Durante décadas, la carne vacuna ocupó un lugar central en la mesa de los argentinos. Sin embargo, esa relación comenzó a cambiar: Cada vez compite más con el pollo y el cerdo, que ganaron terreno por la diferencia de precios. Mientras el consumo de carne vacuna pierde participación, el pollo se mantiene relativamente estable y el cerdo avanza.
El fenómeno ocurre en un momento particular para la cadena ganadera: cae la oferta de hacienda, crecen las exportaciones y la faena muestra señales de un posible cambio de ciclo. Al mismo tiempo, los precios de la carne vacuna encontraron un límite en una demanda interna con cada vez menos margen para convalidar nuevas subas.
De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado a partir de datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio los precios de los distintos cortes de carne vacuna prácticamente no registraron variaciones. Con un valor promedio de $18.617 por kilo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando así el tercer mes consecutivo con aumentos inferiores a la inflación.
Sin embargo, la estabilidad de los precios no logró frenar la caída del consumo. En mayo, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 47,4 kilos por habitante al año, lo que representó una caída del 6,4% respecto del mismo mes del año anterior.
La oferta de carne vacuna cayó y las exportaciones ganaron participación
Los datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) muestran una contracción significativa de la oferta durante el primer semestre del año. Entre enero y junio de 2026, la producción de carne vacuna alcanzó 1,428 millones de toneladas res con hueso, un 6,2% menos que en el mismo período de 2025.

En términos absolutos, la industria produjo 93.860 toneladas menos de carne vacuna que durante la primera mitad del año pasado. La menor oferta de hacienda para faena fue parcialmente compensada por un mayor peso de la res, producto de la recría a campo, pero no alcanzó para evitar la caída de la producción total.
Al mismo tiempo, las exportaciones avanzaron. Durante los primeros seis meses del año habrían alcanzado 408.600 toneladas res con hueso, un 10,2% más que en el mismo período de 2025. De esta manera, los mercados externos absorbieron casi 38.000 toneladas adicionales en la comparación interanual.
El resultado fue una reducción de la carne disponible para el mercado interno. Según CICCRA, el abastecimiento doméstico experimentó una caída del 11,5% interanual durante el primer semestre, en un contexto en el que el menor poder de compra de los hogares se combinó con el aumento del precio relativo de la carne vacuna.
El consumo per cápita de carne vacuna cayó a 47 kilos anuales mientras que el pollo y el cerdo ganan terreno
El promedio de los últimos doce meses del consumo per cápita de carne vacuna se ubicó en 47 kilos por habitante al año, un 8,2% menos que en junio de 2025. La caída equivale a 4,2 kilos menos por persona.
Sin embargo, desde la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMyA) advirtieron que esa baja no se refleja con la misma intensidad en el movimiento comercial del sector. Leonardo Rafael, vicepresidente de la entidad, explicó para PERFIL que parte de la menor faena local podría estar siendo compensada por el ingreso de carne importada desde Brasil.
“Cuidado con esta baja sustancial del 8% del consumo, nosotros quizás no la vemos reflejada porque vemos que hay mucha introducción de carne proveniente de Brasil, envasada al vacío”, señaló.
Según explicó, distintos operadores están importando esa mercadería para abastecer segmentos de precios inferiores a los que permite actualmente una faena habitual destinada al mercado interno.
“Quizás lo que se ve en la faena, el reflejo que se ve en la faena de caída, pueda estar un poco absorbido también por esta importación”, sostuvo. Y agregó: “A nosotros no nos alerta esta situación, estamos con las mismas ventas y medianamente con las mismas faenas”.
La observación introduce un matiz sobre la caída del consumo aparente, ya que una parte de la menor disponibilidad de carne producida localmente podría estar siendo reemplazada por mercadería importada. De hecho, durante los primeros cinco meses del año ingresaron más de 11.500 toneladas de carne vacuna importada, un volumen todavía reducido frente al tamaño del mercado interno, pero que comienza a integrarse a la oferta total disponible para los consumidores.
Más allá de las variaciones mensuales, la evolución de los últimos años muestra una tendencia descendente en el consumo de carne vacuna, mientras que el cerdo avanza y el pollo se mantiene relativamente estable.
En 2021, el consumo promedio de carne vacuna alcanzaba los 49,2 kilos por habitante al año. Según los datos disponibles a mayo, actualmente se ubica en 47 kilos, cerca de dos kilos menos por persona.
En paralelo, el consumo de carne aviar pasó de 46,2 kilos per cápita en 2021 a 46,7 kilos en la actualidad. La carne porcina, en tanto, incrementó su participación de manera sostenida, al avanzar de 15 a 19,6 kilos por habitante al año durante el mismo período.
Así, el consumo agregado de las tres principales carnes en Argentina aumentó desde un promedio de 110 kilos por habitante al año en 2021 hasta cerca de 114 kilos en la actualidad.
Esto significa que, aunque la carne vacuna perdió participación, el consumo total de las principales proteínas animales se mantuvo elevado. Argentina continúa ubicándose entre los mayores consumidores de carne del mundo, por detrás de Estados Unidos y por encima de otros importantes productores y consumidores como Brasil y Australia.
La faena cae y la ganadería podría estar entrando en una nueva etapa
La menor oferta de carne vacuna está directamente vinculada con la caída de la faena. En junio, la actividad de la industria frigorífica vacuna continuó en niveles bajos debido a la menor disponibilidad de hacienda para faena, aunque mostró una mejora respecto de los cinco meses previos.
En total, se faenaron 1,077 millones de cabezas, un 5,1% menos que en junio de 2025, aunque un 2,9% más que en mayo al corregir la comparación por la cantidad de días laborables.

