INTERNACIONAL
Tensión global

En la ONU, Rusia y China bloquearon la última vía "legal" para abrir el estrecho de Ormuz en plena presión de Trump

En una reunión del Consejo de Seguridad, vetaron la iniciativa de los países del Golfo por ignorar la "agresión" de EE.UU. e Israel. Mientras tanto, iraníes formaron cadenas humanas en centrales eléctricas ante la amenaza de "aniquilación" de Trump, bajo creciente presión interna.

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China y Rusia vetan en el Consejo de Seguridad el uso de las escoltas armadas a buques mercantes en el Estrecho de Ormuz, como solicitaban los países del Golfo. Votación: 11 votos a favor, 2 en contra (China y Rusia), y 2 abstenciones. | X @NoticiasONU

Iraníes formando cadenas humanas alrededor de centrales energéticas, imágenes reproducidas en loop por las principales cadenas de televisión estadounidenses. Canales de televisión en Israel con un contador regresivo en pantalla. Un músico toca un instrumento tradicional persa en una manifestación pacífica. Las escenas, dispersas pero conectadas, condensan el clima de estas horas: una guerra que ya se libra en múltiples planos —militar, simbólico, energético— y un único punto de atención global, el ultimátum lanzado por Donald Trump, que incluyó la amenaza de "eliminar una civilización" si Irán no cede.

Ese reloj encontró al sistema internacional fracturado. A pocas horas del vencimiento, Rusia y China vetaron en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución impulsada por países del Golfo y respaldada por Estados Unidos que buscaba encauzar una respuesta sobre el estrecho de Ormuz, el corredor por donde circula cerca de un quinto del petróleo global.

Los delegados de Vladimir Putin y Xi Jinping, respectivamente, rechazaron la medida por vía doble: cuestionaron que desconocía “el origen de la crisis”, en relación al ataque de Estados Unidos del 28 de febrero, pero también que podría "legitimar" un accionar militar en el paso estratégico, a horas de que se venciera el plazo del presidente estadounidense contra Teherán que puso en vilo al mundo.

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El ultimatum de Trump

El ultimátum de Trump no fue un gesto retórico aislado, sino la culminación de una escalada discursiva y militar que se aceleró en las últimas semanas. En Pascuas, el presidente estadounidense advirtió que, si Teherán no abría el estrecho y cesaba sus acciones, Estados Unidos avanzaría con ataques sobre infraestructura crítica —incluidas centrales energéticas y nodos estratégicos—, en lo que funcionarios internacionales, como el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, ya empezaron a encuadrar como potenciales crímenes de guerra por el impacto previsible sobre población civil y servicios esenciales.

La referencia a la posibilidad de "borrar una civilización", en medio del riesgo en Irán por bombardeos a centrales nucleares, terminó de ubicar el conflicto en un umbral inédito, tanto por su alcance como por la explicitación del objetivo. "Es repugnante. Llevar a cabo tales amenazas equivaldría a cometer los crímenes internacionales más graves", indicó Volker Türk en un comunicado.

En paralelo, el tono del propio Trump generó ruido dentro de Estados Unidos: su mensaje de Pascuas, en el que calificó a la cúpula iraní como "lunáticos", amplificó críticas que cruzaron todo el espectro político y mediático, desde el conductor conservador pro MAGA, Tucker Carlson, hasta la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, que cuestionaron el nivel de escalada verbal en un contexto ya de por sí volátil.

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Canales de televisión en Israel reflejaron el ultimátum de Trump.

La votación por Ormuz en el Consejo de Seguridad de la ONU

El dato no es sólo la votación —11 votos a favor, dos en contra, dos abstenciones— sino lo que revela: no existe un consenso mínimo que permita ordenar la crisis desde el multilateralismo, como tampoco ocurrió con el ataque del 28 de febrero en medio de las negociaciones entre Washington y Teherán.

