Un ingeniero y aficionado al arte se convirtió en protagonista de una historia que cruza azar, filantropía y patrimonio cultural: Ari Hodara fue el ganador de una rifa benéfica internacional y obtuvo una obra original de Pablo Picasso valuada en más de US$1,2 millones, tras haber pagado apenas US$118 por su participación.
El sorteo que convirtió una apuesta mínima en una obra millonaria
El anuncio llegó de manera inesperada. Hodara, de 58 años, respondió una videollamada proveniente de la casa de subastas Christie's en París y recibió la noticia: su número, el 94.715, había sido seleccionado entre más de 120.000 participantes de todo el mundo.
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“¿Cómo sé que no es una broma?”, fue su primera reacción ante una situación que, incluso para él, resultaba difícil de creer. La rifa formaba parte de una iniciativa solidaria que vendía boletos a 100 euros (unos US$118), con el objetivo de recaudar fondos para la investigación del alzhéimer.

En total, la campaña logró reunir cerca de 11 millones de euros (unos US$13 millones), consolidándose como una de las acciones benéficas más exitosas vinculadas al arte en los últimos años.
La obra: un retrato íntimo en tiempos de guerra
El premio de esta edición fue “Cabeza de mujer”, una pieza realizada en 1941 por Pablo Picasso en gouache sobre papel. La obra representa a Dora Maar, artista surrealista y una de las figuras más influyentes en la vida del pintor durante ese período.
El retrato, que responde al lenguaje cubista característico de Picasso, fue creado en un contexto histórico atravesado por la Segunda Guerra Mundial, lo que le añade una dimensión simbólica y emocional. Dora Maar no solo fue musa, sino también colaboradora y testigo de una de las etapas más complejas del artista.
La iniciativa “Un Picasso por 100 euros” no es nueva. Se trata de la tercera edición de esta rifa benéfica, que tuvo su primera realización en 2013 y que desde entonces ha combinado el atractivo del arte de alto valor con causas sociales.
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El modelo es simple pero poderoso: democratizar el acceso simbólico a obras maestras, permitiendo que miles de personas participen con un aporte relativamente bajo, mientras se generan fondos significativos para la investigación médica.
Más allá de la anécdota individual, el caso pone en evidencia el potencial del arte como herramienta de recaudación y concientización. La posibilidad de que una obra de valor millonario termine en manos de un participante común refuerza el atractivo de este tipo de iniciativas y amplía el alcance del mercado artístico más allá de coleccionistas tradicionales.
Para Hodara, la experiencia fue tan inesperada como transformadora. Compró el boleto casi por casualidad durante el fin de semana, sin imaginar que terminaría siendo propietario de una pieza única en la historia del arte moderno.
La historia, que rápidamente se volvió viral, combina tres elementos que rara vez coinciden con tanta claridad: azar, patrimonio cultural y solidaridad. Y confirma que, en ocasiones excepcionales, el arte también puede ser cuestión de suerte.
LV