El Gobierno proyecta para el próximo año una expansión del 4% del PBI, una inflación del 18% y un dólar de $1.847 hacia diciembre de 2027. Entre los economistas consultados por PERFIL hay coincidencia en que el escenario nominal no luce fuera de alcance, pero aparecen más dudas sobre la actividad. El desafío, advierten, será lograr al mismo tiempo crecimiento, desinflación, superávit fiscal y estabilidad cambiaria en pleno año electoral.
El Presupuesto 2027 llegó al Congreso con una hoja de ruta que vuelve a colocar al equilibrio fiscal en el centro del programa económico, pero que también incorpora supuestos que los analistas miran con distinto grado de cautela.
El optimismo del Presupuesto 2027 choca con la incertidumbre de las elecciones y el escenario global
El proyecto prevé un crecimiento del Producto Bruto Interno del 4%, una inflación interanual del 18% a diciembre y un tipo de cambio de $1.847 por dólar hacia fin de año. A la vez, el Gobierno plantea sostener el resultado fiscal positivo, una de las principales anclas de su política económica. Según el Ministerio de Economía, de concretarse el escenario presupuestario, sería el cuarto año consecutivo con superávit financiero.
El punto que genera mayores reparos entre los economistas consultados no es, sin embargo, la inflación. Tampoco aparece un rechazo generalizado al supuesto cambiario. La principal discusión está alrededor del 4% de crecimiento previsto para una economía que llegará a 2027 después de un desempeño más moderado del esperado durante este año y, además, en medio de un calendario electoral.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ya muestra una economía 2026 menos dinámica que la incorporada originalmente en las previsiones oficiales: las consultoras y entidades participantes estiman un crecimiento promedio de apenas 2,1% para este año.
“Posible, pero exigente”
Federico Pablo Vacalebre, economista y profesor de UCEMA, evita calificar las proyecciones como inalcanzables, pero pone el foco en la consistencia del conjunto.
“No describiría el escenario como algo inalcanzable, pero sí exigente, bastante exigente”, señaló a PERFIL. Para el economista, más que analizar cada número de forma aislada, la clave está en preguntarse si todas las variables podrán cumplirse simultáneamente.
En materia inflacionaria, considera que el 18% previsto por el Gobierno no queda demasiado lejos de las estimaciones privadas. El dato de agosto mostró una suba mensual del IPC de 1,7% y una inflación interanual de 33,5%, mientras que el REM ubicó en 21% la mediana esperada para los próximos doce meses.
Para el especialista, el supuesto que demanda mayor esfuerzo es el crecimiento.
“El consenso privado te habla de 2,9%, por lo cual alcanzar un 4% requiere una aceleración importante en inversión y en sectores que todavía no estás viendo”, planteó. Y agregó que la actividad sigue mostrando un comportamiento heterogéneo.
Su planteo abre una de las principales preguntas que deja el Presupuesto: de dónde saldrá el impulso necesario para que la economía acelere hasta el 4% en 2027.
La inversión, una de las claves
Para Vacalebre, la combinación propuesta supone que el crecimiento deberá convivir con inflación descendente, superávit primario y una dinámica cambiaria contenida.
“Todo esto en un año electoral”, remarcó.
El economista considera que el componente fiscal aparece, en principio, como uno de los supuestos con mayor respaldo. En cambio, ve una mayor exigencia en que la inversión gane suficiente velocidad como para sostener la actividad y que no aparezcan tensiones cambiarias o externas que obliguen a modificar la trayectoria prevista.
Una encuesta muestra un cambio en la intención de voto para las elecciones 2027
La cuestión cambiaria también será determinante. El proyecto presupuestario trabaja con un dólar de $1.847 hacia diciembre de 2027, una variación que quedaría por debajo de la inflación proyectada para el período.
Vacalebre interpreta esa combinación como un escenario en el que el tipo de cambio no necesitaría una corrección real significativa durante el próximo año.
En tanto, Marcelo Capello, economista jefe del IERAL, también coincidió en el análisis de que "los supuestos de inflación y tipo de cambio podrían ser realistas en un escenario de año electoral en que no hay ruidos en materia cambiaria, y que la economía sigue con la inercia que trae en 2026. No obstante, esa inercia volvería menos probable que el PIB suba 4% el año que viene, dados los problemas en el nivel de actividad que se están viendo en 2026".
