En esta fecha se cumplen exactamente 115 años de un hito que transformó la cultura popular: la primera vez que la sociedad española, de forma unificada y masiva, recibió el año nuevo consumiendo doce uvas. Aquel 1 de enero de 1910 no fue un comienzo de año cualquiera, fue el nacimiento de una tradición que hoy une a millones de personas.
Su historia nos traslada a los últimos meses de 1909 cuando los viticultores de la zona de Alicante y Murcia se enfrentaban a una situación crítica: una cosecha de uva blanca excepcionalmente abundante que amenazaba con pudrirse en los campos. La solución no vino de la política, sino directamente del ingenio comercial.
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A causa de ello, para dar salida a la producción, se inició una campaña publicitaria que presentaba a la uva como la "fruta de la fortuna". Se instó a los ciudadanos a que, al recibir el nuevo año, consumieran una uva por cada mes. La propuesta fue tan exitosa que, al sonar la medianoche que daba paso al 1 de enero de 1910, el país entero se sumó al ritual.

Un fin de año con toda la furia
Del sarcasmo a la costumbre popular
Aunque antes de 1910 existían antecedentes de ciudadanos madrileños que acudían a la Puerta del Sol para comer uvas (originalmente como una protesta burlona contra las restricciones municipales y la sofisticación de la aristocracia que imitaba gustos franceses), fue la institucionalización de 1910 la que le dio el carácter de "tradición nacional".
Ese primer día de enero de 1910 marcó un antes y un después. Lo que nació como una estrategia para salvar la economía de los agricultores de la variedad Aledo, terminó convirtiéndose en un elemento de la identidad hispana.