Johann Wolfgang von Goethe ni se llegó a imaginar hace más de dos siglos que algún día existiría un
país llamado
Argentina con un organismo denominado INDEC. Tampoco pudo sospechar que el manejo
discrecional de las estadísticas públicas llevaría a los habitantes de ese país a una caótica
existencia en la que nadie sabría a ciencia cierta si los números dicen lo que dicen,
al punto de generar un enfrentamiento entre los funcionarios de un mismo gobierno.
Nadie sabe a qué
parámetros atenerse para las discusiones salariales. Se manejan aumentos tan
disímiles como del 12 y del 40 por ciento. Cada parte maneja los porcentajes según su propio
interés, sin que se cuente con una referencia confiable. En los pasillos de la sede del INDEC, los
afiliados de ATE desafían a sus pares de oficialista UPCN: "¿quieren discutir paritarias con el 8,5
por ciento?" La respuesta llegó el miércoles a la noche por boca del líder de la CGT y los Camioneros,
Hugo Moyano, secundando al ministro de Trabajo,
Carlos Tomada, en el anuncio de un aumento escalonado del 19,5 por ciento para los
choferes.
¿Cómo se entiende que el empresariado salga a apoyar de inmediato el acuerdo que los
obligaría a pagar un aumento que más que duplica la inflación oficial de 2007 y casi triplica la
pauta para este año? En un mismo país,
la inflación de las provincias, que por catorce años coincidió con la del área
metropolitana en un 98 por ciento,
pasó repentinamente a triplicarla. En consecuencia, el dinero necesario para
superar la línea de pobreza no puede ser el mismo en Buenos Aires que en Mendoza y tampoco los
requerimientos de incrementos salariales.
¿Habrá que recurrir a paritarias desdobladas por región? ¿A que parámetro deben
atenerse comerciantes de diferentes provincias al cerrar una operación? El acceso al mercado de capitales en moneda doméstica quedó virtualmente vedado.
Solamente alguien muy desinformado podría interesarse por un bono en pesos indexado en base a una
inflación en la que nadie confía. Con su regreso al ruedo,
Roberto Lavagna y el propuesto embajador en Berlín,
Guillermo Nielsen, podrán informar cuál fue el Gobierno que decidió ajustar la
deuda pública por CER. Y aconsejarle al ministro
Martín Lousteau de dónde sacar los recursos para el
tren bala... Tampoco se entiende por qué los inversores se niegan a colocar su dinero en bancos que ofrecen
tasas de interés escandalosamente positivas en comparación con el IPC oficial.
¿O acaso sospechan que la inflación es otra y las tasas son en realidad
negativas? Mucho menos creíbles son las tasas de crecimiento del producto cercanas al 9 por ciento con
cortes programados en el suministro del gas y la electricidad a las industrias y los comercios. Por
otra parte,
¿cómo se compatibilizan ese crecimiento y una inflación del 8,5 por ciento anual con un
aumento en la recaudación del IVA del 33 por ciento? Después de más de un año de manipulaciones que alcanzan directa o indirectamente a casi todo el
sistema estadístico,
las dificultades para recomponer lo deteriorado son incalculables. No sólo por la
tarea estadística propiamente dicha, con lo engorroso que puede resultar rehacer la serie
histórica,
sino por un sinnúmero de consecuencias económicas, laborales y judiciales.
Goethe no sabía nada de eso cuando en 1797 escribió
"El aprendiz de brujo", pero en esa premonitoria balada anticipó todos los
inconvenientes que sucedieron
a la decisión de manipular el índice de precios al consumidor tomada 210 años
después.
Trylbi,
el ingenuo aprendiz del hechicero, creyó haber alcanzado la sabiduría de su
maestro al conseguir accidentalmente que un balde y una escoba se pusieran a sus órdenes. Sin
esperar más, dispuso que el balde le trajera el agua necesaria para limpiar el cuarto que el brujo
tenía en la torre de un castillo. Todo marchaba sobre ruedas, hasta que el agua comenzó a desbordar
las escaleras. Pero el aprendiz no conocía las palabras frenar el hechizo y el agua seguía entrando
sin que la pudiera controlar, hasta poner en riesgo la propia vida de Trylbi...
Siglo y medio después Walt Disney llevó la historia al cine, sin sospechar tampoco él que en
el siglo XXI algunos compatriotas de su amigo Molina Campos se encargarían de publicar unos dibujos
no tan enternecedores. Como Trylbi, l
os responsables de la alteración del IPC aquel enero de 2007 creyeron que todo comenzaba y
terminaba con una maniobra. Al igual que el personaje de Goethe, trece meses después no
saben cómo poner fin a un embrujo que se les volvió en su contra. Con una mezcla de una supuesta
"viveza" y de visión cortoplacista,
no repararon en que si la mentira tiene patas cortas, la insistencia en la mentira tiene
consecuencias inmanejables.
Los tenedores de bonos
-y los estudios de abogados prestos a representarlos- no van a aceptar mansamente
haber perdido miles de millones de pesos sin ninguna reparación, ni los trabajadores se conformarán
con que les digan que los aumentos nominales que recibieron no fueron suficientes para evitar el
deterioro real de sus ingresos.
Todos estos problemas, derivados de aquella intervención de hace trece meses, son más que
suficientes para que estalle un conflicto entre el ministro de Economía,
Martín Lousteau, y "su" secretario de Comercio Interior,
Guillermo Moreno, debidamente desmentido como indica la secular costumbre en los
gobiernos que en este país han sido. Si hubo o no hubo
golpes puede ser anecdótico,
pero no lo es la desvirtuación del orden jerárquico en un Gobierno nacional.
Aunque sea una obviedad, debe recordarse que
un ministro es más que un secretario y, por si no alcanzara, que el INDEC depende
de la Secretaría de Política Económica, cuyo responsable de los últimos trece meses no parece
sentirse afectado por una intromisión reconocida por los propios empleados del organismo.
¿Los causantes del problema están en condiciones de aportar la solución? Ese no fue
el desenlace en el relato de Goethe. Por el contrario, fue la intervención del
maestro hechicero la que salvó a Trylbi de morir ahogado,
"pero no pudo escapar a la severa reprimenda, que por cierto, tenía bien merecida, de su
maestro y señor".
El INDEC, siempre el INDEC...
Johann Wolfgang von Goethe ni se llegó a imaginar hace más de dos siglos que algún día existiría un país llamado Argentina con un organismo denominado INDEC.