El dato más relevante aparece en la composición de la faena. La participación de las hembras cayó al 45,3% del total, el nivel más bajo para un mes de junio desde 2021. La faena de hembras se redujo 10,3% interanual, mientras que la de machos cayó apenas 0,4%.
Según CICCRA, esta evolución podría estar señalando una transición desde una intensa fase de liquidación de existencias, que se extendió durante tres años, hacia una nueva etapa de recomposición del rodeo vacuno.
La menor participación de las hembras en la faena resulta consistente con un escenario en el que los productores comienzan a retener vientres para recomponer el stock ganadero.
En el acumulado del primer semestre, sin embargo, la caída de la actividad continúa siendo significativa. Entre enero y junio se faenaron 6,02 millones de cabezas, un 8,9% menos que en el mismo período de 2025 y un 17,8% por debajo del pico registrado en la primera mitad de 2023.
El precio de la carne vacuna encuentra un límite en el consumo
Esta combinación entre una menor oferta, mayores exportaciones y una demanda interna debilitada ayuda a explicar la aparente disociación entre la menor disponibilidad de carne vacuna y la estabilidad de sus precios minoristas.
Durante los últimos meses, el mercado mostró un cambio respecto de períodos anteriores, cuando la elevada inflación explicaba buena parte de los movimientos de los precios. Luego del fuerte ajuste registrado en marzo, cuando los cortes aumentaron más de 10%, los precios ingresaron en una etapa de mayor estabilidad.
En junio, el precio promedio de los cortes relevados por el IPCVA aumentó apenas 0,3%, mientras que el incremento acumulado en los últimos tres meses se mantuvo por debajo de la inflación.

En un contexto de mayor estabilidad macroeconómica y con una oferta más abundante y competitiva de carnes alternativas, el consumidor parece mostrar una menor disposición a convalidar aumentos bruscos en el precio de la carne vacuna.
En otras palabras, el menor poder de compra y la existencia de sustitutos más baratos funcionan como un límite para la capacidad de la cadena de trasladar los aumentos al consumidor.
Esta situación podría prolongarse durante buena parte del segundo semestre, favorecida por una mayor disponibilidad estacional de hacienda terminada y por una estrategia generalizada de retención de animales para agregar kilos antes de la faena.
Sin embargo, el inicio de una eventual recomposición del rodeo podría generar nuevas tensiones sobre la oferta en el futuro. Si los productores retienen más hembras para recuperar el stock ganadero, la cantidad de animales disponibles para faena podría mantenerse limitada durante un período prolongado.
La carne importada comienza a sumarse a la oferta
A la competencia del pollo y el cerdo se suma un nuevo componente: el ingreso de carne vacuna importada.
Durante los primeros cinco meses del año ingresaron más de 11.500 toneladas de carne vacuna, un volumen todavía reducido frente al tamaño del mercado interno, pero que comienza a integrarse a la oferta total disponible para los consumidores.
Este componente constituye otro de los cambios que comienzan a observarse en el mercado argentino y que acercan su funcionamiento al de otros grandes países productores y exportadores de carne vacuna.
En esos mercados, una mayor apertura comercial y una demanda doméstica más diversificada favorecen una integración más eficiente entre el consumo interno y las exportaciones.
FN/ML