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ESPECTACULOS / Cirque du Soleil
sábado 25 mayo, 2019

Todos los secretos que se esconden dentro de ‘Ovo’

Los integrantes de la compañía canadiense firman contratos y seguros de vida. Van por el mundo con espectáculos, lidiando con el miedo a los accidentes -hubo varios-. Habla el francés Kilian Mongey.

Analía Melgar

Colorido. El show se presentará del 15 al 30 de junio en el Estadio Bicentenario, dentro de Tecnópolis. Foto: Gza. Tiff

Ovo, espectáculo del Cirque du Soleil, estará la primera semana de junio en Asunción, Paraguay. De allí vendrá a nuestro país: del 15 al 30 de junio brindará funciones en el Estadio Bicentenario, ubicado dentro del complejo Tecnópolis. Las entradas cuestan entre 1.800 y 7.500 pesos. La gira sudamericana, que se extenderá hasta inicios de septiembre, seguirá por Montevideo, Mendoza y Santiago de Chile.

La particularidad de este espectáculo es que no requiere una carpa propia, por lo que el montaje y el desmontaje son más ágiles que en otros shows de la compañía canadiense. Había sido estrenado en 2009 en Canadá, en una inmensa carpa; estuvo de gira seis años y, en 2016, su espacio fue modificado para poder presentarlo en estadios de diferentes partes del mundo.

Entre los artistas que integran la troupe se encuentra Kilian Mongey. Este acróbata nacido en Estados Unidos pero criado desde los 3 años en Francia es especialista en tumbling. Su métier consiste en realizar giros y saltos en el aire, aprovechando el impulso de una larga pasarela cuyas tablas huecas generan el efecto de un trampolín y le permiten hacer piruetas con las que, por fracciones de segundos, queda literalmente cabeza abajo, suspendido en el aire.

Mongey ya es casi un habitué de la Argentina, después de su estadía durante las funciones de Séptimo día, el espectáculo que el Cirque du Soleil dedicó a Soda Stereo, que quedó inscripto en su memoria: “El mejor recuerdo que tengo del espectáculo de Soda Stereo es el de cada una de las veces que hacíamos De música ligera [el número final de diez minutos de duración, con acrobacias de piso a lo largo de la pasarela]. Yo veía al público lleno de emoción y a punto de llorar. Me sentía partícipe de esa emoción y eso me hacía muy feliz”.

Nuestro país tiene un vínculo intenso con el Cirque du Soleil. Séptimo día - No descansaré se había estrenado en 2017 en el Luna Park, estadio que llenó durante 73 funciones; giró por casi toda América, periplo en el que vendió un millón y medio de tickets, y se despidió de manera definitiva en septiembre del año pasado, también en el Luna Park. Sobre la reacción del público, Mongey compara: “En casi toda América del Sur era la misma emoción. En México se dio particularmente bien. Luego, cuando estuvimos en Miami y en Los Angeles, las personas estaban muy emocionadas; quizás no tanto como en el Luna Park, pero de todos modos muy emocionadas, lo que muestra cuán importante era este show para toda la comunidad latina”.

Temáticas argentinas volverán a ser parte del Cirque du Soleil, pues para el 10 de octubre de este año se espera el estreno de Messi 10 en el Parc del Forum, en Barcelona. La compañía promete que será una “experiencia inmersiva [que] cuenta la historia de un joven con la inagotable ambición para superar cualquier obstáculo y llegar a ser el mejor número 10 del mundo”. El relato heroico se complementará con un parque temático que ocupará unos 2.500 m2, el llamado Messi Challenge, donde los que paguen un adicional de 35 euros podrán jugar a cinco desafíos, como ejecutar un tiro libre, en una actividad que se extenderá unos 45 minutos, a elección dentro de las tres horas previas al show. El ganador de la jornada disfrutará de un beneficio extra durante la función circense, cuyas entradas oscilan entre 39 y 175 euros.

Cirque du Soleil, a medida que fue convirtiéndose en la actual megaempresa multinacional –aunque con base en Canadá–, fue desarrollando diversos productos. Tiene espectáculos que giran por el mundo y otros fijos en una ciudad, como Joyà, en el hotel Vidanta de la Riviera Maya, en México. Mongey nunca estuvo fijo ni en la Riviera Maya ni en Las Vegas ni en Nueva York, porque “prefiero estar de gira”, reconoce. Y agrega: “Todavía soy muy joven y estoy muy contento de viajar por todo el mundo, descubrir nuevas culturas y costumbres. Con Soda Stereo me enamoré de la Argentina, y entonces, cuando tuve vacaciones, decidí venir a Buenos Aires para tomarme un mate con amigos”.

