En pleno corazón de Recoleta, en José Andrés Pacheco de Melo 1900, se alza uno de los edificios más emblemáticos de Buenos Aires: el Palacio Basavilbaso, proyectado en 1923 por el arquitecto Alejandro Virasoro, pionero del Art Déco en la Argentina. Concebido originalmente como residencia para una de las familias más distinguidas de la época, el palacio pronto se transformó en un símbolo de la vida social y cultural porteña.

Con el paso del tiempo, la propiedad pasó a manos del Club Sirio Libanés de Buenos Aires, institución con casi un siglo de historia que ha sido fundamental en la integración de la comunidad sirio-libanesa y en la difusión de su legado cultural en el país. Desde entonces, el edificio se convirtió en un punto de encuentro para la colectividad y para la vida social y diplomática de Buenos Aires, albergando eventos, recepciones y celebraciones que formaron parte de la memoria cultural de la ciudad.

Durante la década del 80 se llevó adelante una profunda restauración edilicia. Se reconstruyeron los salones originales del primer piso basándose en fotografías de época y en el trabajo artesanal de especialistas en yesería y pintura. Se recuperaron los techos ornamentales, las figuras decorativas y se restauraron piezas únicas como la araña de alabastro tallado del salón central y los jarrones laterales. El segundo piso, que originalmente albergaba dormitorios y cocina, fue transformado en un salón de usos múltiples, y se puso en valor la glorieta del tercer piso, que ofrecía vistas privilegiadas de Recoleta.

El edificio fue reconocido por la Asociación Art Nouveau y Art Déco por su valor arquitectónico e histórico, destacando el trabajo de sus restauradores y haciendo honor a su legado.
Hoy, gracias a la colaboración entre el Club Sirio Libanés y los empresarios Pablo Ávila, Juan Andrés Ávila y el chef gastronómico Santiago Chíttaro, el Palacio Basavilbaso vuelve a brillar. La puesta en valor del edificio implicó un minucioso trabajo de restauración que respetó su historia y recuperó su elegancia original, incorporando al mismo tiempo una propuesta contemporánea que lo reintegra a la vida cultural y social de la ciudad.

El palacio, que cuenta con una superficie de más de 1.200 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas, conserva sus mármoles, puertas de hierro, techos ornamentados y un vitral histórico restaurado por artesanos especializados. Hoy, el edificio vuelve a abrir sus puertas con una propuesta integral que combina historia, cultura y gastronomía.

En la planta baja funciona un café–restaurante abierto al público de martes a domingo, de 8 a 20 horas, con una carta que equilibra sencillez y sofisticación. Los pisos superiores ofrecen salones señoriales destinados a eventos sociales, culturales y corporativos, mientras que próximamente se inaugurará “Stud Recoleta”, un bar temático inspirado en el universo ecuestre. La terraza, con enredaderas, esculturas y flores, completará la experiencia, invitando a disfrutar de un entorno de belleza y tradición.

El Palacio Basavilbaso es hoy un emblema de Buenos Aires renovado: un edificio que une pasado y presente, tradición y modernidad, volviendo a brillar como referencia cultural, social y gastronómica de la ciudad.