Sin embargo, tomó en consideración que las cosas podrían ser distintas "si en el año electoral la dolarización de carteras resulta muy pronunciada y el BCRA se ve obligado a dejar subir más rápido el tipo de cambio, para no perder reservas, en este escenario la inflación y el tipo de cambio subirían más que lo estipulado en el proyecto de presupuesto para 2027, y el crecimiento del PIB sería bastante menor", estimó.
Inflación y dólar, con menos reparos
También, Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, compartió parte de ese diagnóstico.
“Las proyecciones de inflación y tipo de cambio resultan razonables, aunque observamos un mayor optimismo en la estimación de crecimiento”, explicó a PERFIL.
Según sus cálculos, para terminar 2027 con una inflación del 18% se necesitaría un ritmo promedio cercano al 1,4% mensual.
“No parece un escenario descabellado”, sostuvo Piccardo, quien recordó que la inflación de agosto fue de 1,7% y señaló que podrían aparecer registros menores antes de terminar este año. La Fundación Libertad y Progreso proyecta, no obstante, una inflación algo superior a la oficial, cercana al 21% anual.
La mirada también es relativamente favorable sobre el dólar. Piccardo considera alcanzable el nivel incorporado al Presupuesto, aunque reconoce que las elecciones podrían generar momentos de volatilidad.
Su argumento es que el Gobierno llega con una mayor capacidad de intervención que en episodios anteriores, tanto por la acumulación de reservas como por la reducción de la posición vendida en futuros.
El 4% de crecimiento, el número más discutido
Las diferencias aparecen cuando la mirada pasa a la economía real.
Libertad y Progreso proyecta un crecimiento cercano al 2,5% para 2027, sensiblemente por debajo del 4% presupuestado.
Para Piccardo, un año electoral puede llevar a hogares y empresas a actuar con mayor cautela. Las familias podrían postergar consumos ante la incertidumbre respecto de sus ingresos y poder adquisitivo, mientras que las compañías podrían demorar decisiones de inversión hasta tener mayor claridad sobre la continuidad del programa económico.
Ese razonamiento aparece también en el análisis del economista Martín Polo.
“Los presupuestos nunca van a ser muy negativos porque tratan de ir orientando las expectativas”, explicó el analista. A su entender, la inflación prevista resulta “razonable” y el escenario cambiario no luce especialmente alejado de lo que podría ocurrir. Pero también considera que el crecimiento está sobreestimado.
Polo señala dos problemas: la economía terminaría 2026 creciendo menos de lo que originalmente esperaba el Gobierno y podría dejar un arrastre estadístico limitado para el próximo año. A eso suma la incertidumbre electoral y eventuales factores climáticos que podrían afectar la actividad.
“Un 4% me parece demasiado optimista”, resumió.
El debate no es solamente estadístico. Si la economía crece menos de lo previsto, también cambia la ecuación fiscal.
Con menor actividad, la recaudación podría quedar por debajo de la contemplada en el proyecto, lo que obligaría a compensar esa diferencia por el lado del gasto si el Gobierno pretende mantener inalterada la meta de superávit.
Ese es precisamente uno de los puntos que advierte Polo. Según el economista, después de varios años de ajuste existe menos margen para aplicar recortes sobre partidas que ya tienen mecanismos de actualización o compromisos establecidos.
El contrapunto político alrededor del gasto ya comenzó. Desde el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP), dirigido por el diputado Itai Hagman, cuestionaron la evolución de las partidas presupuestarias y estimaron una caída real acumulada del gasto del 26,7% entre 2023 y 2027. Esa cifra corresponde al análisis del observatorio y forma parte de la lectura opositora del proyecto.
Un Presupuesto condicionado por cuatro variables
Más allá de las diferencias entre pronósticos, entre los analistas consultados aparece una coincidencia: el interrogante central no está en una única variable sino en la posibilidad de que todas se cumplan juntas.
El escenario oficial requiere que la inflación siga bajando, que el dólar mantenga una trayectoria relativamente contenida, que el equilibrio fiscal continúe y, al mismo tiempo, que consumo e inversión ganen suficiente fuerza como para llevar el crecimiento hasta el 4%.
En palabras de Vacalebre, el Presupuesto debe leerse menos como un conjunto de metas inexorables que como los supuestos sobre los cuales el Gobierno calcula cuánto recaudará y cuánto podrá gastar.
Allí estará buena parte de la discusión económica de los próximos meses.
Para los analistas, inflación y dólar no aparecen hoy como los números más difíciles de defender. La lupa está puesta sobre la actividad y, especialmente, sobre la inversión necesaria para que el 4% previsto por el Gobierno deje de ser una proyección y se convierta en crecimiento efectivo.
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