INTERNACIONAL
El propio presidente sostuvo que podría no presentarse

Hay incertidumbre sobre la candidatura de Lula para la reelección en Brasil

Hay pleno empleo y salarios más jugosos. Sin embargo, hay una situación, si se quiere nueva en sus gestiones, que le juega en contra: es el tremendo endeudamiento de las familias, sea vía tarjeta de crédito o de préstamos personales, cuyas cuotas ya no pueden pagar.

Lula Da Silva 02042026
Lula Da Silva | AFP

A principios de esta semana, una declaración difusa del presidente de Brasil Lula da Silva dejó flotando en el ambiente la posibilidad de abandonar la disputa por su reelección. Él mismo lo sugirió cuando faltan tres meses para que su agrupación política, el PT, decida en una convención quién será el candidato presidencial. Hasta ahora, ningún dirigente partidario ha esbozado dudas sobre que el papel clave del mandatario para garantizar un triunfo frente al postulante de la extrema derecha, el senador Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Hay reconocimiento explícito del indiscutible liderazgo político y social del actual jefe de Estado.

Pero el asunto no surgió por casualidad. Hay quienes dentro del establishment – banqueros, empresarios y políticos – comenzaron a ventilar la eventualidad de un reemplazo del presidente de 80 años, por el ex ministro de Economía Fernando Haddad. Desde luego, el ahora exfuncionario negó enfáticamente es posibilidad: él ya comprometió su postulación al cargo de gobernador del estado de San Pablo. A su vez, Lula indicó que está dispuesto a defender, en la Convención del PT del 20 de julio, “la necesidad de reconstruir una alianza política fuerte que impida el regreso del fascismo. Ese es el papel que yo debo y quiero jugar”. Y añadió: “Desde luego, tengo ventajas, y la más importante es mi acumulación de experiencia. No hay ningún político que pueda compararse conmigo en esa cuestión”.

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Hay factores que no son definitorios pero crean alguna incerteza, y que muestran el desafío de Lula en esta oportunidad: los datos de algunas encuestas. Una de las últimas, de la consultora Medio/Idea, reveló que en la segunda vuelta habría un empate del líder brasileño con el postulante derechista, pero con una muy pequeña diferencia, de 0,3%, a favor del senador Bolsonaro. Para retomar la preminencia en este proceso electoral en ciernes, Lula trazó una línea estratégica inicial: plantea desplegar durante la campaña los éxitos de su tercera gestión, frente a los resultados del gobierno de su antecesor, entre 2019 y 2022.

Las divergencias son significativas, especialmente en lo que concierne a las políticas de salud, educación y vivienda, dedicadas por el presidente a los sectores más postergados. Como él mismo mencionó, Brasil logró una vez más salir del Mapa de la Pobreza de las Naciones Unidas. Hay pleno empleo y salarios más jugosos. Sin embargo, hay una situación, si se quiere nueva en sus gestiones, que le juega en contra: es el tremendo endeudamiento de las familias, sea vía tarjeta de crédito o de préstamos personales, cuyas cuotas ya no pueden pagar. La “culpa” recae claramente sobre el Banco Central de Brasil, un organismo independiente con capacidad para trazar los ejes fundamentales de la economía nacional. Es decir, de las muy elevadas tasas de interés a las que ahora se añade el impacto de un conflicto que ocurre a miles de kilómetros de distancia de Sudamérica: la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. La explosión de los precios de los combustibles juega un rol central en la caída de las economías del mundo; inclusive, en países que como Brasil se ven favorecidos en algunos aspectos, como el excedente de divisas que generan las exportaciones petroleras.

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Los dirigentes del PT, una organización convertida a la socialdemocracia, ponen el foco de las culpas en el titular del Banco Central, Gabriel Galípolo, un exbanquero elevado a la presidencia del BCB por indicación del propio Lula. Ocurre que, como todo exfinancista, su tendencia es beneficiar las élites bancarias y bursátiles. Y así, ha decido mantener en niveles muy elevados el tipo de interés anual (la tasa Selic), que pasó de 15 a 14,75%.

Daniel Silva, un experto de la consultora JPG, declaró que “hay una visión adversa del mercado sobre el desarrollo de la guerra de Medio Oriente; por eso, entendemos que en Brasil no se puede flexibilizar la política de tasa de interés”. Levanta, como argumento central para mantener la “dureza” económica, una expectativa de inflación de 5,5% anual y le suma un riesgo de devaluación del real. Sobre este asunto, en particular, el proceso es inverso: el dólar pierde valor estos días frente a la moneda brasileña.

No es el único experto en describir ese escenario. Maurício Une, economista jefe del Rabobank Brasil, sostiene que esta confrontación en Asia Occidental “no tendrá una solución rápida como esperan alguno participantes del mercado, por cuenta del plan de suspender los ataques temporalmente”. Con todo, su visión es más “light” que la de Galípolo: juzga que la tasa Selic puede ser reducida a 12,5% anual, lo que daría un alivio a consumidores y empresas industriales y del campo.

DCQ