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Un personaje especial

Dominga: la Mafalda abuela

La ilustración creada por la diseñadora gráfica Elisabeth Justicia, Dominga, pone en papel la mirada de una mujer mayor con mucho para decir.

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¿Cuánto te marcó tu abuela en la vida? ¿Qué huella dejó en vos esa mujer que parecía saberlo todo, incluso en silencio? Hoy esa voz encuentra un espacio propio. Dominga es el personaje creado por Elisabeth Justicia, diseñadora gráfica, ilustradora e integradora social española, que pone palabras, gestos y pensamiento a una mujer mayor que, pese a los años y a la historia vivida, tiene muchísimo para expresar.

Inspirada en su abuela, la autora construye un universo propio donde conviven la personalidad, los valores y los principios de tantas mujeres de su generación. Pero Dominga no es solo recuerdo: es presente. En sus viñetas habla (a veces sola, a veces con el mundo) sobre la soledad elegida y la no deseada, el miedo, el paso del tiempo, el autocuidado y el edadismo.

Dominga no pide permiso para existir. Toma la palabra e invita a escuchar aquello que muchas veces preferimos no oír.

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Esta abuela también tiene su libro. Con una mirada incisiva y sin apuro, habla de la soledad, de las vejeces y de los roles impuestos, pero también del deseo, la sexualidad, la sororidad y la amistad. A través de sus páginas, nos hace un llamado de atención sobre la falta de empatía que la sociedad muestra hacia las mujeres mayores y, al mismo tiempo, nos recuerda algo esencial: son inspiradoras, valiosas y profundamente necesarias.

Dominga no se queda en el papel. También cobra vida en talleres destinados a personas mayores, con el objetivo de paliar la soledad no deseada y fortalecer el empoderamiento colectivo. De esa experiencia nació incluso una estatua en Soria, España, como parte de la campaña “Dominga no habla sola”, impulsada por la concejala de Igualdad Gloria Gonzalo.

El proyecto creció junto a un grupo de 15 mujeres que trabajaron con Elisabeth Justicia en estos espacios de encuentro y reflexión. Ellas se definen como “la banda de Dominga”: voces diversas, firmes y decididas a que las reivindicaciones de las mujeres mayores ya no queden en silencio.

¿Será la Mafalda de la tercera edad? A Elisabeth Justicia le hacen esa comparación con frecuencia. Incluso una mujer le dijo que Dominga parecía Mafalda, pero ya adulta. La autora reconoce que es bonito que las vean tan iguales, tan cercanas, porque Mafalda habla desde la infancia mirando el mundo; Dominga habla desde la vejez, mirándolo también.

Para Justicia, esa conexión no es casual; ambas representan etapas vitales que, aunque parezcan opuestas, están profundamente unidas: “Entramos por primera vez en cada etapa: estrenamos la infancia, estrenamos la madurez y estrenamos la vejez. Somos igual de nuevas en cada una de ellas. Podemos tener más experiencia, sí, pero seguimos viéndolo todo por primera vez”.

En ese cruce generacional está la clave. Lo que Dominga siente como la soledad o el miedo a quedarse sola no es exclusivo de la vejez. También atraviesa a una persona de 40 o de 20 años. Sus viñetas, entonces, no solo hablan de mujeres mayores: tienden puentes. Acercan generaciones que, en el fondo, comparten las mismas preguntas, los mismos temores y las mismas ganas de entender el mundo.