Sin embargo, no todo es gozoso en la compañía, fundada en 1984 en Montreal como el sueño de unos artistas callejeros: Guy Laliberté, Gilles Ste-Croix, Daniel Gauthier, y Rachel Vertus. Se han registrado artistas del Cirque du Soleil que han muerto durante una función, como Yann Arnaud en Volta, en Florida (2018); Sarah Guillot-Guyard en Ká, en Las Vegas (2013), o durante un ensayo, como Olexandre Jurov, en Montreal (2009). Al respecto, Kilian aclara y reflexiona: “En la compañía tenemos seguros que nos ayudan en caso de accidente. Pero más importante que eso, para mí, es tomar riesgos en la vida. Son riesgos mesurados. Hace veinte años que hago acrobacia, y los riesgos son medidos. Pero yo creo que, en todos los casos de la vida, hay que correr riesgos. Si no se toman riesgos, es difícil evolucionar, en la vida en general, no solo en la acrobacia. Por ejemplo, en un trabajo en una oficina, si uno no muestra a su jefe que uno es capaz de hacer tal y tal cosa, que uno tiene coraje para hacerlo… Una vez que uno lo hace, tiene más posibilidad de progresar. Yo siempre busco mejorar, y para eso hay que combatir el miedo, incluso el miedo a la muerte. No es algo fácil. Todos los días, antes de salir a la pista siento la adrenalina del escenario, pero es importante mantenerse en foco, concentrado”.

Poner en riesgo la propia vida no se hace solo por amor al arte y a las disciplinas gimnásticas, sino también como contraparte dentro de una propuesta de trabajo. Los contratos de los artistas del Cirque du Soleil tienen una duración establecida que, según cada quien, oscila entre un año y cinco. Kilian brinda más detalles: “Yo tengo firmado mi contrato hasta enero de 2020, o sea, tengo nueve meses más. Luego hay que ver. En general, hay un acuerdo con la compañía de que, si todo va bien, se puede continuar. Lo que ganamos no depende de la cantidad de espectadores. Por el contrario, tenemos un salario fijo por show, y una cantidad de shows por semana, que varía entre siete y diez”.

Insectos y emociones

Ovo tiene, casi como parte de la marca Cirque du Soleil, un gran atractivo visual y sonoro: música en vivo, vestuarios coloridos y exóticos, mucho maquillaje. Además, se suman la plasticidad y la imaginería de la coreógrafa brasileña Deborah Colker. Sus movimientos se aplican a personajes que representan una vaquita de San Antonio –un rol protagónico que se centra en lo actoral-humorístico–, moscas y arañas, entre otros seres. Y hay contorsionismo, equilibro sobre una cuerda floja, escalada... Kilian Mongey completa la presentación: “En la historia de Ovo, una pequeña colonia de insectos se ve perturbada por la llegada de un extranjero. Entonces surge una historia de amor entre el extranjero y una joven de la colonia, que se llama Ladybug. Esto crea lazos, vínculos, y toda la colonia verá cómo hacer para vivir juntos. Es un mensaje muy simple de contar y de comprender. En él, mi personaje es un grillo. Hago un mix entre cama elástica y acrobacias muy altas, que suben a alturas que van entre los 3 y los 6 metros, al impulsarme de una suerte de trampolín”.

¿Deporte o arte? ¿Qué diferencia hay? Mongey ofrece pistas para entender los límites entre uno y el otro: “Cuando se está en una competencia, uno debe hacer la acrobacia en función de su nivel de dificultad. Pero cuando soy artista, una acrobacia que quizás es más difícil resulta menos bella a los ojos del público. Lo que importa es escuchar al público y percibir su reacción y ver qué prefiere: por ejemplo, una acrobacia que va muy alto o una que va muy rápido. Poco importa el nivel de dificultad, sino que la acrobacia haga reaccionar a más personas en el público. En el circo, además, hay muchas coreografías, mucha danza, y se cuenta una historia. Por otra parte, en una competencia no se puede mostrar emociones en el rostro; en cambio, cuando estamos en el escenario, debemos tener una emoción positiva o negativa, dependiendo del personaje, y hacerle sentir emociones al público. Es un aprendizaje duro, pero hermoso”.


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