INTERNACIONAL
Entre funerales y ultimátums

Trump despidió a militares caídos y prometió destruir la infraestructura civil de Irán

El presidente de Estados Unidos recibió los restos de cuatro soldados en la base de Dover, mientras la guerra ya suma 18 bajas norteamericanas. Al mismo tiempo, lanzó una dura advertencia por la crisis en el estrecho de Ormuz, donde producto del bloqueo el petróleo supera los 94 dólares.

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Donald Trump llevó la guerra con Irán a un nuevo punto de no retorno. Mientras se trasladaba a la base militar de Dover para recibir los ataúdes de cuatro soldados estadounidenses caídos en combate, el presidente lanzó uno de sus ultimátums más feroces desde que estalló el conflicto: prometió hacer volar por los aires puentes y centrales eléctricas civiles iraníes por cada ataque que el régimen islámico lance contra los buques mercantes. Una postal extrema que resume el caos en Medio Oriente tras el colapso del alto el fuego a principios de julio.

La ceremonia en Delaware mostró la cara más dura de una guerra que ya dejó 18 militares estadounidenses muertos desde fin de febrero. Frente al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y a la cúpula del Ejército, Trump recibió los restos de los cuatro caídos: el primer teniente Tyler James Feehan, el sargento Michael Emmanuel Swinton, la sargento Angel S. Rampersad y la soldado Isabella Gonzales. Antes de viajar a la base, el mandatario marcó que enfrentar estos funerales es el trago más amargo de su gestión, pero justificó la ofensiva sin dudarlo: "No podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear".

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Lejos de bajar la tensión, la Casa Blanca redobló el castigo y ya lleva más de once noches seguidas bombardeando territorio iraní. A través de su red social Truth Social, Trump advirtió que ahora dejarán de apuntar solo a bases militares. "Cada vez que la República Islámica dispare contra un barco, Estados Unidos va a bombardear y destruir un puente o una planta de energía", escribió, tachando cualquier chance de salida diplomática.

El foco real de esta pelea está en el estrecho de Ormuz, un paso clave por donde se mueve la quinta parte del petróleo y el gas mundial. Desde Filipinas, el secretario de Estado, Marco Rubio, explicó por qué Washington no va a ceder ante el bloqueo de Teherán. El funcionario señaló que si dejan que un país cobre peajes internacionales bajo amenaza de hundir barcos, se creará un precedente peligrosísimo que el resto del mundo va a copiar rápido.

Además, los ataques contra los barcos mercantes no son solo iraníes: el caos crece con los misiles de los rebeldes hutíes desde Yemen contra los petroleros en el mar Rojo. Frente a este panorama de rutas cortadas, Trump afirmó que no tiene ningún interés en sentarse a negociar y dijo que el próximo blanco de Estados Unidos podría estar muy cerca de los centros donde Irán enriquece uranio.

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Petróleo por las nubes y presión interna

El ruido de las bombas pegó de lleno en los mercados financieros. Con el estrecho trabado, el barril de crudo Brent saltó los 94 dólares y encendió las alarmas por un nuevo shock energético. Este salto internacional golpea directo en el surtidor de Estados Unidos, donde la nafta no para de subir justo en el peor momento político para el oficialismo.

Con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, la Casa Blanca corre contra reloj. La suba del combustible y el desgaste de una guerra larga desataron una serie de críticas cruzadas en el Capitolio. Demócratas y republicanos ya cuestionan abiertamente la estrategia de una gestión que lleva gastados más de 37.500 millones de dólares sin poder frenar a Irán.

Todo este escenario es la resaca de un pacto de paz que duró muy poco: firmado entre Washington y Teherán, el acuerdo colapsó el 8 de julio y devolvió la región al fuego. Hoy, presionado por los votos, la plata que se escurre en armas y la llegada de nuevos ataúdes al país, el Gobierno estadounidense se la juega a pura fuerza bruta para intentar quebrar a un régimen que sigue complicando la economía global.

TC/MSS