Para que Vaca Muerta materialice su postergado salto exportador y alcance la meta de 1,5 millones de barriles diarios en 2031, la cuenca neuquina está obligada a derribar primero una barrera física. Hoy, la inyección de gas en los gasoductos troncales choca contra un techo técnico: si no se separan previamente el propano, el butano y las gasolinas, el hidrocarburo pierde la especificación requerida para viajar por los caños. Esa saturación de líquidos es, en los hechos, el principal cuello de botella operativo del mapa energético local.
Para dinamitar esta limitación, Transportadora de Gas del Sur (TGS) presentó en Nueva York el Proyecto NGL’s, una megainversión que demandará unos USD 3.000 millones y proyecta ventas al exterior por más de USD 1.200 millones anuales.
El anuncio operó como una auténtica demostración de fuerza durante la Argentina Week. En las oficinas del Bank of America se congregó la primera línea de la política y el sector energético. La presentación fue escuchada atentamente por el ministro de Economía, Luis Caputo —quien aportó el respaldo oficial en la apertura pero se retiró antes de la ronda de preguntas técnicas—, y el secretario Coordinador de Energía y Minería, Daniel González. La platea VIP se completó con los gobernadores patagónicos Rolando Figueroa (Neuquén) y Alberto Weretilneck (Río Negro), el presidente de YPF, Horacio Marín, junto a la cúpula anfitriona: los accionistas co-controlantes Marcelo Mindlin (Pampa Energía) y Daniel Sielecki, escoltados por el CEO de TGS, Oscar Sardi.
El cuello de botella y la externalidad positiva
Lejos de los micrófonos, fuentes técnicas explicaron a PERFIL que la obra actuará como una "externalidad positiva" directa para el resto del ecosistema de Vaca Muerta. Al limpiar el gas y destrabar la saturación de los caños, todas las operadoras petroleras que hoy tienen su producción topeada quedarán habilitadas para abrir el grifo y bombear más volumen.
Marcelo Mindlin dimensionó el impacto estructural de la jugada: "Hace más de 25 años que Argentina no concreta un proyecto de procesamiento de líquidos y este es el de mayor magnitud de la historia. Es una inversión clave para solucionar uno de los cuellos de botella que podrían limitar el desarrollo de Vaca Muerta". En términos de fondeo, el empresario fue tajante y garantizó que los dólares saldrán de la "caja de TGS, el cash flow propio y bancos globales".

Hasta hoy, el tratamiento en las etapas iniciales de la cuenca apenas busca que el gas logre el estándar mínimo de transporte. Los líquidos extraídos terminan en circuitos ineficientes o de baja escala, como inyecciones marginales en el oleoducto de Oldelval o costosos traslados en camiones. El Proyecto NGL's viene a barrer con ese esquema de transición para maximizar la rentabilidad de cada molécula.
Tratayén, el poliducto y el polo bonaerense
El despliegue de capital atravesará Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, estructurado en tres nodos críticos. El primero exige la ampliación acelerada de la planta de Tratayén (Neuquén), que absorberá la mayor tajada de los fondos. La ingeniería prevé instalar dos unidades de procesamiento de "fierros nuevos" y reconvertir dos ya existentes, escalando la capacidad a 43 millones de metros cúbicos estándar diarios.
El segundo eslabón es la construcción de un poliducto exclusivo para líquidos de 573 kilómetros (20 pulgadas de diámetro) que unirá Tratayén con el polo petroquímico bonaerense.
Finalmente, en Bahía Blanca, se erigirá una planta de fraccionamiento greenfield —construida íntegramente desde cero— con un tope de 2,7 millones de toneladas anuales. Este complejo portuario incluirá tanques de almacenamiento específicos para acopiar las fracciones C3 (propano), C4 (butano) y C5+ (gasolinas) antes de subirlas a los buques. Según precisó Oscar Sardi, la fase de construcción será un inyector de liquidez en la economía real, estimando la creación de 4.000 empleos directos y 15.000 indirectos.
Viraje comercial: de transportista a trader global
El proyecto redefine el ADN corporativo de TGS. La empresa dejará de operar exclusivamente como un peaje de servicios de transporte para asumir los riesgos y beneficios de un negocio exportador pesado. TGS pasará a comprarle los gases asociados directamente a las petroleras en la cuenca, los procesará, los transportará por su ducto propio, los fraccionará en la costa y los venderá al mundo.
El mercado objetivo cero consumo interno. Como la plaza doméstica ya está abastecida, el 100% del volumen apuntará a la región y al sudeste asiático, un mercado que en la compañía definen como "globalmente insatisfecho". Si bien en los pasillos corporativos reconocen que todavía no hay contratos off-take (acuerdos de compra garantizada) firmados, apuestan a que la escala del proyecto y el horizonte de largo plazo traccionarán naturalmente la demanda internacional.
Al volcar propano y butano al mercado exterior, el valor que se paga por millón de BTU en el mercado de gas natural prácticamente se duplica como commoditie. Estos derivados se negocian en un mercado hiperlíquido, con precios atados a índices globales que espejan el comportamiento del crudo. Además, la planta greenfield bahiense deja una carta fuerte para el futuro: si una nueva industria petroquímica decidiera radicarse en el polo, TGS ya tendrá los tanques llenos para abastecerla.
El RIGI, el FID y los 45 meses
En Wall Street y en la City porteña saben que una hoja de ruta de esta magnitud no se sostiene sin un marco jurídico blindado. En las oficinas de TGS admiten que la adhesión al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es "determinante". Sin el paraguas cambiario y fiscal de ese régimen, estructurar el financiamiento internacional resultaría una quimera técnica.
Con la mira puesta en el RIGI, TGS corre contrarreloj para concretar el Final Investment Decision (FID) en una ventana de 60 días. Una vez superado ese hito financiero y cerradas las licitaciones internacionales de los contratos, se activará el cronograma: 45 meses de obra. La ingeniería prevé que los ductos comiencen a llenarse de líquidos unos cinco meses antes del corte de cinta comercial definitivo.
AM
En términos del mapa de negocios del GNL, mientras YPF diseña en Río Negro su monumental planta de GNL (orientada a licuar el gas para exportarlo a ultramar), TGS avanzará por un carril paralelo enfocado en barrer los líquidos.