INTERNACIONAL
Política exterior

Alberto Fernández debe ensayar una "paciencia estratégica" con Brasil

La participación del vicepresidente Hamilton Mourão en la asunción bajó la tensión con Bolsonaro. La apuesta por una "integración desde abajo".

Alberto Fernandez Mourao 10122019
Alberto Fernandez Mourao | AFP

Cuando visitó en mayo Beijing, el vicepresidente de Brasil, Hamilton Mourão, llegaba con una difícil misión: reencauzar la relación con su principal socio comercial, al que Jair Bolsonaro había acusado en la campaña de “comprar” Brasil y había ofuscado al visitar Taiwan. En aquella oportunidad, el general retirado aseguró que Brasilia consideraba “estratégicos” los lazos con China y les concedía prioridad. Con su participación en la asunción de Alberto Fernández, Mourão parece cumplir un rol similar, buscando preservar la relación bilateral.

Si bien la visita es auspiciosa, no bastará para lograr ese cometido. Argentina no tiene la billetera ni el poder de seducción de China. La recesión de este año pegó en el comercio bilateral: entre enero y noviembre de 2018 las importaciones totalizaron 14.210 millones de dólares y las exportaciones 10 mil millones, mientras que en el mismo período de 2019 bajaron a 9 mil millones y 9.647 millones, respectivamente. Aún así, Brasil es el principal socio comercial de Argentina y Argentina es el tercer mercado para las exportaciones brasileñas, detrás de China y Estados Unidos.

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Sin el poder geopolítico y económico que tiene Xi Jinping, el gobierno de Alberto Fernández debe ser creativo a la hora de preservar el vínculo con Brasil. La Casa Rosada y el Palacio del Planalto tendrán que dejar a un lado sus diferencias y tener una posición en común en algunos de los desafíos que enfrenta la región: la crisis en Venezuela; el acuerdo con la Unión Europea; y la guerra comercial, tecnológica y geopolítica que libran Estados Unidos y China.

Durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, Brasil tuvo una “paciencia estratégica” en su política exterior hacia Argentina, consciente de que la unión hacía la fuerza. Ahora, quien tendrá que ejercitar esa virtud será Fernández, evitando caer en confrontaciones ideológicas con Bolsonaro.

Para preservar la asociación estratégica con Brasil, será clave fomentar una “integración desde abajo”. Sin espacio para una “diplomacia presidencial”, como sucedió desde el retorno democrático durante las presidencias de Alfonsín-Sarney, Menem-Cardoso, Lula-Néstor Kirchner y Dilma Rousseff-Cristina Kirchner, es tiempo para incentivar una “diplomacia ciudadana”, que vincule estrechamente a ambas sociedades.

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Más allá de la sinergia que puedan generar la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), claves en la discusión sobre la baja de aranceles externos del Mercosur que propone Brasilia, y de los intereses compartidos entre la Casa Rosada y los militares brasileños en no participar en una intervención armada en Venezuela, Argentina puede potenciar su “Marca País” en tierras brasileñas, haciendo eje en la educación, el turismo y la ciencia.

La educación puede ser una herramienta al servicio de esa estrategia. No solo multiplicar los intercambios entre universidades de ambos países, sino también atraer estudiantes brasileños a cursar sus estudios universitarios en la Argentina, publicitando la calidad, gratuidad y universalidad del sistema argentino, una clara herramienta de “poder blando” para vincular ambos países.

Eximir el cobro de impuestos a los turistas -brasileños y del Mercosur- sería otra medida innovadora, aumentando la cantidad de visitantes y, por lo tanto, de divisas que ingresan al país, y, al mismo tiempo, dando a conocer su geografía, gastronomía y cultura.

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La ciencia también podría aportar al desarrollo económico y unión de ambos pueblos. Desde la conformación de la Agencia Brasileño Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares en 1986, Argentina y Brasil dieron múltiples pasos de cooperación e intercambio de información sensible, que desactivaron hipótesis de conflicto. En 2018 el Conicet y su contraparte brasileña, el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), superaron los 500 proyectos conjuntos de investigación. El Centro Brasileño-Argentino de Biotecnología (CBAB/CABBIO), el radiotelescopio LLAMA, el Centro Brasileño-Argentino de Nanotecnología (CBAN) y la cooperación espacial son otras de las áreas que podrían robustecerse aún más, para que no quedar rezagados en la Cuarta Revolución Industrial.

Esas políticas no generarán frutos inmediatos, pero aumentarán poco a poco la interdependencia cultural, económica y social. La paciencia debe ser tan estratégica como la relación bilateral.