El clima en Cuba dejó de ser de preocupación para transformarse en una alerta roja, marcada por una incertidumbre que no se vivía hace décadas. Tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, la comunidad internacional en la isla comenzó a moverse con urgencia ante la posibilidad real de que el conflicto escale. Fuentes diplomáticas y empresariales explicaron a medios locales que el temor a una intervención militar de Estados Unidos obligó a desempolvar y actualizar los protocolos de emergencia y salida del país.
El sector privado dio el primer paso concreto ante este escenario de inestabilidad. La multinacional británica Unilever decidió evacuar a las familias de sus trabajadores extranjeros, una medida que expone el nerviosismo de las compañías que operan en la isla. Según indicaron, la decisión busca proteger al personal no solo de un eventual conflicto armado, sino del colapso de servicios básicos que podría generar el bloqueo.

Las embajadas europeas y latinoamericanas también aceleraron sus preparativos. Además, las sedes diplomáticas comenzaron a guardar agua, alimentos y combustible, preparándose para soportar largos períodos de aislamiento o cortes totales de energía producto de la presión externa.
Datos de la consultora Kpler, que fueron consultados por el Financial Times, revelaron una situación crítica: Cuba cuenta con reservas de petróleo para apenas 15 o 20 días. Desde que comenzó el 2026, la llegada del mismo se frenó casi por completo, recibiendo un volumen muy bajo en comparación con el año anterior, lo que deja al sistema eléctrico al borde de la parálisis total.

Esta escasez es consecuencia directa de la estrategia de la Casa Blanca para cortar los suministros. Donald Trump firmó una orden para castigar con aranceles a cualquier país que venda petróleo a la isla, lo que frenó los envíos desde México, que se había convertido en el principal proveedor tras la caída de Venezuela. Aunque la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum defendió sus decisiones, los despachos se suspendieron ante la amenaza de sanciones comerciales.
Mientras Trump aseguró que el gobierno cubano está "a punto de caer", su secretario de Estado, Marco Rubio, lanzó una advertencia directa sugiriendo que los funcionarios en La Habana deberían estar "preocupados". Funcionarios del Departamento de Estado fueron más allá y expresaron su deseo de ver un cambio político este mismo año, elevando la presión al máximo nivel.
El momento más tenso desde la Guerra Fría
Los analistas internacionales coinciden en que la relación bilateral atraviesa su peor momento en décadas. Comparan la situación actual con crisis históricas como la de los Misiles en 1962 o la invasión de Bahía de Cochinos. La combinación de una administración estadounidense dispuesta a todo y la debilidad del gobierno cubano genera una fórmula peligrosa que amenaza la estabilidad de toda la región.
En las calles, la disputa geopolítica se traduce en un “bajón acelerado” de la calidad de vida. La economía atraviesa una recesión profunda, agravada por la falta de turismo y la caída de la producción agrícola. Los apagones son moneda corriente y la población enfrenta la incertidumbre de no saber si el sistema podrá sostenerse sin la entrada constante de combustible que antes garantizaban sus aliados.
Frente a este panorama, el presidente Miguel Díaz-Canel utilizó sus redes sociales para enviar un mensaje de resistencia. El mandatario afirmó que la "brutalidad de las amenazas" no detendrá el rumbo de su gobierno. Sin embargo, los expertos advierten que, sin acceso a energía y aislados internacionalmente, la capacidad de las autoridades para mantener el control enfrenta su desafío más grande hasta la fecha.
TC/DCQ