"El centro de gravedad mundial está girando del Atlántico al Indo- Pacífico". La frase del embajador argentino en India, Mariano Caucino, sirve para entender por qué una relación que durante décadas estuvo asociada principalmente al comercio de alimentos empieza a adquirir otra dimensión.
Con un mercado de más de 1.400 millones de personas, India ya es el sexto socio comercial de la Argentina y el intercambio bilateral alcanzó los seis mil millones de dólares, según cifras oficiales. Pero los números son apenas una parte de una relación marcada por la influencia de la cultura del subcontinente al sur de los Himalayas (desde la sabiduría del yoga, la meditación o el arte culinario) y que hoy empieza a incorporar elementos de poder duro (hard power), como la energía, los minerales críticos, inversiones y una agenda política más amplia.
"India es hoy la quinta economía mundial, el país más poblado del mundo y el que exhibe mayor crecimiento entre las grandes potencias. Además, es un socio estratégico de la Argentina", señaló Caucino en diálogo con PERFIL, días después de un intercambio en Nueva Delhi durante un programa auspiciado por la Embajada de la India en la Argentina.
De profesión abogado e historiador, el diplomático argentino se dedica desde hace dos años a apuntalar la relación bilateral en un momento decisivo a nivel local (en ambos países) como internacional. Y la India, en ese sentido, ofrece otra mirada: en un mundo fragmentado y en plena redefinición, el multialineamiento (es decir, no casarse con nadie) es una opción.
De este lado del Océano Atlántico, la Argentina es un destino con una oferta atractiva en términos de alimentos y energía, pero necesitado de divisas y de inversión extranjera. Y del otro, un complementario miembro del G20 que tiene un norte claro: llegar a 2047, cuando se cumplan los cien años de su independencia, como potencia global teniendo como caballito de batalla convertirse en un hub de innovación y tecnología.
Después de nueve días recorriendo India, desde la bulliciosa Delhi hasta la industrial, calurosa y sureña ciudad de Chennai (ubicada frente al Golfo de Bengala), la pregunta deja de ser solamente qué puede venderle la Argentina a la democracia más grande del mundo.
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También se abre el interrogante de qué es lo que puede aprender de un país que crece cerca del 8% anual, que se convirtió en la quinta economía mundial y que busca ocupar un lugar propio en el nuevo orden internacional desde la óptica de la autonomía estratégica, es decir, sin alineamientos automáticos con una potencia u otra (como el caso de la Argentina y Estados Unidos, según la política exterior dictada por el oficialismo libertario).
Según Caucino, el centro de gravedad mundial se trasladó de Occidente al Indo- Pacífico, donde vive el 60% de la población mundial y cuyas economías asiáticas explican cerca del 40% del producto bruto global. En tanto, India no es solamente un mercado enorme sino uno de los países que quieren liderar esa transición desde varios frentes pero con una prioridad: partir de la concepción del Sur Global y crecer "en solidaridad" con otros países emergentes.
Ese cambio se percibe en las calles de la capital, pero también en las conversaciones con empresarios, funcionarios del gobierno de Narendra Modi y diplomáticos. Según reconstruyó este medio, el establishment indio está interesado en alimentos, energía y minerales críticos, desde el litio al uranio, en el marco de la competencia por las telecomunicaciones de la potencia asiática (y nuclear). La Argentina, por su parte, aparece como proveedor que el país necesita y como un destino potencial para inversiones.
“Hoy la Argentina es el primer proveedor de aceites vegetales de la India contribuyendo decisivamente a la seguridad alimentaria del país más poblado del mundo”, afirmó Caucino.

Uno de los ejemplos más claros está en Catamarca, donde la empresa estatal india KABIL avanza con la exploración de cinco bloques de litio. El interés de Nueva Delhi por los minerales críticos ocurre en un momento de competencia internacional por asegurarse recursos estratégicos para la transición energética y las nuevas tecnologías. "Estamos al tanto de esa competencia", indicó por su lado el secretario de Minería de la India ante la consulta de este medio sobre la puja entre Washington y Beijing en Argentina.
Más allá de los commodities, a nivel político India acompañó en los últimos años armando una arquitectura diplomática que evita quedar encerrada en un solo bloque. Su reconocido canciller, S. Jaishankar, suele definir al país como "no occidental, pero no antioccidental", una premisa que también utilizan para definir al grupo que nuclea a los BRICS, que incluye a Rusia e Irán y del que India es socio fundador.

Así, Nueva Delhi teje su noción de autonomía estratégica y mantiene vínculos con Washington, Beijing, Moscú, Europa y el llamado Sur Global, mientras busca mejorar su imagen internacional como "socio confiable y creíble".
Para la Argentina, esa posición tiene relevancia. En un mundo marcado por la competencia entre Estados Unidos y China, India ofrece otro punto de apoyo para una política exterior que busque ampliar mercados y socios sin depender de un único centro de poder. "Asia en general y el Indo-Pacífico en particular se están convirtiendo en el centro de atención de los acontecimientos globales", concluyó el embajador argentino.
Después de recorrer India, esa frase deja de parecer una definición diplomática. Se convierte en una constatación.
Y para la Argentina, el desafío es decidir cuánto quiere mirar hacia ese nuevo centro de gravedad.
cp