamente para sacar el suero lácteo, y ahí obtenés el yogur griego.”