ECONOMIA
Opinin

Un final a puro anuncio, para frenar una crisis que no quería reconocer

La desaceleración del crecimiento primero y, para algunos, el retroceso sobre el final de 2008, caracterizaron al peor año de la economía kirchnerista.

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Si las cotizaciones de las empresas que operan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires son un parámetro confiable, el país "vale" hoy menos de la mitad que hace un año. De más está decir que la actividad es mucho más amplia que los papeles que se compran y venden en el recinto de Sarmiento y 25 de Mayo y que la evolución general no fue tan catastrófica, pero la desaceleración del crecimiento primero y, para algunos, el retroceso sobre el final de 2008, caracterizaron al peor año de la economía kirchnerista.

La designación de Débora Giorgi como ministra de la Producción intentó constituirse en un aporte de aire fresco similar al que se buscó en el inicio de la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner con la de Martín Lousteau en Economía. Pero entre las dos asunciones hubo un marcado deterioro político que dificulta cualquier posibilidad de relanzamiento.
Por lo pronto, hasta el mismo Lousteau se ubica hoy en filas opositoras, al igual que el ex titular de la AFIP, Alberto Abad, desplazado del cargo el 18 de abril por sus diferencias con Ricardo Echegaray, hoy al frente de una ONCCA con un inédito altísimo perfil ganado a la luz de la lucha del Gobierno con la dirigencia agropecuaria.
El 11 de marzo, el Ministerio de Economía emitió la resolución 125, que estableció el esquema de retenciones móviles y, en el plano político, marcó un antes y un después en la relación del Gobierno con la sociedad, la dirigencia empresaria y hasta la del propio Justicialismo.
Más allá de los argumentos a favor y en contra de las retenciones, los números muestran que sigue siendo la soja y sus derivados el sostén de los tres ejes de la política económica del kirchnerismo: el superávit fiscal (el 92 por ciento del saldo primario son retenciones), el comercial (uno de cada cuatro pesos exportados son del complejo sojero) y las reservas del Banco Central (motorizadas por la liquidación de exportadores). La caída en picada de los precios internacionales pone en duda la fortaleza de esos tres pilares para 2009 y los años siguientes.
Tal vez esas dudas hayan impulsado sobre el final del primer año de gestión de CFK a terminar con el régimen de capitalización de jubilaciones y volver, después de catorce años, a un régimen estatal único encarnado en el Sistema Previsional Argentino (SIPA). La concentración de todos los aportes personales y patronales en la ANSES le aportará al Estado un millonario flujo de fondos, necesario ante el recrudecimiento de la crisis financiera internacional y la imposibilidad de fondearse en el mercado de capitales.
De la mano de la voluminosa caja administrada por Amado Boudou, sobre el final del año llegó una serie de anuncios tendientes a favorecer el consumo interno y la producción, a través de créditos, obras públicas, asignaciones para jubilados y trabajadores con salario mínimo, beneficios para el agro y la industria y la eliminación de la denominada "tablita de Machinea".
La seguidilla de anuncios -que hasta el momento no comenzaron a plasmarse en hechos, con la excepción de las mejoras en jubilaciones- tuvo lugar apenas tres meses después de que la presidenta negara en los Estados Unidos la necesidad de un "plan B". Entre el apoyo de los industriales y la oposición de los ruralistas, habrá que esperar a 2009 para saber si las medidas surtieron efecto. O si, por el contrario, no fueron más que anuncios para levantar la imagen del Gobierno.

(*) Agencia DYN