Una de las preguntas que más escucho en el consultorio es: “¿Qué controles tengo que hacerme?”. Aunque parezca sencilla, la respuesta no consiste en pedir estudios indiscriminadamente. La prevención implica saber cuáles tienen evidencia de beneficio, para quiénes y en qué momento.
Cuando hablamos de cáncer de mama, es importante distinguir entre las personas con riesgo promedio y aquellas cuyos antecedentes personales o familiares pueden aumentar ese riesgo.

La Sociedad Argentina de Mastología recomienda realizar una mamografía a partir de los 40 años en personas asintomáticas y sin antecedentes familiares. La frecuencia de la misma depende de los resultados. Ante antecedentes familiares relevantes o variantes de ciertos genes, la estrategia de seguimiento debe individualizarse.
La mamografía es una herramienta fundamental para detectar lesiones antes de que produzcan síntomas y ha demostrado reducir la mortalidad por cáncer de mama. Pero ningún estudio es perfecto: puede generar falsos positivos, estudios adicionales, biopsias y también detectar tumores que quizás nunca hubieran causado problemas. Por eso, más estudios no siempre significa más salud.
Ahí aparece un concepto especialmente importante: la prevención cuaternaria, que busca evitar intervenciones médicas innecesarias o cuyos posibles daños superen los beneficios. No significa dejar de hacer controles, sino hacer los que tienen sentido para cada persona.
Algo similar ocurre con el autoexamen mamario. La evidencia disponible no demostró que realizarlo sistemáticamente, siguiendo una técnica y una frecuencia determinadas, reduzca la mortalidad por cáncer de mama. Incluso puede aumentar la realización de estudios y biopsias por hallazgos benignos.

Esto no significa desentendernos de nuestras mamas. Conocer nuestro cuerpo permite reconocer cambios nuevos —un bulto, una modificación en la piel o el pezón, una secreción inesperada— y consultar cuando aparecen.
Durante octubre, mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, vale la pena recordar que prevenir no es vivir haciéndonos estudios “por las dudas”. Es conocer nuestros factores de riesgo, acceder a los controles adecuados y consultar ante cambios nuevos.
Dra. Camila Fernández Ratari
Médica Generalista · Sexóloga Clínica
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