Cuando un país es sede del evento deportivo más importante del planeta, incluso más que un Mundial de Fútbol, generalmente se subestiman los costos, mientras que los beneficios muchas veces se sobreestiman.
Esto se debe al revuelo vinculado al marketing de la cita olímpica además del bullicio generado por los políticos para obtener el apoyo de los residentes de la ciudad que será sede de los Juegos, y Londres 2012 no ha sido la excepción.