INTERNACIONAL
ELECCIONES REÑIDAS

Controvertido manifiesto de Palantir que propone un nuevo orden mundial

Con 16 años como gobernante de Hungría, representa el modelo global de los antiliberales. Es conocido como un férreo opositor a la inmigración y a los derechos Lgbtq. Defiende la invasión de Rusia a Ucrania y es respaldado por Donald Trump y parte del arco ultraderechista europeo. El estancamiento económico del país y los hechos de corrupción deterioraron su imagen. Temor de la oposición a un posible fraude electoral.

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Dominio. Los líderes de Palantir, Peter Thiel y Alex Karp. | afp

Palantir Technologies, la empresa de análisis de datos cofundada por el magnate Peter Thiel y dirigida por Alex Karp, dejó de esconderse en las sombras de los contratos gubernamentales secretos para saltar a la arena ideológica. A través de un manifiesto de 22 puntos publicado recientemente, la compañía delinea lo que muchos críticos ya califican como “tecnofascismo”: una visión del mundo donde el software no es solo una herramienta, sino el arma principal para garantizar la supervivencia de Occidente.

El núcleo del manifiesto, basado en la visión de Karp, sostiene que las empresas tecnológicas han disfrutado de los beneficios de la democracia liberal sin devolverle nada a cambio. El texto es tajante al respecto: “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso... la élite de ingenieros tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”.

Esta postura rompe con la neutralidad tradicional (o la resistencia ética) de sectores de Silicon Valley frente a contratos militares. Para Palantir, si un soldado necesita un arma –o un algoritmo de selección de objetivos–, la industria tiene el deber de construirlo sin cuestionamientos.

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El documento marca el fin de la diplomacia tradicional y el inicio de una hegemonía basada en la capacidad de cómputo. Palantir argumenta que el mundo entró en una fase donde la Inteligencia Artificial define quién ostenta el poder real. “La era atómica está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre IA está a punto de comenzar”, señala.

Rearme y “orden”. El manifiesto no se limita a la tecnología; entra de lleno en la geopolítica y la estructura social, con afirmaciones que generaron un fuerte rechazo en sectores progresistas y defensores de los derechos humanos.

El texto ataca lo que denomina “pluralismo hueco”, sugiriendo que la búsqueda de inclusividad debilitó la identidad nacional de Occidente.

En segundo lugar, propone revertir las limitaciones estratégicas impuestas tras la II Guerra Mundial. Según el manifiesto: “La neutralización de posguerra de Alemania y Japón debe ser deshecha”, argumentando que su “pacifismo teatral” amenaza el equilibrio de poder frente a nuevos adversarios.

Por último, reclama una vigilancia total. Defiende que el software debe ser utilizado para combatir el crimen violento y “restaurar el orden” en las ciudades, lo que evoca sistemas de vigilancia predictiva masiva.

Peligro para la democracia. Analistas internacionales advierten que la retórica de Palantir busca normalizar la transferencia de decisiones soberanas –como quién es un “objetivo” o cómo se aplica la ley– a algoritmos opacos controlados por una élite tecnológica.

Al presentar la eficiencia de los datos como la única solución al “caos” de la libertad y el pluralismo, la empresa parece estar diseñando un sistema que, en palabras de sus críticos, “no está pensado para funcionar en democracia a largo plazo”.

El tono de las críticas escaló rápidamente de la preocupación técnica al temor político. Desde líderes de opinión hasta parlamentarios europeos, el consenso entre los detractores es que el documento no es una hoja de ruta corporativa, sino una declaración de principios autoritarios.

Yanis Varoufakis (Economista y exministro griego), reaccionó de forma lapidaria en redes sociales afirmando que “¡Si el mal pudiera tuitear, este sería el contenido!”, en referencia a la propuesta de Palantir de utilizar la IA como herramienta de dominación y castigo.

Mark Coeckelbergh, filósofo de la tecnología, lo calificó de “tecnofascismo”, y sostuvo que el manifiesto busca construir un nuevo “Leviatán”, un monstruo que garantiza seguridad a cambio de la pérdida de libertad y democracia. Palantir, remarca, abraza la “guerra permanente” como un estado ideal para su modelo de negocio.

Cas Mudde, politólogo holandés especialista en extremismo, describió el documento como un llamamiento a un orden internacional bajo un modelo de “fuerte control tecnológico y vigilancia corporativa”, calificándolo también de “tecnofascismo”.

En el Reino Unido, donde Palantir gestiona contratos millonarios con el sistema de salud (NHS), varios parlamentarios expresaron su rechazo absoluto.

Martin Wrigley, diputado Liberal Demócrata, juzgó el manifiesto como “una parodia de una película de RoboCop” o el “perturbador desvarío narcisista de una organización arrogante”.

La diputada Victoria Collins, de la misma corriente, fue más allá al afirmar que el texto parece “los desvaríos de un supervillano de cómic”, subrayando que una empresa con tales motivaciones ideológicas no debería estar cerca de los servicios públicos.