ECONOMIA
alerta oruga

Una plaga de Brasil podría afectar a los cultivos argentinos

La Helicoverpa armigera también llegó a Paraguay. Especialistas reclaman un plan integral público-privado para controlarla.

“No hay que subestimarla”. Provocó pérdicas por US$ 600 millones en el estado de Bahía.
| Cedoc Perfil

La oruga Helicoverpa armigera puede ser un invitado no deseado para los cultivos argentinos en esta campaña. Fue identificado entre las plagas de la soja, maíz y otros cultivos en Brasil, ocasionando millonarias pérdidas por el daños producidos en las últimas campañas. Sólo en el estado de Bahía, se estima que entre las bajas de rendimiento y tratamientos extras se perdieron más de US$ 600 millones en los cultivos de poroto, garbanzo, soja, maíz, algodón y otros.
En la segunda semana de octubre, el organismo paraguayo equivalente al Senasa argentino confirmó la presencia de Helicoverpa armiguera en ese país y advirtió que se trata de una de las plagas más peligrosas para la producción agrícola.
Según Enrique Lobos, de la Facultad de Agronomía y Agro-Industrias de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, “se trata de una oruga muy móvil, voraz y con gran capacidad reproductiva (cada hembra puede poner hasta 1.500 huevos), capaz de sobrevivir en ambientes extremos.
“No hay que subestimarla, y ya la hipótesis de conflicto debe movilizar a las autoridades sanitarias y a todos los sectores productivos para trabajar, advertidos de su peligrosidad”, expresó.
“Solo para ilustrar el potencial de daño de esta especie, cabe mencionar que tiene registrados 180 especies cultivadas y silvestres como hospedantes. Si se añade el marco económico de la producción agrícola nacional, es posible que tengamos un año para no dormirnos, bajo riesgo de vivir una pesadilla en los próximos años”, sostiene Lobos.

Desafío. Para el control de esta plaga, Daniel Igarzábal, especialista en Protección Vegetal, consultor privado, y profesor de Protección Vegetal en la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica de Córdoba considera: “cada nuevo problema es un desafío y una oportunidad. Observando los antecedentes de gran tolerancia a los productos tradicionalmente usados para el control de orugas (piretroides, fosforados, carbamatos) y la falta de susceptibilidad a larvas grandes, hay que replantear estrategias en caso de colonización de esta plaga”, dijo.
“Hay que promover trabajos integrados entre el Gobierno y las entidades privadas, donde intervengan cultivos tolerantes, productos de bajo impacto, promoción del control biológico y el monitoreo permanente como base de la toma de decisiones”, aseveró.
Aunque advirtió que aún falta la confirmación oficial de su presencia en la Argentina, “estamos atentos”, observó.

Historia. Lobos recuerda que en América del Sur, hace unos veinte años, primero en Brasil, luego en Paraguay y finalmente en la Argentina, el “picudo algodonero”, comenzó aquel proceso y hoy se encuentra en la zona núcleo algodonera argentina, destruyendo cosechas, incrementando el número de aplicaciones de insecticidas, y otras derivaciones indeseables para la producción, a pesar de los continuos esfuerzos de los distintos actores del sector y el Senasa. La polilla de la vid, también escribe una historia similar, aunque más reciente.
“Hoy se encuentra en el foco de las autoridades sanitarias nacionales y provinciales a fin de detener su dispersión por la zona cuyana y otras áreas vitícolas de país. El común de estos insectos es que son para nosotros plagas cuarentenarias, es decir que no son nativos de nuestro país y se encuentran bajo control oficial, en la Argentina ejercido por el Senasa. Otro aspecto común, es que cada plaga es propia de un único cultivo y que corresponde a una economía regional”, sostiene el investigador.
En Brasil varios investigadores ya trabajan en la descripción molecular de ésta plaga para evaluar e identificar variaciones interpoblacionales y caracteres potencialmente útiles para diferenciarestas especies con precisión y rapidez, de manera de mejorar su control