Este jueves 12 de marzo, el santoral católico celebra la fiesta de San Luis Orione (Don Orione), uno de los santos más modernos y dinámicos del siglo XX. Discípulo de San Juan Bosco, este sacerdote italiano dedicó su vida a los más olvidados: los huérfanos, los discapacitados y los ancianos. Su lema, "Instaurare omnia in Christo" (restaurar todo en Cristo), no fue solo una frase teológica, sino un plan de acción que lo llevó a cruzar océanos para llevar consuelo y dignidad a quienes la sociedad descartaba.
Don Orione y la confianza absoluta en la Divina Providencia
La hagiografía italiana destaca su figura como la de un hombre que nunca tuvo miedo a los desafíos materiales; él solía decir que "la caridad no pregunta de dónde vienes, sino cómo te puedo ayudar". Fuentes relatan cómo, tras los devastadores terremotos de Messina y Reggio Calabria, Don Orione trabajó personalmente entre los escombros para rescatar niños. Su confianza en la Providencia era tan radical que solía iniciar obras monumentales sin un centavo, confiando en que Dios proveería a través de la generosidad de la gente.
Los milagros atribuidos a su intercesión se cuentan por miles, especialmente relacionados con la multiplicación de alimentos y la protección en momentos de peligro. Los registros históricos mencionan que su cuerpo permanece incorrupto, un fenómeno que los fieles ven como un signo de su santidad viva. En 1934, durante su visita a la Argentina para el Congreso Eucarístico Internacional, dejó una profecía de esperanza sobre el país, asegurando que la Argentina sería una tierra de paz y de fe para el mundo.
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La devoción actual a San Luis Orione lo posiciona como el patrono de los voluntarios y de las instituciones de asistencia social. En la liturgia, se resalta su profundo amor por el Papa y la Iglesia, a quienes defendió con vigor. Los fieles recurren a él para pedir por los niños que sufren abandono, por las personas con discapacidad (a quienes él llamaba "sus perlas") y para obtener la gracia de una caridad que no conozca fronteras ni prejuicios.
La oración dedicada a este santo suele pedir un corazón grande y generoso. Los devotos suelen rezar: "Señor, danos un corazón como el de Don Orione, capaz de amar a todos y de servir a los más pobres con alegría". Es común invocarlo para pedir trabajo y por la salud de los más débiles, recordando que él mismo se consideraba un "rastrillo de Dios", barriendo la miseria para dejar paso a la luz de la esperanza y la dignidad humana.
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Junto a este apóstol de la caridad, el santoral católico recuerda hoy a San Teófanes el Cronista y a San Maximiliano de Tébessa. Durante esta semana hemos transitado por el valor de San Eulogio de Córdoba ayer y nos preparamos para la memoria de Santa Matilde este 14 de marzo. El próximo martes 17 de marzo se celebrará a San Patricio, manteniendo una secuencia de santos que, desde la acción o la palabra, transformaron su entorno.
En la Ciudad de Buenos Aires, su legado es tangible en el Cottolengo Don Orione (especialmente el de Claypole, pero con fuerte presencia en toda la ciudad) y en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Barracas. Sin embargo, su corazón físico descansa en la Argentina, en el santuario de Claypole, cumpliendo su promesa de que "vivo o muerto, regresaría a esta tierra". Es un lugar de peregrinación constante donde los fieles argentinos agradecen su protección y piden que su espíritu de "caridad y solo caridad" siga vigente en nuestra sociedad.