DEPORTES
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Nunca juegues un picadito con narcos

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Alguien habrá pensado que era una buena idea. Aunque ahora no se haga cargo, aunque no haya quedado pegado, seguramente hubo algún directivo de la cárcel que imaginó que un picadito entre los presos era una buena idea. Unas horas de distracción, de camaradería, de convivencia. Después de todo, solo es un partidito. La fecha ayudaba: 31 de diciembre. Día, además, de visitas. No puede fallar, se convenció el tipo: clima de fin de año, familiares por todos lados, dos arcos y una pelota. Los presos esta vez tendrán la oportunidad de compartir una jornada de compañerismo. Si Mandela usó el rugby para pacificar Sudáfrica, por qué el fútbol no puede traer algo de paz al patio de este presidio mexicano. El sujeto se entusiasmó con su propia propuesta y ordenó que prepararan todo para un picado. Los rivales serían los de siempre: los del Cartel del Golfo contra los del Cartel de los Zetas, las dos bandas más peligrosas del penal. Cuando recibieron la propuesta, los equipos ya estaban armados, en todo sentido.

Se suponía que la rivalidad, ahora, solo debería ser una cuestión deportiva. Pero todo se descontroló. El fútbol, se sabe, a veces impulsa reacciones disparatadas. Una pierna fuerte, un fallo dividido, un gol anulado, entonces la razón se empaña, hay gritos, reclamos desmesurados y más pierna fuerte. En el Centro Regional de Reinserción Social, en Zacatecas, ocurrió eso. Vaya uno a saber cómo arrancó, lo cierto es que el partido se calentó. Y cuando los jugadores que se fastidian son narcos de los dos carteles mexicanos más violentos, nada puede terminar bien. La batalla campal fue inevitable. Mientras los guardias se ocupaban de proteger a los familiares, en la cancha se daban todos contra todos. El desenlace fue letal. La pelota se había movido a las tres de la tarde y dos horas después sobre el campo de juego quedaba un tendal de 16 muertos y cinco heridos.

Los informes de la penitenciaría señalan que todas las víctimas fatales eran presos y que después de la disputa encontraron cuatro armas de fuego y varias armas blancas. Un día antes, en una requisa, los guardias habían incautado cuchillos, tijeras, drogas y teléfonos celulares.

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El último día de 2019 no hubo sidra, ni pan dulce, ni mantecol en el penal mexicano. El fútbol, que a lo largo de la historia muchas veces funcionó como un ámbito de paz y camaradería, esta vez falló. No pudo con estas dos bandas narcos acostumbradas a resolver los conflictos a los tiros.