La administración de Donald Trump puso en marcha un nuevo y ambicioso capítulo en su estrategia de seguridad para el hemisferio occidental. Bajo la dirección operativa de su secretario de Estado, Marco Rubio, la Casa Blanca convocó para esta semana en Washington un encuentro de alto nivel con ministros de Relaciones Exteriores e Interior de más de sesenta delegaciones internacionales, con un foco prioritario en los gobiernos aliados de Latinoamérica.
La lista exacta de los asistentes no fue publicada aún, pero apunta tanto a administraciones Latinoamericanas y Europeas. La Argentina ya se apuntó para la cita, y se da por sentado que también lo harán otros gobiernos alineados con la administración de Trump en la región.
El objetivo central de la cumbre es estructurar un frente común para combatir lo que el gobierno estadounidense califica formalmente como el “resurgimiento del terrorismo transnacional de extrema izquierda”.
Esta iniciativa representa una consolidación de la política exterior de Trump hacia la región, un esquema estratégico orientado a blindar las alianzas ideológicas y de seguridad con el sur de la frontera.
De acuerdo con informes y documentos internos revelados por The Washington Post, el encuentro busca coordinar mecanismos legales, de inteligencia y financieros para neutralizar redes que, según la visión del entorno de Trump, “amenazan la estabilidad democrática continental a través de la agitación y la insurgencia ideológica”.
Viraje estratégico de Marco Rubio. Desde su asunción al frente del Departamento de Estado, Marco Rubio ha acelerado las acciones de presión sobre los movimientos de izquierda radical y los regímenes de la región.
El secretario de Estado ha insistido en que organizaciones transnacionales operan bajo el amparo de gobiernos de la región, apuntando de forma directa a Cuba –recientemente catalogada con firmeza por la administración como Patrocinador Oficial del Terrorismo– y a Venezuela.
En semanas previas a esta convocatoria, Rubio había delineado la necesidad de expandir la coalición continental afirmando ante el Congreso que las transiciones políticas hacia el ala conservadora en países de América Latina configuran un escenario propicio para robustecer una arquitectura de defensa.
Esta cita en la capital estadounidense da continuidad a los acuerdos iniciales de la cumbre Escudo de las Américas (Shield of the Americas), celebrada en Florida a principios de este año, donde se habilitaron líneas de cooperación más estrictas contra amenazas complejas.
Grietas y temores burocráticos.
Pese al entusiasmo de la Casa Blanca, la convocatoria no está exenta de profundas fricciones internas. La definición de la agenda generó preocupación entre diplomáticos extranjeros y funcionarios de carrera de los departamentos de Justicia y de Estado en la primera potencia mundial, porque reprenta un fundamentalismo exagerado de la derecha republicana.
Las críticas internas recogidas por el medios estadounidenses advierten que catalogar de manera formal las expresiones y redes de protesta de la extrema izquierda o el antifascismo internacional bajo los mismos estándares legales que el terrorismo tradicional abre una peligrosa “caja de Pandora”.
Fuentes gubernamentales citadas por el Washington Post alertaron que estas prerrogativas extraordinarias en materia antiterrorista podrían terminar utilizándose para perseguir a activistas políticos o movimientos sociales legítimos.
Además, existe el temor burocrático de que esta ampliación semántica siente un precedente que administraciones demócratas futuras puedan instrumentalizar en sentido inverso contra agrupaciones conservadoras locales
Lo cierto es que el encuentro de esta semana en Washington marcará el pulso de las relaciones hemisféricas.
La administración Trump busca que la definición de “terrorismo de extrema izquierda” adquiera un carácter vinculante en los convenios de seguridad, una apuesta de alto voltaje que pondrá a prueba el verdadero alcance de la influencia de Marco Rubio en el tablero internacional y marcará el nivel de cohesión de sus aliados en el continente, en medio de un clima de marcada polarización.