Casi sin sacarse ventaja en las encuestas, la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez cerraron este jueves sus campañas para el reñido balotaje presidencial del domingo en Perú.
Los sondeos finales dejaron alguna ventaja, mínima, para la hija del expresidente Alberto Fujimori, pero esos dos o tres puntos se consideraban dentro del margen de error de las encuestas, por lo que Perú irá a las urnas este domingo en medio de una incertidumbre absoluta sobre el resultado de balotaje.
Para Keiko Fujimori será su cuarto intento por llegar a la presidencia, y pidió en un acto masivo que la "acompañen para evitar el retroceso y el caos que representaría un triunfo de la izquierda al poder".

"¡Queremos un gobierno que nos traiga paz, que recupere el orden! Queremos un gobierno confiable (...) No los voy a defraudar", dijo Fujimori, de 51 años, repitiendo la frase que en la Argentina repetía en su campaña el expresidente Carlos Menem.
La agencia AFP habló con algunos ciudadanos en la vigilia del comicio, y así Mérida Delgado, de 65 años, expresó su temor por una victoria de la izquierda que, según ella, pueda llevar a Perú por el camino que siguieron Venezuela o Cuba: "No podemos dejarlos ganar con el comunismo y el terrorismo".
Sánchez: "Vamos a terminar con la señora mafiosa"
En tanto, entre fuegos artificiales y música andina, el psicólogo, legislador y exministro Roberto Sánchez, 57 años, prometió que su victoria de este domingo "será el fin del caos y el fin de la 'señora mafiosa'", en obvia alusión de Fujimori.
"Vamos a terminar con los asesinatos, la corrupción, la impunidad", afirmó Sanchez, rodeado por miles de seguidores.
"¡Abajo la señora mafiosa, Abajo el fujimorismo!", gritó en varias ocasiones Sánchez, quien, como hizo en toda la campaña, llevaba el sombrero campesino que le regaló el expresidente Pedro Castillo, preso por un fallido autogolpe de Estado.

"Todos estos años han sido caóticos, pero este domingo será la cuarta derrota de Keiko", señaló dijo a la AFP Cristina Sotomayor, administradora de 63 años, quien declaró: "He vivido la época de Fujimori como presidente, que fue de corrupción total".
A pocos días de la votación, el último sondeo de hace cinco días sitúa a ambos candidatos cabeza a cabeza, con una quinta parte del electorado indeciso, cansado de la turbulencia política vivida, con ocho presidentes en una década.
Una primera vuelta plagada de fallos técnicos y denuncias de fraude, con una treintena de candidatos, reflejó la frustración generalizada con la clase política peruana. Fujimori y Sánchez, juntos, no llegaron ni al 30% de votos.

La violencia, un factor clave en la elección
Sánchez se presenta como la voz de los electores pobres y de las áreas rurales, al prometer un "cambio radical" y acusar a las élites y al Parlamento de ser responsables de la inestabilidad y la violencia.
Los seguidores de Keiko recuerdan que su padre derrotó a las guerrillas que desangraron al país en los años 1980 y 1990, y estabilizó la economía, mientras que sus detractores recuerdan su condena por corrupción y violaciones de los derechos humanos.
"Nosotros representamos progreso, ellos retroceso", aseguró Fujimori, a quien los peruanos dicen "la china" por sus ojos rasgados.
Keiko promete una política de firmeza frente a la inseguridad en un país que registró un aumento del 20% en las denuncias de extorsiones en 2025 respecto del año anterior.
A pesar de la inestabilidad política, la economía peruana se mantiene estable. El próximo presidente tendrá que lidiar con un Congreso dividido y una profunda desconfianza pública hacia el gobierno.
Alrededor de 27 millones de peruanos están llamados a sufragar en la segunda vuelta en un país donde el voto es obligatorio.
HB