El texto que llegó al recinto ya había sido recortado tras semanas de negociación. La referencia explícita al uso de la fuerza había sido eliminada. Aun así, Moscú y Beijin consideraron que mantenía una "lógica de legitimación indirecta" de futuras operaciones militares consideradas ilegales por la normativa internacional.

En su explicación de voto, el embajador ruso advirtió que el proyecto "abundaba en elementos desequilibrados" y omitía lo que definió como causa raíz del conflicto: los ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. China, en la misma línea, sostuvo que el texto no capturaba de manera integral el origen de la crisis y que podía ofrecer una "apariencia de legitimidad" a acciones militares no autorizadas.

Desde Teherán, la lectura fue aún más explícita. La misión iraní ante la ONU agradeció públicamente el veto y sostuvo que evitó que el Consejo de Seguridad fuera utilizado para "legitimar la agresión estadounidense bajo el pretexto de la libertad de navegación".

Irán amenaza con una respuesta "multiplicada" y el corte total de energía ante el ultimátum de Trump

El punto es central porque el borrador no se limitaba a la cuestión marítima. En su versión final, "alentaba" la coordinación de esfuerzos defensivos —incluidas escoltas a buques comerciales— y exigía a Irán el cese de ataques a infraestructura y la no interferencia en el tránsito. Para los países del Golfo, que promovieron la iniciativa, era un intento de internacionalizar la presión sobre Teherán. Para Rusia y China, un precedente peligroso en términos de derecho internacional y equilibrio estratégico.

El veto no cerró la discusión sino que la desplazó. Washington dejó claro que la ausencia de resolución multilateral no condiciona el margen de acción anunciado por Trump. "No restringe a Estados Unidos de actuar en defensa propia y colectiva”, afirmó su representante tras la votación. En otras palabras, el escenario que se buscaba canalizar dentro de la ONU —una posible intervención para garantizar la navegación— queda ahora fuera de ese marco.

Del otro lado, los países del Golfo advirtieron sobre el efecto político del fracaso. El canciller de Bahréin habló de una "señal equivocada" al mundo: la de que una vía marítima estratégica puede quedar bloqueada sin una respuesta coordinada de la comunidad internacional.

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La legisladora demócrata, Alexandria Ocasio Cortez, encabezó las críticas a Trump en X.

La guerra en Medio Oriente según la ONU

El trasfondo es una guerra que ya alteró el equilibrio regional. Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron los bombardeos sobre Irán en plenas negociaciones en Ginebra, la dinámica escaló rápidamente. Teherán respondió con ataques a infraestructura en países del Golfo que albergan activos estadounidenses y con el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, transformando un conflicto militar regional en una crisis energética global.

En tanto, ese movimiento, una carta que Irán había evitado utilizar en la guerra de los doce días con Israel de 2025, redefine las narrativas en disputa. Para Washington y sus aliados, Irán es responsable de una amenaza sistémica sobre el comercio mundial. Para Teherán, se trata de una respuesta proporcional en el marco de una agresión inicial. La fractura en el Consejo de Seguridad refleja, en última instancia, esa disputa de legitimidades.

Cruces en la Casa Blanca: ¿podría Donald Trump usar armas nucleares contra Irán?

En paralelo, crecen las alertas desde el sistema de Naciones Unidas. El Alto Comisionado para los Derechos Humanos calificó de “repugnante” la escalada retórica, en alusión directa a las amenazas de aniquilación, y advirtió que su eventual concreción implicaría "los crímenes internacionales más graves". El secretario general António Guterres volvió a insistir en la obligación de respetar el derecho internacional humanitario, en particular la prohibición de atacar infraestructura civil, incluidas instalaciones energéticas, incluso cuando puedan tener valor militar si el daño a la población resulta desproporcionado.

Ese límite ya está siendo puesto a prueba. Los bombardeos cruzados sobre redes eléctricas, instalaciones petroleras y nodos logísticos se multiplican, mientras crece la preocupación por la planta nuclear de Bushehr, en Irán. Un impacto sobre esa instalación no sólo tendría consecuencias militares, sino el potencial de desencadenar una crisis radiológica de alcance regional.