ECONOMIA
UNA CAMPAÑA BUSCA VISIBILIZAR

Menstruar en situación de calle: otra cara de desigualdad

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Indigencia. “Amigos en el camino” trata de concientizar. | NA

“Cada mes, millones de personas menstruamos. Pero algunas personas lo viven en silencio”, comienza diciendo el video de la campaña de “Amigos en el camino”, una organización que trabaja con personas en situación de calle y cuyos voluntarios se ocupan de realidades olvidadas como estas. La campaña consiste en recolectar toallitas, tampones y productos de gestión menstrual para entregar a quienes no acceden a estos elementos ni a la infraestructura mínima necesaria para poder utilizarlos adecuadamente.

Pedir permiso para entrar a un baño público al que a veces les permiten el ingreso y otras no. Falta de agua e insumos para higienizarse. Menstruar en situación de calle agrega una complejidad a un tema de por sí complicado: el de la desigualdad en el acceso a la salud.

En situaciones de pobreza y de calle las recomendaciones generales sobre cómo gestionar la menstruación no son practicables. Unicef señala que la correcta utilización de productos de gestión menstrual –cuando los hay– “requiere tener en cuenta el tiempo indicado de uso de toallitas, tampones, copas u otros insumos, su debida higienización, y la higienización de la persona menstruante”. Esto, continúan en un informe, plantea a su vez “la necesidad de espacios adecuados en donde gestionar la menstruación”. En muchos casos, al no tener acceso a baños, “la persona que está menstruando tiene que utilizar, por ejemplo, una toallita más tiempo del debido. Lo mismo sucede en lugares en donde no hay acceso a elementos de higiene, como agua limpia o insumos de limpieza. En este sentido, la gestión de la menstruación puede ser un desafío extra para las mujeres en situación de calle”. Se trata, destaca la misma organización, de una situación poco visibilizada. Tan poco visibilizada está que casi no existen estudios sobre el tema y que, ante situaciones de crisis humanitarias o emergencias, “las donaciones de productos de gestión menstrual no suelen considerarse un insumo esencial”. Aunque lo sean.

Hay otra dimensión que quienes están en el día a día observan con claridad: además de afectar a la salud, aparece un sentimiento de vergüenza. “Menstruar en la calle no solo es incómodo. Es doloroso. Es no tener un tampón. Es sentir vergüenza por algo natural. Es no tener dónde cambiarse”, explican las voluntarias de “Amigos en el camino”.

“La menstruación es un factor de desigualdad. Los productos de gestión menstrual (PGM) representan un costo para las personas menstruantes, que son, a su vez, la porción de la sociedad con menores ingresos, mayores niveles de precarización, desempleo y pobreza”, resalta Unicef. “Los hogares de menores ingresos son los que sienten los mayores impactos, con niñas y adolescentes que faltan a la escuela o a sus actividades recreativas, y mujeres que se ausentan de sus espacios de trabajo”.

La pobreza extrema y las crisis humanitarias “acrecientan aún más los obstáculos para gestionar la menstruación, socavando derechos humanos fundamentales”, sostiene el estudio. “Los mitos en torno a la menstruación y el hecho de que sea tratada como una cuestión ‘íntima’, incluso vergonzosa, son factores que conducen a su invisibilización”.

En Argentina hay más de 12 millones personas menstruantes. El último cálculo de la Asociación Civil Economía Feminista estimó en $ 81.585 el costo anual de menstruar usando toallitas (para septiembre de 2025) y en $ 98.351 el costo anual de menstruar usando tampones.

El Gobierno eliminó una decena de programas vinculados a la equidad de género. “Eliminamos 13 programas ideológicos del Ministerio de Justicia, entre ellos un programa que se llamaba MenstruAR”, confirmaba el por entonces titular de esa cartera, Mariano Cúneo Libarona. El programa, que el exfuncionario calificó de “insólito”, tenía el objetivo de trabajar en conjunto con gobiernos provinciales y municipales en la capacitación y entrega gratuita de productos de gestión menstrual.