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Rosi Foglia: arte, pausa y cerámica en el barrio de Retiro

La artista plástica Rosi Foglia cuenta cómo construyó su lenguaje visual y el proyecto PAUSA Espacio Creativo, donde la cerámica propone otro ritmo.

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Rosi Foglia, artista plástica y creadora de PAUSA Espacio Creativo, construyó su universo visual a partir de una búsqueda personal atravesada por el dibujo, la danza, la cerámica y el cuerpo. Desde muy chica sintió una necesidad constante de dibujar y hacer garabatos sobre cualquier superficie, una pulsión que con el tiempo se transformó en lenguaje, oficio y proyecto artístico.

Su nombre completo es María del Rosario Foglia, aunque en el mundo del arte y las redes se presenta como Rosi Foglia. Su recorrido no nació de una certeza inmediata, sino de un proceso de exploración. Pasó por distintas carreras, experiencias y formas de aprendizaje hasta comprender que aquello que verdaderamente la movilizaba era dibujar y encontrar maneras de exteriorizar lo que llevaba dentro.

Hoy, esa búsqueda toma forma en obras que dialogan con distintos materiales y soportes: papel, bastidor, porcelana, cerámica, textiles e incluso el cuerpo, a través del tatuaje. En cada uno de esos lenguajes aparece una misma intención: trabajar la línea, el gesto, el movimiento y una sensibilidad vinculada a lo femenino.

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El camino de Foglia hacia el arte plástico comenzó con una etapa de observación intensa. Durante mucho tiempo se dedicó a buscar artistas, mirar sus obras e intentar reproducirlas como una forma de entrenamiento y aprendizaje. Ese ejercicio, que en principio parecía una manera de acercarse al mundo artístico, terminó por abrir una puerta hacia la construcción de un lenguaje visual propio.

Con el paso del tiempo, Foglia desarrolló una serie de dibujos que marcaron una etapa clave en su proceso creativo. Luego inició un taller de dibujo con Martín Palottini, donde el grafito se convirtió en una de sus herramientas principales. Ese material, austero y preciso, le permitió profundizar en la línea y en la expresión de lo mínimo.

Su formación también incluyó clínicas de obra junto a artistas como Sergio Bazán, Ernesto Ballesteros y Horacio Zabala, experiencias que ampliaron su mirada sobre la práctica artística, el proceso creativo y la construcción de una obra con identidad.

Pero su universo no se limita a las artes visuales. Rosi Foglia también estudió durante cinco años danza clásica y contemporánea en la Escuela Nacional de Danzas Aída Mastrazzi e integró el programa de danza “Cazadores”, guiado por Inés Armas, Sergio Bazán y Pablo Rotemberg. Esa experiencia terminó de unir dos dimensiones centrales de su obra: el dibujo y el movimiento.

En la actualidad, PAUSA Espacio Creativo es el lugar de trabajo de Rosi y también una extensión de su manera de entender el arte. El espacio nació junto a sus amigas Tamara Brodsky y Malena Lago, con la intención de construir un taller de cerámica que funcionara como algo más que un sitio de producción.

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La propuesta de PAUSA parte de una idea muy concreta: generar un ámbito donde las personas puedan conectar con procesos creativos alejados de la velocidad cotidiana. En tiempos dominados por lo inmediato, lo instantáneo y la exigencia de productividad constante, el trabajo con arcilla aparece como una práctica capaz de devolver presencia, paciencia y sensibilidad.

La cerámica, en este espacio, no funciona solo como técnica: también es una forma de encuentro. La arcilla exige tiempo, atención y escucha del material. Obliga a bajar el ritmo, a aceptar los procesos y a comprender que no todo puede resolverse de manera inmediata. Esa filosofía atraviesa el espíritu de PAUSA Espacio Creativo.

Ubicado en Suipacha 1132, Retiro, el taller propone una experiencia donde el hacer manual se cruza con la búsqueda personal. Allí, la cerámica se presenta como una herramienta expresiva, pero también como una manera de reconectar con el cuerpo y con el presente.

Uno de los rasgos más reconocibles del trabajo de Rosi Foglia es su interés por experimentar con diferentes soportes. Su obra no se encierra en un único formato. Por el contrario, se expande hacia el papel, el bastidor, la porcelana, la cerámica, lo textil y el tatuaje.

Esa amplitud material responde a una búsqueda estética y conceptual muy ligada a lo corporal. En sus piezas aparecen el gesto, el movimiento, la línea y una sensibilidad femenina que funciona como hilo conductor. La artista trabaja desde una zona donde el dibujo no es solo representación, sino también huella, ritmo y presencia.

En ese sentido, su formación en danza no aparece como un dato lateral, sino como una parte fundamental de su identidad artística. El movimiento del cuerpo, la conciencia espacial y la relación entre gesto y forma se integran a su manera de pensar la imagen.

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Su obra parece preguntarse cómo una línea puede contener un impulso, una emoción o una memoria física. Esa pregunta se traslada de un soporte a otro, permitiendo que cada material abra nuevas posibilidades.

El recorrido reciente de Rosi Foglia también incluye colaboraciones y nuevos desafíos de producción. El año pasado realizó una colaboración de jarrones de cerámica pintados a mano para Blue Sheep, una experiencia que le permitió llevar su lenguaje visual al diseño de objetos.

Actualmente, lanzó una propuesta de tapices y mantas textiles junto a DEJAVU tejidos, un proyecto que nació de su deseo de desarrollar piezas textiles de calidad. Esta nueva etapa abre un campo distinto dentro de su obra, donde la textura, la escala y el uso cotidiano del objeto se vuelven parte de la experiencia artística.

En paralelo, la artista se encuentra explorando formatos más grandes dentro de la cerámica y piezas de diseño que implican nuevos desafíos técnicos. Ese crecimiento material también expresa una expansión de su lenguaje: pasar de lo íntimo a lo más monumental, del detalle al volumen, del dibujo al objeto.

A corto plazo, Foglia quiere retomar la pintura en bastidores de gran formato. A futuro, uno de sus grandes deseos es realizar una residencia artística en el exterior, una experiencia que le permitiría profundizar su práctica, entrar en contacto con otros circuitos creativos y seguir ampliando su obra.

En la historia de Rosi Foglia, el arte aparece como una forma de insistencia. Primero fue el dibujo sobre cualquier superficie. Luego, la búsqueda de referentes, el aprendizaje, la danza, el grafito, la cerámica, lo textil y la construcción de un espacio propio.

PAUSA Espacio Creativo sintetiza buena parte de ese recorrido. No solo porque allí trabaja y produce, sino porque el proyecto encarna una manera de mirar el tiempo. En un contexto donde casi todo parece pedir velocidad, el taller propone detenerse, tocar el material, aceptar los procesos y volver a crear desde otro lugar.

El universo de Rosi Foglia se construye justamente ahí: entre la línea y el cuerpo, entre el gesto y la materia, entre el deseo de hacer y la necesidad de pausar. Una obra que no busca responder a la urgencia, sino abrir un espacio sensible para que algo más profundo pueda aparecer.

Redes:

  • Instagram: @rosifoglia
  • PAUSA Espacio Creativo: @pausa_espaciocreativo