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Orelie Antoine I: El abogado francés que desafió a dos estados como Rey de la Araucanía y Patagonia

La travesía de Orélie Antoine de Tounens entre 1860 y 1878 transformó una ambición personal en un conflicto diplomático. Un relato sobre monarquías imaginarias y la resistencia mapuche en el sur.

Orelie Antoine I
Orelie Antoine I | wikipedia

Orélie Antoine de Tounens nació en Francia en 1825, en el seno de una familia de la baja nobleza rural del Périgord. Ejerciendo como abogado en su país natal, desarrolló una fascinación por las gestas épicas y el derecho constitucional, lo que finalmente lo impulsó a proyectar un reino en América.

En 1858, Tounens desembarcó en el puerto de Coquimbo con una idea fija: unificar a las tribus indígenas bajo una monarquía constitucional. El francés argumentaba que las tierras al sur del río Biobío y el río Negro no pertenecían legalmente ni a Chile ni a la Confederación Argentina.

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El abogado dedicó dos años a aprender las costumbres locales y a establecer contactos con los loncos más influyentes de la región. Su retórica, basada en la protección de la autonomía indígena frente al avance de los ejércitos nacionales, encontró eco en líderes como el cacique Quilapán.

El 17 de noviembre de 1860, mediante un decreto redactado por él mismo, Tounens proclamó la creación del Reino de la Araucanía. Tres días más tarde, tras considerar que la Patagonia era un territorio virgen de soberanía estatal, decidió anexar dicha región a sus dominios imaginarios.

Orelie Antoine I

Bajo el nombre de Orélie Antoine I, el flamante monarca diseñó una bandera tricolor (azul, blanco y verde) y compuso un himno nacional. También redactó una constitución basada en el modelo francés de 1852, estableciendo ministerios y un consejo de estado para organizar su administración.

El conflicto con la soberanía nacional y la respuesta de los Estados

Las autoridades chilenas no tardaron en reaccionar ante lo que consideraban una amenaza a la integridad territorial. En 1862, el francés fue capturado en las cercanías del río Malleco tras ser traicionado por uno de sus guías, lo que marcó el inicio de un proceso judicial polémico.

Durante su cautiverio, el autoproclamado rey fue sometido a exámenes médicos para determinar su estado mental. El juez de la causa, influenciado por las presiones del consulado francés, optó por declararlo insano en lugar de traidor, facilitando así su posterior expulsión hacia Europa.

A pesar del destierro, el sueño de la monarquía patagónica no se disipó en la mente de Tounens. El abogado regresó al cono sur en tres oportunidades más, intentando burlar los bloqueos navales y las patrullas terrestres para reencontrarse con sus aliados mapuches en la cordillera.

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En Francia, Orélie Antoine I intentó sin éxito obtener el reconocimiento oficial de Napoleón III para su reino. Ante la falta de apoyo estatal, comenzó a emitir títulos de nobleza y a acuñar monedas de circulación teórica para financiar sus expediciones hacia el Atlántico Sur.

La historiografía argentina ha tratado tradicionalmente el caso de Tounens como una curiosidad pintoresca o un delirio individual. Sin embargo, su presencia en la región aceleró los planes de ocupación territorial definitiva, conocidos posteriormente como la Conquista del Desierto.

Como señala el historiador chileno Armando Cartes Montory, el francés "puso en jaque la diplomacia regional al utilizar las propias herramientas del derecho internacional". Su argumento sobre la autodeterminación de los pueblos indígenas resultó incómodo para las repúblicas en formación.

Los últimos años de Orélie Antoine transcurrieron en la pobreza extrema, trabajando como farolero en su pueblo natal. Murió en 1878 sin haber vuelto a pisar sus dominios, pero dejando una línea de sucesores simbólicos que mantienen la pretensión del trono hasta la actualidad.

Hoy en día, la Casa Real de la Araucanía y Patagonia funciona en París como una organización dedicada a la defensa de los derechos de los pueblos originarios. Lo que comenzó como una ambición personal terminó integrándose al folclore político y al misterio de las tierras australes.

La figura de Tounens representa la intersección entre el romanticismo europeo del siglo XIX y la realidad cruda de la frontera americana. Su corona de acero y cuero sigue siendo un símbolo de las tensiones no resueltas sobre la soberanía en los confines del mundo.